
El puesto algecireño de la Guardia Civil protagonizó numerosos servicios (náufragos, ladrones o desertores) mientras la ciudad se preparaba para convertirse en enclave estratégico para el conflicto en la costa africana
En el Boletín Oficial de la Guardia Civil núm. 36, de 24 de abril de 1859, se dio cuenta de que, en la mañana del 24 de marzo, había naufragado en una playa de Algeciras “la fragata mercante francesa, llamada Albert, que con cargamento de comestibles, del gobierno de aquella nación, se dirigía a América”.
Al tenerse conocimiento se presentó el cabo 1º, que poseía el grado de sargento 2º Pedro Martínez Díaz, comandante del Puesto de Algeciras, “acompañado de toda la fuerza del mismo”, prestando auxilio a la tripulación del referido buque, parte de la cual se había salvado en los botes del mismo. Los guardias civiles procedieron seguidamente a recoger el cargamento y hacerse cargo de la custodia de la fragata. El teniente general Isidoro de Hoyos Rubín de Celis, como director general del Cuerpo, “se ha enterado con particular satisfacción de este importante servicio”.
Un mes después, en el boletín oficial núm. 41, de 1º de junio siguiente, se daba cuenta de que el 21 de abril anterior, fue capturado por el mentado cabo 1º Martínez, en las afueras de Algeciras, “el paisano Francisco Cordon García por delito de robo de una mula”. Intervenida la misma, fue “puesta en unión del reo a disposición del señor Juez de primera instancia del partido”.
Seguidamente se publicaba en el mismo boletín que, el 7 de mayo anterior, del Puesto de San Roque, los guardias civiles de Infantería Andrés Díaz y Andrés García, así como el guardia civil de Caballería Pedro Soto, que tenían encomendado “vigilar el camino de Alcalá de los Gazules, con motivo de las ferias que allí se celebraban”, procedieron a capturar a un individuo llamado José Alejo Leiva, alias Pitijay. Estaba acusado de robo, “y otras fechorías”.
Posteriormente, resultó que este detenido se trataba de un desertor, por tercera vez, del Regimiento de Infantería del Infante núm. 5, “con destino al ejército de Ultramar”. Había cometido su última deserción desde Cádiz, en abril último, siendo puesto a disposición de la autoridad competente.
Por otra parte, seguía publicándose sucesivamente, diversa y diferente legislación relativa al entonces nuevo Cuerpo de la Guardia Civil Veterana, uno de los antecedentes históricos de la actual Policía Municipal de Madrid, cuestión que con frecuencia suele omitirse. Bien merece reproducirse al menos el primer párrafo del artículo que le dedicó el boletín oficial núm. 42, de 8 de junio de dicho año.
“El simple nombre (Guardia Civil Veterana) que acaba de darse a la fuerza destinada a prestar sus servicios en la capital de la Monarquía, es por sí solo una garantía que la hace aceptable a todo vecino honrado y laborioso que de hoy más librará su descanso y su fortuna a la vigilancia de los bravos veteranos de esa por mil títulos querida institución, quienes después de haber acreditado con sus largos años de constancia en las penosas fatigas de un servicio activo y diligente, vienen hoy como la Guardia civil hace 15 años, como aquella a la Europa entera, que en esta nación clásica del caballerismo, se pueden crear y existen instituciones que, huyendo del ridículo de la gente vulgar, saben conquistarse, no solo las simpatías, sino el más acendrado cariño y respetuoso afecto del público honrado en general, y de toda persona virtuosa en particular”.
En el boletín oficial núm. 44, de 24 de junio siguiente, se publicó que por el reiterado sargento 2º graduado Pedro Martínez, comandante del Puesto de Algeciras, acompañado del guardia civil Eustaquio Molina, “fue capturado” el 3 de mayo anterior un individuo llamado José Fernández Martínez, “por haber herido de gravedad con arma blanca” al vecino algecireño José Padilla. El detenido y “la navaja con que se cometió el crimen”, fueron puestos a disposición “del señor Juez de primera instancia del partido”.
En el siguiente boletín oficial, el núm. 45, de 1º de julio siguiente, se recogió que por el mentado cabo 1º Pedro Martínez, acompañado de los guardias civiles Antonio de los Santos, Manuel Álvarez y José Domínguez, del Puesto de Algeciras, “fueron aprehendidos tres vecinos de aquella población, por robo de prendas en la provisión de la misma, que les fueron ocupadas y devueltas a su dueño, y los reos puestos a disposición de la autoridad correspondiente”.
Dos meses y medio después, en el boletín oficial núm. 55, de 16 de septiembre siguiente, se publicaba una importante real orden, suscrita cuatro días antes por el capitán general Leopoldo O’Donnell Joris, como ministro de la Guerra, sin olvidar que era también presidente de gobierno. Dedicada a la concentración de un contingente de la Guardia Civil en Algeciras, con destino al norte de África, dirigida al “Señor Director general del Cuerpo de Guardias civiles y de la Guardia civil veterana”.
Resultaba que, en cumplimiento a lo dispuesto por real orden de 8 de septiembre, del Ministerio de la Guerra, se dispuso al día siguiente, “que se presenten en la plaza de Algeciras la sección de Infantería y la de caballería del Cuerpo a su cargo, que han de prestar el servicio de su instituto en el cuerpo de ejército de observación de la costa de África”.
Conforme a ello, no solo se aprobó las instrucciones pertinentes a la integración, en las fuerzas del Ejército español que protagonizarían la victoriosa Guerra de África, del contingente de la Guardia Civil, en funciones de servicio de campaña, hoy día llamadas de policía militar, sino también diversos nombramientos.
Estos eran los del 2º capitán de Infantería Enrique Gallegos Villegas del 7º Tercio (Granada), “para que se haga cargo del mando de ambas secciones”, así como de los tenientes Ricardo Rada Martín, también de Infantería, y Teodoro Camino Alcobendas, de Caballería, “para el mando de la sección de las suyas respectivas”.
Además, se ordenaba que, “los doce hombres de infantería y los diez de caballería que pertenecientes al primer Tercio han de partir desde esta corte para reunirse en Algeciras con los de los Tercios 3º y 7º, emprendan su marcha las dos porciones de ambas armas, por la vía-férrea hasta Alicante, en cuyo puerto se embarcarán a bordo del buque que debe conducir a los batallones de cazadores que pasan destinados al mismo cuerpo de ejército”.
Jesús N. Núñez Calvo
Coronel (R) Guardia Civil y Doctor en Historia







































































