El 2 de marzo de 1858, el fundador y primer Inspector General de la Guardia Civil, Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II Duque de Ahumada, emitió una circular con una serie de instrucciones y recomendaciones a los Jefes de los Tercios, recordándoles la importancia de las revistas anuales, en diferentes ámbitos del servicio, como único medio para evidenciar el puntual y exacto cumplimiento de la normativa vigente.
Tras la creación de la Guardia Civil, asentada su naturaleza militar, comenzó la organización, así como el reclutamiento, adiestramiento y despliegue de sus primeros efectivos por toda la geografía nacional. Sin embargo, para su máximo responsable, el Duque de Ahumada, era prioritario y fundamental dotarlo de un conjunto de normas que recogieran los principios y valores morales por los que habría de regirse el nuevo Cuerpo. Después de dictar las primeras circulares, procedió a redactar en 1845 lo que constituyó el mejor código deontológico que haya tenido una institución de seguridad pública: la “Cartilla del Guardia Civil”.
Desde su fundación, la Guardia Civil ha basado gran parte de su eficacia en el mantenimiento de un completo sistema de inspecciones en todos los niveles de su estructura orgánica y funcional, dirigido a garantizar que los servicios fueran prestados con la continuidad ordenada.
Actualmente, en función de cada nivel dentro de la estructura organizativa del Cuerpo y sin perjuicio de lo establecido en las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, la normativa interna en materia de mando, disciplina y régimen interior de las Unidades señala que el ejercicio del mando conlleva, entre otros, impulsar, mediante la vigilancia y el control, la ejecución de los servicios programados y nombrados, así como revistar e inspeccionar periódicamente el estado de conservación de los medios puestos a su disposición.
De tal manera, en las revistas y visitas de inspección, los mandos y autoridades con competencia deben comprobar que la organización y funcionamiento se encuentra en concordancia con lo recogido en los respectivos libros de la Unidad, verificando la actualización de estos. Existen dos tipos de revistas: ordinarias, cuando se realicen dentro de los plazos fijados en una determinada Instrucción y no lleven aparejada una finalidad precisa; y extraordinarias, cuando no se encuentren sometidas a un plazo fijo ni a una finalidad determinada, o bien se efectúen como consecuencia de hechos que no estaban enteramente previstos.










































































