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El asesino etarra Javier Echebarrieta junto a Iñaki Sarasqueta, viajaban, el 7 de junio de 1968 en un Seat 850 por la N-I hacia Beasain. La pareja de Tráfico, conformada por los agentes Pardines y de Diego se encontraban en un control rutinario cerca de Villabona (Guipúzcoa).

Un Seat 850 Coupé blanco llamó la atención de José Antonio Pardines, por lo que decidió ir tras él con su motocicleta para interceptarlo. Tras saludar reglamentariamente a los dos ocupantes, les pidió la documentación del vehículo y se agachó para verificar si esta correspondía con los datos de la matrícula del automóvil. Los dos ocupantes eran Iñaki Sarasketa y Francisco Javier Etxebarrieta “Txabi”, quien sacó su pistola y le disparó un tiro en la cabeza., para luego rematarle con cuatro disparos más, muy típico en el futuro de estos execrables y cobardes asesinos.

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Pardines Arcay había nacido en Malpica de Bergantiños (La Coruña) en 1943, hijo y nieto de guardias civiles y el mayor de tres hermanos, ingreso en la Benemérita en 1963.

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                Un año más, se volvió a celebrar un acto en recuerdo de este vil asesinato, el primero de cientos más a lo largo de cuatro décadas, que por desgracia se están blanqueando de tal manera, que parece que no hubiesen ocurrido. Acontecimientos como este, nos recuerdan que sí existieron y que hay miles de víctimas con todo tipo de secuelas, al margen de las que ya no están con nosotros por haber sido asesinadas, que sufren diariamente no solo las dolencias físicas, sino las psicológicas viendo en libertad y con recibimientos de “héroes” a sus verdugos y olvida a sus verdaderas víctimas.

                En definitiva, cuando vemos a estos asesinos condenados deambulando tranquilamente por las calles, tenemos la misma impresión que evocó Primo Levi al recordar su vagabundeo por las ruinas de Munich después de ser liberado de su reclusión en Auschwitz: «Me parecía revolverme entre turbas de deudores insolventes, como si todos me debiesen algo y se negasen a pagármelo. Estaba entre ellos… pero ninguno miraba a los ojos, …eran sordos, ciegos y mudos, …todavía capaces de odio y desprecio, prisioneros todavía del viejo complejo de soberbia y de culpa» (Cfr. P. Levi (1995): La tregua, Muchnik Editores, Barcelona, pág. 208).

                Por parte de la HGCAE, acudieron en representación de la misma, el delegado de Galicia Javier Sánchez, y socios Manuel A. Alvariño y Miguel Castiñéiras, dejando constancia de nuestro inequívoco compromiso con todas las víctimas del terrorismo.

Ni olvido ni perdón, memoria, dignidad y justica para todas las víctimas.

Delegación nacional de prensa HGCAE.