
El balance de 1857 muestra la eficacia de la Guardia Civil en la persecución del delito y en el auxilio prestado a la población
En el núm. 120 de El Mentor del Guardia Civil, 1º de febrero de 1858, y siendo todavía, por segunda vez, inspector general de la Guardia Civil el II Duque de Ahumada, teniente general Francisco Javier Girón Ezpeleta, se publicó un detallado resumen de casi cinco páginas, exponiendo la actividad, policial y benemérita, del Cuerpo durante el año anterior. A su vez, dicho texto iba acompañado, en otras cinco páginas, de nueve cuadros de datos, relativos a las actividades realizadas. Su contenido es de interés para entender la actividad del benemérito Cuerpo en el Campo de Gibraltar, y más concretamente en el término municipal de Algeciras.
La Guardia Civil había nacido 14 años antes y desde sus inicios tuvo siempre enemigos de toda clase, dentro y fuera de la estructura estatal que, por diferentes razones, anhelaban su desaparición, tal y como había sucedido con los demás cuerpos de seguridad pública que se habían ido creando y desapareciendo anteriormente.
Sin embargo, ello no sucedió con la Benemérita. No porque desde determinados sectores políticos y sociales no se intentase acabar con ella, sino porque creada bajo las directrices de un militar realmente excepcional, como lo fue el citado II Duque de Ahumada, se le dotó al nuevo Cuerpo, desde sus inicios, de un novedoso reglamento de servicio, otro militar de igual naturaleza y finalmente una extraordinaria “Cartilla”, donde se configuraban sus valores morales. Entre todos estos, el principal fue el del honor, convertida en la principal divisa de todos los miembros de la Guardia Civil, valioso concepto moral que entonces estaba reservado dentro del Ejército solo a los generales, jefes y oficiales.
A todo ello hubo que añadir, imprescindiblemente, un selecto cuadro de mandos militares que mandasen las nuevas unidades de la Benemérita que se fueron desplegando por todo el territorio nacional. Ello nunca antes había ocurrido al crearse un cuerpo de seguridad pública estatal. Otro factor fundamental, sin el cual no hubiera sido posible el nuevo Cuerpo, fue una magnífica selección de los mejores hombres que como sargentos, cabos y guardias prestarían honroso servicio en unas condiciones de disciplina y vida muy exigentes. Y a partir de aquellas primeras promociones se continuó persistiendo, todo ello bajo un elevado concepto de servicio y sacrificio, nunca conocido y exigido hasta entonces.
La información que se detallaba a continuación en tan extenso artículo publicado en El Mentor del Guardia Civil, cuyo editor responsable era Francisco Ortiz, iba desgranando el contenido de “los trabajos estadísticos” que se exponían a continuación, relativos a 1857. Así, por ejemplo, se contabilizaba, “un total de 32.663 individuos que la Guardia civil ha presentado al fallo de la ley en el año que reseñamos, con 529 contrabandos aprehendidos solo en el curso ordinario de su servicio”. Hay que significar que esto último era independiente de los numerosos servicios efectuados por Carabineros, Cuerpo que tenía por misiones principales, la persecución del contrabando y velar por el resguardo fiscal.
De esas 32.663 personas que habían sido detenidas por la Benemérita, a lo largo de 1857, por todo el territorio nacional donde estaban desplegados (Península e Islas Baleares), “figuran 14.584 por indocumentados o leves faltas, de manera que la parte que puede llamarse delincuente o criminal queda reducida a 18.079, entre estos figuran 1.336 prófugos de presidios y cárceles”.
Respecto a los desertores de los diferentes cuerpos del Ejército, fueron capturados un total de 822, “o lo que es lo mismo, la fuerza de un batallón al pie de guerra, que si no toda, en su mayor parte la debían considerar perdida para aquellas sin la existencia de la Guardia civil”.
Respecto a la estadística de las mentadas 32.663 detenciones durante todo el año 1857 (8.433 delincuentes, 7.288 ladrones, 1.336 reos prófugos, 822 desertores, 14.584 por faltas leves y 239 contrabandistas), los datos correspondientes a la Benemérita en la provincia de Cádiz eran de 2.305 detenidos (533 delincuentes, 347 ladrones, 121 reos prófugos, 47 desertores, 1.257 por faltas leves y 32 contrabandistas). Ha de significarse que nuestra provincia gaditana no se encontraba ese año a la cabeza de la estadística criminal, pues tal y como se citaba expresamente, de las 48 provincias detalladas, “advertimos que las de Sevilla, Jaén, Huelva, Ávila y Madrid, son en las que la Guardia civil ha verificado más aprehensiones”.
Entre los diferentes resúmenes que se publicaban hay que destacar el de “los auxilios prestados a carruajes en los diferentes caminos de España”. Tal y como se resaltaba, “los efectos de un vuelco, atascamiento o rotura en medio de un solitario despoblado, sin ninguna otra esperanza que la presencia de la Guardia civil, hace providencial su presencia”. Dentro del extenso resumen se mencionaba expresamente que la actuación de la Benemérita, “no se limita en estos casos a procurar la habilitación del carruaje, sino que despojándose de sus ropas las ceden a señoras y niños, y ponen a su disposición sus propias camas para que se alberguen, mientras que el veterano guardia con su bigote helado y entumidos los miembros, permanece sobre la nieve custodiando el carruaje y equipajes, cuya marcha de aquel queda en activar su camarada de pareja”.
Refiriéndose a una cuestión tan importante de la época como eran los robos a dichos carruajes, tanto de pasaje como de mercancías, se afirmaba que, “su reducido número deja conocer que las vías generales en España están aseguradas, porque atendido el desarrollo de medios de transporte que se nota de algunos años a esta parte, es insignificante aquel guarismo si se tiene en cuenta lo que sucedía antes en España, tratándose de la seguridad de los caminos”.
Mención especial merecía el apartado dedicado a los servicios beneméritos, citándose que 301, de los de verdad, habían sido los de carácter humanitario, prestados durante todo el año 1857. De ellos, “15 heridos recogidos; 95 sacados de entre las nieves; 119 arrebatados a la corriente de las aguas; 27 enfermos abandonados al mal en los despoblados; 10 atropellados por carruajes; 17 extraídos o salvados de hundimientos, y 18 arrancados a las llamas”.
Por supuesto, ese constante servicio de lucha contra la delincuencia y su prestación benemérita, había tenido también un sacrificio humano entre las propias filas de la Guardia Civil, haciéndose constar que 4 de sus miembros habían muerto y 18 resultado heridos, en actos de servicio.
Jesús Núñez Calvo
Coronel de la Guardia Civil (R) y doctor en Historia









































































