
La embarcación, equipada con dos motores y 20 garrafas de gasolina, embistió a la patrullera cuando los agentes trataban de interceptarla en aguas de Águilas
Cabo Cope, en el término municipal de Águilas (Murcia), es una de ellas.
La Guardia Civil detectó en alta mar cerca de Cabo Cope, en el término municipal de Águilas (Murcia), una embarcación rápida equipada con dos motores y cargada con 20 garrafas de gasolina, una configuración compatible con las embarcaciones utilizadas por las organizaciones que operan en el tráfico irregular de personas y en el suministro de combustible a otras embarcaciones.
Los agentes iniciaron la persecución para proceder a su interceptación. Lo que podía haber terminado en una actuación policial más dentro de la vigilancia permanente del litoral murciano se convirtió, sin embargo, en una situación de especial peligro cuando la embarcación trató de evitar la acción policial y embistió a la patrullera de la Guardia Civil. El impacto provocó heridas a tres guardias civiles.
Uno de los agentes sufrió una herida en una pierna que precisó cinco puntos de sutura, mientras que otros dos efectivos, entre ellos el capitán que se encontraba al frente de la tripulación, sufrieron lesiones cervicales como consecuencia de la colisión.
A pesar del riesgo y de las lesiones sufridas durante la intervención, la operación continuó hasta conseguir que la embarcación fuera interceptada. Los dos ocupantes y presuntos patrones de la lancha fueron detenidos, culminando una actuación en la que participaron diferentes medios de la Guardia Civil por tierra, mar y aire.
La embarcación transportaba las veinte garrafas de gasolina que, según la información difundida por la Delegación del Gobierno, estarían relacionadas con actividades vinculadas al traslado irregular de inmigrantes hacia las costas de la Región de Murcia.
La investigación y las diligencias determinarán ahora las responsabilidades que correspondan por los hechos ocurridos durante la intervención.
Uno de los aspectos que merece ser destacado es precisamente la coordinación entre las distintas unidades de la Guardia Civil. La vigilancia del litoral no depende exclusivamente de una patrullera que navega frente a la costa. Detrás de una intervención de estas características existe un trabajo previo de seguimiento, vigilancia y coordinación que permite detectar las embarcaciones sospechosas y movilizar los recursos necesarios para intentar interceptarlas.
En este caso, el dispositivo desplegado combinó medios marítimos, aéreos y terrestres, una coordinación que permitió finalmente localizar, perseguir e interceptar la embarcación. El propio delegado del Gobierno en la Región de Murcia ha puesto de relieve el trabajo de seguimiento desarrollado sobre las organizaciones dedicadas a estas actividades y la coordinación de las unidades participantes.
Y es precisamente ahí donde muchas veces se encuentra la parte menos visible del trabajo de la Guardia Civil.
Antes de que una patrullera salga al encuentro de una embarcación, hay información, vigilancia, preparación y coordinación. Y cuando llega el momento de intervenir, son los agentes quienes tienen que afrontar directamente el riesgo.
El episodio de Cabo Cope vuelve a poner de manifiesto una realidad que no siempre ocupa el espacio que merece: los guardias civiles puedeb resultar heridos mientras protegen nuestras costas y combaten las actividades de las organizaciones criminales.
Tres agentes terminaron lesionados durante una intervención que tenía como objetivo impedir que una embarcación vinculada presuntamente a estas redes pudiera continuar su actividad. Uno de ellos necesitó puntos de sutura. Otros dos sufrieron lesiones cervicales. Y, pese a ello, la actuación culminó con los dos patrones detenidos.
Cuando una embarcación decide embestir deliberadamente una patrullera de la Guardia Civil para tratar de escapar, el riesgo deja de ser una posibilidad abstracta. El peligro pasa directamente al agente que está al otro lado. Y ese agente tiene que reaccionar en segundos.
Por eso, detrás de cada detención, de cada interceptación y de cada operación contra el narcotráfico o las redes de tráfico de personas, conviene recordar que existe una Guardia Civil que se juega mucho más que un expediente o una estadística. Se juega su propia integridad.
La vigilancia del litoral no se detiene
La actuación de Águilas se suma además a otra intervención desarrollada el lunes 31 de agosto en aguas próximas a Cartagena, donde agentes del Servicio Marítimo Provincial interceptaron otra embarcación a unas 12 millas al sureste de Monte Cenizas y detuvieron a otras dos personas. Con ambas operaciones son ya cuatro los detenidos en actuaciones desarrolladas esta semana en aguas de la Región de Murcia.
El litoral murciano se ha convertido en uno de los escenarios donde la Guardia Civil mantiene una vigilancia constante frente a las organizaciones que utilizan el mar para sus actividades ilícitas.
Una vigilancia que no es una cuestión teórica, si no que supone presencia, prevención y en último lugar la persecución del delito y de los delincuentes. Y, cuando llega el momento de actuar, también es riesgo personal para quienes llevan el uniforme.
Los dos patrones fueron detenidos. La embarcación fue interceptada. La gasolina quedó fuera de circulación. Pero el balance deja también otra cifra que no debería pasar inadvertida: tres guardias civiles heridos mientras cumplían con su deber.
Desde Tribuna Benemérita queremos trasladar nuestro reconocimiento a los agentes heridos y, por extensión, a todos los integrantes de la Guardia Civil que participan cada día en la vigilancia de nuestras costas y en la lucha contra las organizaciones criminales.
Porque detrás de cada uniforme hay una persona. Y detrás de cada intervención, muchas veces, hay un guardia civil dispuesto a asumir el riesgo para que otros puedan vivir con mayor seguridad.










































































