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El 12 de julio de 1880 descargó una gran tormenta sobre la localidad soriana de Santa María de las Huertas que provocó a los pocos instantes la inundación de gran parte de la población, alcanzando las aguas una altura de más de cuatro metros.

En las labores de rescate y auxilio participaron de forma destacada los guardias civiles de la zona, quienes, con riesgo para su propia vida, salvaron a varias personas adultas y menores que fueron arrastradas por la fuerza del agua. Entre las actuaciones, cabe citar la del cabo Fabián Moreno Ruiz, que logró poner a salvo a una mujer ciega y dos niñas que se hallaban en una casa aislada y azotada por los torrentes de agua, viéndose obligado a permanecer en un árbol hasta que descendió el nivel del agua.
La abnegación y espíritu de sacrificio demostrados por los componentes del Cuerpo en el auxilio prestado recibieron las gracias por parte de las Autoridades superiores, hallándose propuesto al Cuerpo de la Guardia Civil para obtener la Cruz de Beneficencia. Gracias a servicios humanitarios como éste se ganó la Guardia Civil el sobrenombre de “Benemérita”. Así, el 4 de octubre de 1929 se otorgó al Cuerpo de la Guardia Civil la Gran Cruz de la Orden de la Beneficencia con distintivo negro y blanco, a razón de los innumerables actos y servicios abnegados, humanitarios y heroicos realizados con el motivo de incendios, inundaciones y salvamento de náufragos.
Fruto de esa larga tradición, el actual Código de Conducta del personal de la Guardia Civil exige a sus miembros prestar auxilio con los medios a su alcance a todo aquel que lo necesite, se encuentren o no de servicio, con especial atención a las personas y colectivos más vulnerables.