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Escalafón de jefes y oficiales de la Guardia Civil en 1855 con el teniente Juan Morillas del Campo de Gibraltar.

El sargento Pedro Martínez, comandante del puesto en la ciudad, encabezó la captura de dos hombres armados con escopeta que habían cometido un "crimen horroroso" en los Guijos, en el camino a Tarifa

Al inicio de 1855 el inspector general de la Guardia Civil era el teniente general Facundo María Infante Chaves, que como ya se expuso "La benemérita en el periodo 1854-1855, por real decreto de 1º de agosto del año anterior, había sucedido al II Duque de Ahumada".

La Benemérita, como única fuerza de seguridad desplegada por todo el Estado, según el “Escalafón general de antigüedad” de jefes y oficiales del Cuerpo, a fecha 1º de enero de 1855, tenía en plantilla 8 coroneles y 5 tenientes coroneles, así como 58 primeros capitanes de la clase de primeros y segundos comandantes de Infantería y Caballería. De ellos, 9 desempeñaban el cargo de 2º jefes de Tercio, y 8 de los de Caballería mandaban los escuadrones que, con cabecera en 8 de los 13 Tercios que entonces existían y donde estaban desplegadas sus secciones. También había 62 segundos capitanes, de los cuales 11 eran de Caballería, y el resto de Infantería; así como 192 tenientes, de los cuales 35 eran de Caballería, y el resto de Infantería. Finalmente, como oficiales de menor graduación, había 49 subtenientes de Infantería y 29 alféreces de Caballería.

La fuerza de que se componía entonces la Guardia Civil, con arreglo a lo dispuesto por Isabel II en la real orden de 17 de octubre de 1854, era de 7.756 hombres de Infantería y 1.244 de Caballería, que contaba con una plantilla de 1.200 caballos.

Todos esos efectivos se encontraban distribuidos en los 13 Tercios citados anteriormente, a razón de uno en cada “Capitanía General” que existían entonces en la Península e Islas Baleares. En cada una de esas provincias había destinada una compañía de Infantería de la Benemérita así como la fuerza de Caballería que correspondiese, según cada caso. En las Islas Canarias, así como en las entonces plazas de Ceuta y Melilla, todavía no estaba desplegada la Guardia Civil.

Centrados en el Campo de Gibraltar de la época, continuaba en 1855 al frente de la Guardia Civil al teniente Juan Morillas de Casas. Este ya era capitán efectivo del Arma de Caballería del Ejército desde el año anterior y no ascendería al empleo de capitán de la Benemérita hasta el mes de 1857. En su hoja de servicios sólo consta, referido año 1855, la captura de “Juan Suarez (a) Lucas, uno de los cabecillas que capitaneaban la insurrección que tuvo lugar en la Campiña de Tarifa, habiendo tenido a bien S.M. la Reina (q.D.g.) se le dieran las gracias en su Real nombre, en 6 de octubre de este año por los expresados servicios”.

En dicho año el jefe del Tercer Tercio (Sevilla) era el coronel José Fernández de Terán Uslengo, procedente del Arma de Caballería y futuro brigadier, mientras que al frente de la Guardia Civil en la provincia de Cádiz se encontraba el comandante 2º Benito Artalejo Garrido, quien tenía el grado de coronel de Infantería.

Prosiguiendo con el periódico Guía del Guardia Civil y con el puesto del benemérito Instituto en Algeciras, hay que hacer referencia a la reseña publicada en su núm. 164, correspondiente al 20 de abril de 1855. Concretamente el hecho que se citaba, trataba de, “un criminal que en el año de 1849 cometió una muerte en Sevilla, y por cuyo delito fue sentenciado a 14 años de presidio, se hallaba desde dicha fecha refugiado en Gibraltar”.

El relato periodístico exponía que ese individuo había permanecido desde entonces en la colonia británica hasta que el día 28 de marzo del mentado 1855, “fue expulsado de la plaza referida”. Aunque aquel artículo no facilitaba información alguna sobre dicho criminal, en relación a su vivencia durante casi tres lustros en Gibraltar, lo cual hubiera sido interesante saberlo, si se citaba que había llegado a conocimiento del sargento Pedro Martínez, comandante del puesto de la Guardia Civil en Algeciras, que aquel delincuente se estaba alojando “en el sitio de la Temara”, ubicado en el término municipal de San Roque.

Acto seguido, dicho sargento ordenó a los guardias civiles José Marzá y Eulogio Peláez que procedieran a la detención del sujeto, lo cual pudo cumplimentarse el 31 de marzo, “ofreciéndoles el criminal repetidas veces a los individuos del Cuerpo una suma porque le dejasen en libertad, cuyas dádivas fueron despreciadas por aquellos, como era de esperar, manifestándole que la Guardia civil jamás se soborna”.

Enterado el inspector general de la Benemérita, de dicho buen servicio, así como del “digno proceder de los que visten tan honroso uniforme”, procedió a su felicitación, “quedando sumamente satisfecho de que el servicio se presta con arreglo al reglamento y como reclama el honor del Cuerpo”.

Otro importante servicio policial, esta vez relativo al asesinato de un británico, “un crimen horroroso”, fue publicado en el siguiente Guía del Guardia Civil, núm. 165, de fecha 1º de mayo de 1855. El luctuoso hecho había acaecido el día 13 del mes anterior. La víctima había sido un súbdito inglés llamado Guillermo Fenton, vecino de Algeciras. Había salido a pasear por el campo, acompañado de una hermana suya, por el camino de conducía a Tarifa.

Cuando llegaron “al sitio titulado de los Guijos”, fueron sorprendidos por dos hombres armados con escopetas y con el rostro cubierto para no ser identificados. Le exigieron al británico que entregase el dinero que portase, “y al contestarles no tenía ninguno, le dispararon un tiro del que quedó muerto en el acto, quitándole los asesinos el reloj que usaba”.

Enterado del suceso salió hacía el lugar el sargento Pedro Martínez, acompañado por fuerza del puesto de Algeciras, comprobando que las huellas de los bandidos en el camino, desaparecían al entrar en la ciudad. De acuerdo con el 2º alcalde de Algeciras, José María Roca, procedieron ambos, acompañados de los citados guardias civiles Marzá y Peláez, así como del también benemérito Francisco González, a recorrer parte del interior de la población, localizando a media noche a los sospechosos y procediendo a su detención.

En el registro efectuado se les intervino, “una pistola, pólvora y la cadena del reloj robado, como igualmente la ropa del disfraz con que perpetraron el crimen”. Enterado el teniente general Facundo Infantes del resultado del servicio practicado, procedió, como inspector general de la Benemérita, a la felicitación de la fuerza actuante.

Jesús Núñez Calvo
Coronel de la Guardia Civil (R) y doctor en Historia