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Valdemoro (Madrid), 26 de marzo de 2026, 12:00 del mediodía, en el Parque Duque de Ahumada, la Delegación de Valdemoro de la Asociación de Antiguos Alumnos de los Colegios de la Guardia Civil se reúne en un emotivo homenaje para conmemorar el 170 aniversario de la llegada de la Compañía de Guardias Jóvenes a la localidad.

Con la presencia del Ilmo. Sr. Alcalde, David Conde, toda la corporación municipal, el Ilustrísimo Coronel Director del Colegio, autoridades civiles, militares, judiciales y eclesiásticas —entre ellas el párroco de Valdemoro—, representantes de otras asociaciones, oficiales, suboficiales, cabos y guardias civiles, las Damas del Pilar y cerca de 300 socios y familiares, el acto se desarrolló con la solemnidad y el cariño que merecía la efeméride.

El programa, sencillo pero lleno de sentimiento, comenzó con el izado de bandera y el Himno Nacional, seguido del homenaje a los caídos y la ofrenda floral en memoria de todos los alumnos fallecidos en acto de servicio. El primero de ellos fue el cabo Romualdo Franco Ortega, héroe de Seseña, caído el 22 de junio de 1866 en la calle Luna de Madrid.

A continuación, sonaron el Himno de la Guardia Civil y el del Colegio en el antiguo Patio de Armas. La mañana concluyó con una fotografía de grupo y un vino español en el local social de la asociación.

Durante el aperitivo, el alcalde David Conde tomó la palabra para felicitar al colectivo de la Guardia Civil y expresar su orgullo por los 170 años de vecindad. “Valdemoro por fin tiene bandera municipal —anunció— y la franja verde que la cruza es símbolo de la unión entre nuestro pueblo y la Benemérita”. Inmediatamente después se brindó por Su Majestad el Rey, primer militar y guardia civil de España.

Por la tarde, en el mismo local social y ante otras trescientas personas, se proyectó la película El Primer Cuartel (1966), dirigida e guionizada por Ignacio F. Iquino y José Antonio de la Loma, un clásico del cine español que rememora los orígenes de la formación de los jóvenes guardias.

El presidente de la delegación cerró el día agradeciendo la presencia de todos y, muy especialmente, la de los “polillas”, como cariñosamente se conoce a los antiguos alumnos. “Valdemoro no es siempre el lugar de nacimiento, pero sí nuestra ciudad de adopción y la que guarda un trozo de nuestro corazón, porque aquí nos formamos en nuestra juventud, algunos desde los ocho años hasta los dieciocho”, subrayó.

La historia que se recuerda

El 26 de marzo de 1856, ochenta y dos guardias jóvenes al mando del sargento primero y subteniente graduado don Tomás María Pérez Rodríguez abandonaron el Convento de los Pantoja, en Pinto, y se instalaron en la antigua fábrica de los Lonjistas de Valdemoro, conocida desde entonces por los alumnos como “El Corralillo”.

Aunque se habían hecho gestiones para mejorar las instalaciones en Pinto, la falta de resultados llevó a la compra, el 30 de septiembre de 1855, del solar en ruinas de la antigua Real Fábrica de Paños Finos, junto al Camino Real de Andalucía. La operación, firmada por el Inspector General de la Guardia Civil, Excmo. Sr. D. Facundo Simón María de los Dolores Infante Chaves, se cerró en 110.000 reales de vellón. Aquel edificio se convirtió en la tercera y definitiva sede de la Compañía de Guardias Jóvenes, donde permaneció 116 años hasta que la última promoción juró bandera en su Patio de Armas el 23 de junio de 1972.Durante la Guerra Civil el Colegio cerró temporalmente y se convirtió en Hospital de Sangre; los alumnos fueron trasladados al Balneario de Fuensanta, en Pozuelo de Calatrava (Ciudad Real). Como curiosidad histórica, la llegada coincidió con los últimos coletazos de la epidemia de cólera de 1855-1856, que diezmó Valdemoro. Los guardias jóvenes, en un gesto solidario, renunciaron a una de sus tres comidas diarias para ayudar a los más necesitados y se volcaron en las labores de acompañamiento y entierro de las víctimas, convirtiéndose además en los primeros bomberos de la localidad.

Más que guardias civiles

De estas aulas no solo salieron guardias civiles. A los 16 años, muchos alumnos se incorporaron al Cuerpo, pero otros —los llamados “carreristas”— se formaron en correos, telégrafos, magisterio, ferrocarriles, academias militares, artes y oficios, imprenta o radiotelegrafía. Valdemoro vio nacer aquí la primera banda de guerra y música de la Guardia Civil, los primeros especialistas en doma y caballería, los pioneros del servicio de identificación judicial, los primeros motoristas, los equipos de montaña y esquí, e incluso las bases de la Legión Española o la primera promoción de Tráfico.

El Colegio también fue cuna de la advocación a la Virgen del Pilar —hoy patrona del Cuerpo y, gracias a sus alumnos, también de los funcionarios de Correos—, de la primera academia de oficiales de promoción interna y de la Cartilla de la Guardia Civil, cuyo artículo 6º resume su espíritu: “Procurará ser siempre un pronóstico feliz para el afligido”.

Entre sus alumnos más destacados figuran figuras como el gran ilusionista José García Moreno, “el Garcimore”, o generales como Constantino Gómez González y Antonio Espinosa Suárez. Entre sus profesores brillaron nombres como el coronel José Osuna Pineda, el teniente Miguel Gistau Ferrando (creador de las bases de la policía científica), el capitán Cillán (introductor del judo y la defensa personal) o el maestro músico Idelfonso Moreno Carrillo, entre muchos otros.

Jesús Ramilo Guijarro

Presidente Delegado

Asociación Antiguos Alumnos de los Colegios de la Guardia Civil – Delegación Valdemoro  (Fotografías cedidas por los socios)