
Combates, naufragios y actos de heroísmo: así reconocieron los boletines de 1860 la labor de la Guardia Civil
El Boletín Oficial de la Guardia Civil número 74, de 8 de febrero de 1860, publicaba la “relación de las gracias” que, por real orden de 27 de enero anterior, del Ministerio de la Guerra, “y a propuesta del Capitán general y en Jefe del ejército de África”, la reina Isabel II se había dignado en conceder, “al Oficial y demás individuos del Cuerpo de Guardias Civiles que a continuación se expresan en recompensa del mérito que contrajeron en los combates sostenidos contra las fuerzas marroquíes, en los días 29 y 30 de diciembre último en las posiciones avanzadas del mismo ejército”.
Dichos recompensados habían zarpado del puerto de Algeciras con destino al de Ceuta para prestar “servicio de campaña” en el Ejército de África. Se trataban del teniente Juan Troyano Mata, procedente del mando de la Línea de Alcaraz, perteneciente a la 5ª Compañía (Albacete) del 4º Tercio (Valencia), al que se le concedió la cruz de San Fernando; el cabo 1º Francisco Rueda, del mismo Tercio, al que se concedió el grado de sargento 2º; el guardia 1º Jacinto Rodrigo, el guardia 2º Bernardo Sánchez y el trompeta Pablo Gómez, todos del 7º Tercio (Granada), a los que se les concedió la cruz sencilla de María Isabel Luisa (condecoración militar española creada en 1833 para conmemorar la jura de la infanta que en 1844 sería la reina Isabel II); y los guardias 2º Ramón Pazos y Vicente Gallo del mentado 4º Tercio, con idéntica recompensa.
Por otra parte, en ese mismo boletín, poniendo en valor un brillante servicio humanitario prestado por el Puesto de Algeciras, se reprodujo la real orden del 21 de enero de 1860, esta vez del Ministerio de la Gobernación. Fue suscrita por su titular, José de Posada Herrera, quien poco más de dos décadas después, sería durante unos meses, presidente del gobierno, entre Práxedes Mateo Sagasta y Antonio Cánovas del Castillo.
Trataba del auxilio prestado, “a varios buques náufragos y sus tripulaciones”, por el sargento 2º Pedro Martínez Díaz y los guardias Antonio de los Santos Pérez, Lucas Fernández Pascual, Juan Moreno Martínez y Hernando García. Concretamente, “por el arrojo y abnegación con que se condujeron en el presente caso, exponiendo sus vidas por salvar las de los individuos que estaban próximos a perecer”.
En dicho boletín, además de noticias sobre la marcha de las operaciones exitosas del Ejército de África, se publicó un breve, pero interesante resumen de las fuerzas militares de España, entre las que figuraban las de la Benemérita: “100.000 hombres en el ejército activo y permanente de la Península e islas adyacentes. 60.000 hombres en la reserva de id. 7.000 hombres en la de Canarias. 10.650 hombres en la Guardia civil. 12.000 hombres en los Carabineros del reino. 24.000 hombres de ejército y 16.000 de reserva en Cuba. 3.800 hombres y 3.200 id. en Puerto-Rico. 150 hombres en las posesiones del golfo de Guinea. 14.000 hombres de ejército, y 3.600 de reserva en Filipinas y Marianas. 20.000 hombres de todas las clases en servicio activo en la Marina. Total general: 274.400 hombres armados”.
Prosiguiendo la lectura del boletín número 74 hay otra noticia de salvamentos marítimos, si bien esta vez destacando al personal del “Puesto de la Línea de Gibraltar”, ubicado entonces en el término municipal de San Roque, poniéndose en valor el espíritu benemérito de sus componentes: “A consecuencia del fuerte temporal habido el 8 del pasado, tuvieron ocasión de prestar sus auxilios los individuos de que se compone este puesto, Cabo 2º Eugenio Martínez, y Guardias 1º José Torres y 2º Francisco Pitarque, Antonio Pérez y José Gómez, a los tripulantes de varios buques náufragos, salvando hasta el número de 22 personas; para cuyo fin los tres primeros se arrojaron al mar despreciando lo imponente de este elemento”.
En el siguiente boletín, número 75, fechado el 16 de febrero, se publicaba otra real orden del Ministerio de la Gobernación, de 27 de enero, dando cuenta de los auxilios prestados por la Guardia Civil, “a varios buques que naufragaron en la costa inmediata a Gibraltar, logrando salvar a 27 individuos de las tripulaciones”. Las felicitaciones serían para el cabo 2º Eugenio Martínez López, el guardia 1º José Torres y el guardia 2º Francisco Pitarch, “que prestaron este servicio con exposición de sus vidas”.
Nuevamente, en el boletín número 76, de 24 de febrero, volvió a referirse a otro benemérito servicio del Puesto de Algeciras y la recompensa otorgada a varios de sus componentes, por real orden del día 12 de dicho mes. Así se reseñaba que al sargento 2º Pedro Martínez Díaz, comandante de dicho puesto, y a los guardias de 1ª y 2ª clase Fernando García Vasallo y Juan Moreno Martínez, les había sido concedida la cruz sencilla de María Isabel Luisa, “en recompensa del mérito que contrajeron auxiliando y contribuyendo eficazmente al salvamento de los náufragos de los buques de guerra y mercantes que el 8 de enero último se perdieron en aquellas playas por efecto del fuerte temporal que reinó en ellas”.
En esta ocasión, dicha real orden del Ministerio de la Guerra estaba suscrita por quien había sido durante casi mes y medio inspector general de la Guardia Civil en 1856, el teniente general José Mac-Crohon Blake, ministro de Marina en 1860. La razón de ello era la ausencia del titular de aquel ministerio, el capitán general Leopoldo O’Donnell Joris, que además era también el presidente de gobierno.
Resultaba que este, por real decreto de 3 de noviembre de 1859, había sido nombrado “General en Jefe del Ejército de África, conservando los altos cargos que en el día ejerce”, si bien los mismos serían desempeñados interinamente durante su ausencia. Cuatro días después, por real decreto de 7 de noviembre, Mac-Crohon fue designado para que se encargase interinamente “del Despacho de la Secretaría de la Guerra”.
Ese mismo día, otro real decreto, “queriendo perpetuar la memoria de la gloriosa campaña de África, y especialmente la toma de Tetuán por el ejército expedicionario”, concedía a O´Donnell, la “Grandeza de España de primera clase con la denominación de Duque de Tetuán, para sí, sus descendientes y sucesores, libre de todo gasto”.
Jesús N. Núñez Calvo
Coronel de la Guardia Civil (R) Doctor en Historia






































































