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Desde la perspectiva de la Teoría del Caos, los sistemas desordenados tienden hacia la entropía, la tendencia natural hacia el desorden, el caos y la degradación de la sociedad. Un pequeño aleteo, en apariencia insignificante, puede desencadenar consecuencias de enorme magnitud. En la lucha contra el narcotráfico en España, ese aleteo frágil e inestable es hoy la Guardia Civil.

El pasado fin de semana, dos agentes del Servicio Marítimo de la Guardia Civil —el capitán Jerónimo Jiménez y el guardia civil Germán Pérez— perdieron la vida frente a las costas de Huelva, a unas 80 millas de la orilla. Otros dos compañeros resultaron gravemente heridos. No se trató de un accidente fortuito, sino del resultado previsible de una maniobra deliberada y suicida por parte de los tripulantes de una narcolancha, que pretendían precisamente lo que consiguieron, la muerte de los dos servidores públicos.

Las tácticas de los narcotraficantes han dado un salto cualitativo. Ya no se limitan a huir a gran velocidad. Emplean embarcaciones de fibra de alta potencia, extremadamente rápidas y maniobrables —capaces de superar los 100 km/h—, con las que ejecutan quiebros bruscos, serpenteos y virajes calculados para generar olas y pantocazos (golpes secos y fuertes del casco de las embarcaciones contra el agua) y así desestabilizar a las patrulleras oficiales que les persiguen.

Conocen las consecuencias, provocar el accidente se ha convertido en una estrategia consciente y recurrente para neutralizar a las fuerzas del orden y escapar, es un acto de terrorismo en el mar.

Esta no es ya mera evasión, sino confrontación indirecta. Los narcos perciben que el Estado no responde con la contundencia necesaria: ni en medios materiales, ni en respaldo jurídico, ni en firmeza legislativa. Han perdido el miedo a las consecuencias, porque los agentes carecen de protocolos de uso de la fuerza o estos hablan de evitar el contacto, mientras los delincuentes lo buscan para enviar a nuestros guardias civiles al fondo del mar de forma consciente y deliberada. El Principio de Autoridad se ha erosionado gravemente.

Los agentes del Servicio Marítimo operan en clara desventaja: dotaciones mínimas, embarcaciones que, aunque modernas, no siempre igualan la maniobrabilidad de las planeadoras delictivas, en ocasiones se enfrentan con lanchas neumáticas a embarcaciones de fibra, ausencia de medios disuasorios no letales suficientes para evitar la embestida y de protocolos de actuación que los protejan, y por último necesitan protección jurídica y política manifiestamente mejor. A esto se suma la crónica falta de efectivos y el desgaste acumulado de los que siguen en la brecha tras años de una amenaza que no ha dejado de crecer.

Lo ocurrido en Huelva no es un hecho aislado, no es un accidente, es un atentado, es la consecuencia lógica de una desatención prolongada del problema. Lo que comenzó como un problema de narcotráfico se está transformando en algo parecido a un terrorismo marítimo selectivo contra las fuerzas de seguridad del Estado.

Por otro lado el minimizar la tragedia es agravar el problema. Resulta especialmente grave y revelador el modo en que algunos representantes políticos han abordado el suceso. El ministro del Interior lo calificó como un “lamentable accidente” entre las embarcaciones oficiales, y apenas 24 horas después, la candidata a la Presidencia de la Junta de Andalucía, María Jesús Montero, enmarcó las muertes como “accidentes laborales”.

Reducir a categoría de siniestro laboral la muerte de dos guardias civiles, en acto de servicio, provocada por una acción deliberada de narcotraficantes no es solo un error conceptual, es una falta de respeto hacia los fallecidos, sus familias y los guardias civiles que arriesgan su vida diariamente. Equivale a negar la naturaleza real del enfrentamiento y a enviar un mensaje de debilidad institucional que solo alienta a los criminales.

Es hora de elegir. La Guardia Civil es hoy esa mariposa herida que aún sigue aleteando, pero con fuerzas cada vez más mermadas. Si no se actúa con decisión —endureciendo las leyes, dotando de medios adecuados, reconociendo la profesión de riesgo, estableciendo protocolos acordes a la amenaza real y protegiendo jurídicamente a quienes combaten esta lacra—, el desorden actual terminará inevitablemente en el caos.

No hay término medio, o se respalda de verdad a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, devolviéndoles el Principio de Autoridad y los instrumentos necesarios, o se asume el coste de ceder el control de nuestras costas —y con él, parte de nuestra seguridad y libertad— a organizaciones criminales cada vez más poderosas y audaces.

El Efecto Mariposa ya está en marcha, el aleteo se debilita, y si no recuperamos el Principio de Autoridad para nuestros agentes, el caos está más cerca.

Antonio Mancera Cárdenas
Guardia Civil retirado por accidente en acto de servicio