
Tal y como se expuso en su momento, el periódico Guía de Guardia Civil se editaba en Madrid, pero se distribuía a nivel nacional, debido a que el público al que principalmente iba destinado eran los beneméritos hombres que entonces estaban desplegados por toda España, a excepción de las Islas Canarias, Ceuta y Melilla. Se trataba de un medio de prensa de titularidad y propiedad particular, pero en modo alguno era un boletín oficial.
Hay que recordar que el primer número de dicho periódico se publicó el 1º de octubre de 1850, sucediéndose consecutiva y decenalmente hasta el 20 de julio de 1855, los días 1, 10 y 20 de cada mes. En total se contabilizaron 173 ejemplares sucesivos diferentes.
Por aquel entonces, la Guardia Civil carecía, al igual que otras instituciones públicas del Estado, de una publicación oficial periódica de ámbito corporativo en la que se procediera a la comunicación y difusión de sus actividades, altas y bajas de sus miembros, decisiones, destinos, disposiciones, felicitaciones, nombramientos, normativas, resoluciones y un largo etcétera. Al Cuerpo de Carabineros, creado por real decreto de 9 de marzo de 1829, le sucedía entonces también lo mismo, recordándose que fue integrado en la Guardia Civil por la ley de 15 de marzo de 1940.
Aquel vacío que hasta 1850 existía en la Benemérita fue afortunadamente rellenado en buena parte por el periódico Guía del Guardia Civil, al igual que por el mismo editor se creó poco después el periódico El Guía del Carabinero, el cual sí tendría posteriormente una larga edición periódica pero plenamente institucional.
Pero volviendo a mediados del siglo XIX, hay que concretar que ambos medios de dichos Cuerpos se publicaban los servicios más notorios acaecidos en las diferentes provincias, detallándose lo más destacable de lo acontecido profesionalmente en los distintos términos municipales del territorio nacional.
Gracias a ello se han podido recordar, ya centrados en la Guardia Civil, casos policiales protagonizados en ese periodo por la Benemérita en el término municipal de Algeciras, como ya se ha ido exponiendo en anteriores capítulos.
Añadido a lo anterior, y a modo de ejemplo, entre otras curiosidades, se publicaba en dicho periódico la “Relación de los desertores del cuerpo de Artillería que no han sido habidos ni presentados hasta la fecha, con expresión del año en que lo verificaron, y se recomienda a los individuos de la Guardia civil su captura”. Así, entre las decenas y decenas de desertores publicados que entonces se padecía en un periodo en el que era obligatoria una larga prestación del servicio militar, figuraba en el núm. 166 del Guía del Guardia Civil, de 10 de mayo de 1855, la requisitoria del artillero José Ripoll, natural de Algeciras, quien se encontraba en dicha situación desde hacía casi tres lustros, concretamente desde el año 1841.
Otra curiosidad, publicada en el núm. 168, de 1º de junio de 1855, del mentado periódico, era la relación nominal de los guardias civiles licenciados que habían pertenecido a la 5ª Compañía (Albacete), firmada el 22 de mayo de 1855 por su jefe, el primer capitán Antonio Conti. La razón de dicho listado era que los interesados no habían percibido todavía unas pequeñas cantidades económicas correspondientes al alumbrado y combustible de los meses de octubre, noviembre y diciembre de 1854. Entre los destinatarios se mentaba al guardia civil de 2ª clase José Merino, que se había marchado a vivir a Algeciras, tras licenciarse.
Por otra parte, merece la pena relatar que en el número 170 del Guía del Guardia Civil, de fecha 20 de junio de 1855, se comenzaba detallando en un extenso artículo que ocupaba las tres primeras páginas, la relación de primeras autoridades nacionales y extranjeras que recibían dicho periódico. Aunque su director, y editor, José Díaz Valderrama, no lo mencionase expresamente en ese momento, hay que significar, visto lo sucedido posteriormente, que, contra su voluntad, era consciente del próximo final de dicha cabecera de prensa.
Entre las mentadas autoridades nacionales destinatarias de esa publicación, se nombraban expresamente a la reina Isabel II y a su esposo, el rey consorte y duque de Cádiz, Francisco de Asís María Fernando de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, así como a “sus Altezas”; a los duques de la Victoria, Ahumada y de Valencia; al capitán general Evaristo Fernández de San Miguel Valledor, también un interesante personaje que con anterioridad había sido ministro de la Guerra, Marina y Ultramar en gobiernos presididos por el capitán general Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro; al conde de Lucena; al marqués del Duero, al conde de Balmaseda y al teniente general Antonio Remón Zarco del Valle Huet; así como todos los ministros, directores e inspectores generales, los capitanes generales de distrito y todos los gobernadores civiles de provincia, amén de “otros muchísimos particulares entre los que se cuentan títulos de Castilla y dignidades eclesiásticas, etc., etc., etc.”.
Respecto a las autoridades extranjeras que recibían El Guía del Guardia civil, se mencionaba a los emperadores de Francia, Austria y Brasil; al Papa Pío IX; la reina Victoria de Inglaterra; los reyes de Portugal, Prusia, Dos-Sicilias, Cerdeña, Bélgica, Baviera y Dinamarca; los presidentes de los Estados Unidos y de México, así como el germánico “Gran Duque de Baden”.
Esa amplia difusión, nacional e internacional, del periódico de la Benemérita, según se continuaba exponiendo en tan larga exposición, “probará a todos los jefes, oficiales e individuos que pertenecen a la institución, que sus brillantes servicios se leen y se comentan aún en las más elevadas y apartadas regiones; que cuando más de una vez les hemos dicho que el mundo entero les juzgaba, les decíamos una verdad, …”. De hecho, se reconocía, “que hoy la misma gendarmería francesa envidia muchas páginas a la Guardia civil española, si hemos de creer sinceramente a los extranjeros que nos honran con su amistad”.
Si bien no es posible ni procede reproducir por entero tan extenso artículo, que concluía “felicitando a la institución en general, y en particular a los que han tenido la ocasión de distinguirse”, sí que sirve de termómetro ante el cambio que había experimentado el relevo de gobiernos de la nación que recientemente se había producido. Al contrario de lo que anteriormente había sucedido con otras instituciones de seguridad pública que habían desaparecido, se seguiría apostando por la continuidad y fortalecimiento de la Guardia Civil.
Jesús Núñez Calvo
Coronel de la Guardia Civil (R) y doctor en Historia











































































