
La documentación desclasificada por el Gobierno sobre la crisis migratoria de Ceuta del pasado 30 de julio deja constancia de una circunstancia que la Guardia Civil detectó prácticamente desde el comienzo de la avalancha: las autoridades marroquíes habían dejado de actuar con la misma intensidad que en las horas y días anteriores y estaban permitiendo que numerosos migrantes se aproximaran a la frontera.
Es lo que los propios informes de la Guardia Civil recogieron durante aquella jornada, cuando la situación comenzaba a desbordar los recursos disponibles en la ciudad autónoma.
El Gobierno publicó el 9 de septiembre un total de 40 documentos, informes y comunicaciones elaborados durante el mes de julio por la Guardia Civil, la Policía Nacional, el CNI y el Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas. La documentación permite reconstruir, con fechas y horas, qué información manejaban los distintos organismos mientras se desarrollaba la crisis.
Un cambio de actitud detectado en cuestión de horas
Uno de los documentos de la Guardia Civil, fechado el 30 de julio a las 18.15 horas, resulta especialmente significativo. En él se deja constancia de que “por parte de las autoridades marroquíes se detecta pasividad” y que “están permitiendo la llegada de candidatos hacia la zona fronteriza”.
El mismo informe establece una comparación directa con la jornada anterior: hasta el 29 de julio, las fuerzas marroquíes habían mostrado, según los agentes españoles, “proactividad y colaboración adecuada”. El cambio, por tanto, fue percibido sobre el terreno durante la propia crisis.
La diferencia no era menor. Entre las 08.00 horas del 29 de julio y las 08.00 horas del día siguiente, las fuerzas marroquíes habían interceptado 493 personas de los 1.109 intentos de entrada a nado contabilizados en Ceuta. Sin embargo, durante la mañana del 30 de julio los agentes españoles comenzaron a observar numerosos intentos de entrada a gran escala y una aparente inactividad al otro lado de la frontera.
A las 12.00 horas, según la cronología elaborada por la Guardia Civil, “se desborda la situación”. Poco después comenzaron también las entradas por el espigón fronterizo.
La dimensión del fenómeno obligó a elevar rápidamente la respuesta. A las 14.00 horas se estableció una videoconferencia con el Ministerio del Interior para coordinar las actuaciones. En ese momento se manejaba ya la posibilidad de que unas 10.000 personas hubieran entrado en Ceuta y de que otras 6.000 permanecieran en Marruecos esperando para cruzar.
La Guardia Civil no descartó ninguna hipótesis
La documentación resulta especialmente relevante porque muestra que la Guardia Civil no atribuyó automáticamente la situación a una actuación deliberada de Marruecos.
La Jefatura de Información analizó distintas posibilidades para explicar la incapacidad de las autoridades marroquíes para contener la avalancha. Entre ellas figuraban el desbordamiento provocado por la magnitud del movimiento migratorio, la retirada de efectivos con motivo de la Fiesta del Trono, un posible cambio temporal de actitud hacia los migrantes o incluso la intervención de un actor externo.
También se contempló una hipótesis mucho más delicada: una posible connivencia de las autoridades marroquíes como reacción ante acontecimientos políticos recientes, entre ellos la visita del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a Argelia y una sentencia del Tribunal Supremo relacionada con las devoluciones en frontera.
Pero existe un elemento fundamental que conviene no perder de vista. La propia Jefatura de Información de la Guardia Civil consideró poco probable que Marruecos hubiera consentido o incentivado deliberadamente la entrada masiva. El análisis interno valoraba otras explicaciones como más plausibles, especialmente el desbordamiento y la sorpresa operativa.
Es una distinción importante. Los documentos acreditan la pasividad observada por los agentes españoles, pero no permiten convertir esa constatación en una conclusión definitiva sobre una supuesta operación organizada por las autoridades marroquíes.
Una crisis que superó los recursos ordinarios
Mientras se desarrollaban los acontecimientos, la Guardia Civil dejó igualmente constancia de la gravedad de la situación. En sus actualizaciones del 30 de julio señalaba que los hechos revestían “extrema gravedad”, advertía del riesgo de una crisis humanitaria y consideraba necesario el apoyo de las Fuerzas Armadas.
La Benemérita señalaba además que las medidas adoptadas eran esencialmente paliativas y que el problema de fondo continuaba siendo la ausencia de medidas de contención, una situación a la que, según sus propios informes, contribuía la pasividad observada en las fuerzas marroquíes.
El volumen de las entradas terminó alcanzando una dimensión extraordinaria. Los informes manejados posteriormente situaron en torno a 49.000 las entradas producidas el 30 de julio, mientras que la crisis de aquellos días llegó a representar una presión migratoria sin precedentes para Ceuta.
La documentación desclasificada permite ahora conocer algo que para los agentes desplegados entonces era una realidad inmediata: mientras miles de personas se dirigían hacia la frontera, la Guardia Civil estaba observando al otro lado una respuesta marroquí muy diferente de la que había comprobado apenas 24 horas antes.
Ese cambio de actitud quedó registrado durante la propia emergencia. Y quizá sea ese uno de los aspectos más relevantes de los documentos conocidos ahora: no estamos ante una valoración posterior de los acontecimientos, sino ante las anotaciones realizadas por quienes tuvieron que afrontar, hora a hora, una situación que terminó desbordando las previsiones y poniendo a prueba todos los recursos disponibles.
La desclasificación permite, por tanto, separar los hechos comprobados de las hipótesis que entonces manejaron los servicios de información. La pasividad marroquí fue detectada y documentada por la Guardia Civil; las razones que la provocaron siguen siendo una cuestión distinta y mucho más compleja.







































































