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Sr. Subdelegado del Gobierno de España en Burgos, Excelentísimo General Jefe de la División San Marcial, Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades Civiles y Militares, Señores Oficiales, Suboficiales, Cabos y Guardias Civiles. Estimados Familiares y Amigos. Señoras y Señores:

El 13 de Mayo de 1844 se aprobó por Real Decreto presentado por el Presidente del Gobierno y Ministro de la Guerra, D. Ramón María Narváez, la creación de la Guardia Civil. El nacimiento de aquel nuevo Cuerpo obedecía a la urgente necesidad de atajar la enorme inseguridad existente en aquella época, en toda España. Las sucesivas guerras acaecidas en la primera mitad de siglo, como la guerra de la Independencia, o la primera guerra Carlista, favorecieron que muchas personas una vez finalizadas las contiendas, se dedicasen al pillaje y al bandolerismo, haciendo los caminos peligrosos, y generando un desorden y caos generalizado.

Hasta 1844 la seguridad pública en España era de lo más diversa y estaba asignada a numerosas instituciones, hasta tres decenas, dentro de las ciudades y otras tantas, en el medio rural. Así por ejemplo, existían en Aragón, las Guardas del Reino, y los Fusileros del Reino de Aragón; en Cataluña, las Rondas Volantes Extraordinarias de Cataluña, y los Mozos de Escuadra; en Valencia, los Ballesteros del Centenar y la Compañía de Fusileros, más conocida como Miñones; en Andalucía, los Guardas de la Costa de Granada, la Compañía de Escopeteros de Getares, o los Escopeteros Voluntarios de Andalucía; en Galicia, destacan los Caudillatos, luego llamados Compañías de Milicia Honrada; en Castilla la Nueva, estaban las Compañías de Fusileros y Guardabosques Reales, o la Compañía Suelta de Castilla la Nueva; en Álava, los Miñones; o en Vizcaya y Guipúzcoa, los Migueletes; y así muchas otras más. Sin embargo, todas estas instituciones tenían un campo de acción muy limitado, y eran dependientes de las autoridades locales o regionales, y en ningún caso actuaban a nivel de Estado ni se encontraban a las órdenes de la Administración central, la cual, contaba con la Milicia Nacional y con el Ejército.

La Milicia Nacional carecía de una plantilla permanente, ya que se constituía de forma accidental ante una emergencia sobre un territorio y tiempo concreto, fundamentalmente ante revueltas sociales y políticas. Esta situación de temporalidad explica por sí sola, la falta de aptitud de dicha Institución para abordar los graves problemas de seguridad existentes.

Por su parte, el Ejército como es lógico, tenía una estructura y una preparación expresamente orientada a la defensa de España, y no para la seguridad pública interior. Tal es así, que fue el propio Ministro de la Guerra quien envió una solicitud al Ministro de la Gobernación, el marqués de Peñaflorida, para que crease una fuerza pública que librase al Ejército de tener que perseguir a delincuentes, y así poderse dedicar plenamente a desarrollar sus funciones propias.

Con este oscuro panorama, y ante el fracaso y la falta de eficacia demostrada reiteradamente por los modelos anteriormente existentes, no resulta extraño que se aprobase el proyecto presentado por el mariscal de campo D. Francisco Javier Girón y Ezpeleta Las Casas y Enrile, II Duque de Ahumada y V Marqués de las Amarillas. Aquella nueva criatura que nació hace exactamente hoy 180 años, fue bautizada como Guardia Civil, nombre que, según cuentan algunas de las crónicas, le fue otorgado directamente por la propia Reina Isabel II, que por entonces era una joven de 13 años.

Lo cierto es que la nueva Institución comenzó su andadura, y en apenas unos meses ya contaba con un despliegue inicial de algo más de 6000 hombres, funcionando a pleno rendimiento por toda España, bajo una misma dirección, y con el firme propósito de acabar con la inseguridad presente por todo el Reino. Pocos años necesitó aquel nuevo Cuerpo, para demostrar que esta vez sí, los gobernantes habían acertado en la elección, y en poco tiempo el bandolerismo fue desapareciendo, alcanzándose la calma en el país. 

El Duque de Ahumada tuvo una visión clara de su proyecto, y supo desarrollarlo de manera brillante. Quiso escoger a los mejores, y eligió a hombres de honor, valor y limpia conciencia. Los dotó de la Cartilla del Guardia civil que se convirtió en el catálogo de valores a seguir por todos los miembros del Cuerpo, de vigencia permanente, y que es un elemento diferenciador con cualquier otra Institución de seguridad existente.

Estoy seguro de que si hoy, nuestro Fundador pudiera ver cómo es actualmente su Guardia Civil, se sentiría muy orgulloso al conocer la eficacia de nuestra Institución, el prestigio que tiene entre la población, y el cariño y aprecio que nos dispensan una inmensa mayoría de nuestros ciudadanos. Y todo esto se ha logrado, aplicando los valores que el Duque de Ahumada nos enseñó.

Por eso, quiero dirigirme a todos los Guardias Civiles de la Comandancia de Burgos, animándoos a continuar por el mismo camino de esfuerzo, de valor y de lealtad. La tarea no es fácil, en realidad nunca lo fue. Se nos creó para eso, para enfrentarnos a aquello que nadie antes fue capaz de resolver, pero siempre lo logramos. En estos 180 años de auténtica historia ininterrumpida, han sido muchas las amenazas que hemos vencido con éxito, y otras muchas serán las que vengan, pero estamos perfectamente preparados para afrontar cualquier reto futuro, con la eficacia y capacidad de adaptación que nos caracteriza.

En un día tan especial deseo expresar mi agradecimiento más sincero a todos por vuestro trabajo diario. De forma callada, sin protagonismos estridentes, con tenacidad, constancia, y de manera discreta, siempre sois capaces de dar respuesta a las demandas de seguridad de nuestra provincia. Me siento muy orgulloso de pertenecer a esta Unidad y de trabajar a vuestro lado, pues hacéis que resulte fácil dirigir un grupo humano así.  Os deseo que celebréis este día junto a vuestras familias y amigos, con la satisfacción que produce pertenecer a una Institución como la Guardia Civil.

Quiero ahora transmitir mis felicitaciones a nuestros compañeros hoy condecorados, alentándoos a seguir por el mismo camino, porque a buen seguro, os reportará nuevos éxitos. Para nosotros, sois un modelo a seguir, y vuestras recompensas suponen un estímulo para todos. Muchas Felicidades y disfrutad de este día.

También quiero felicitar a uno de nuestros compañeros, a quién he tenido el honor de entregar un diploma de reconocimiento a toda su carrera profesional, y que, con ese sencillo acto, pasa a formar parte del selecto club de los que nos precedieron, nuestros veteranos, que son quienes realmente, con su trabajo a lo largo de los años, han hecho grande a la Guardia Civil.

No me puedo olvidar de nuestras familias, que son el pilar básico sobre el que se sustenta nuestra vocación, y que siempre están apoyándonos en los momentos difíciles, haciendo más llevadera cualquier pesada carga que hubiéramos de portar.

Para finalizar mis palabras, deseo traer a la memoria colectiva, a todos aquellos compañeros de la Guardia Civil, de las Fuerzas Armadas, y de todos los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, que perdieron su vida al servicio de España. No se puede pagar un precio mayor, y de una forma más generosa. Que la Virgen del Pilar os guíe y os proteja.

Capitán, mande firmes.

¡Guardias Civiles!

Como símbolo de lealtad, fidelidad y compromiso permanente,

os pido que repitáis conmigo:

VIVA ESPAÑA

VIVA EL REY

VIVA LA GUARDIA CIVIL