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 Reportaje ELLAS 1

ESTÁN HECHAS DE LA INMENSIDAD MARINA QUE LAS HACE HUMILDES, DE LA SAL QUE LAS AYUDA A CONVIVIR, DE SENCILLEZ PARA ABARCAR LO SEGURO Y SON GENEROSAS COMO LOS BUENOS NAVEGANTES. SON LAS MUJERES DEL SERVICIO MARÍTIMO (SEMAR), LAS POLICÍAS DEL MAR QUE MARCAN EL RUMBO DE LA EXCELENCIA MARÍTIMA

 En Alicante, la patrulera Río Oja recibe el combustible que le aportará una autonomía de 600 millas durante más de 24 horas, que es la jornada prevista. En el puente de mando, la sargento 1º Eva María Esteban gobierna la nave. Su voz es suave, sentenciosa y precisa cuando indica al jefe de Máquinas el inicio de la salida. Ella y la tripulación forman un grupo compacto donde cada uno ocupa el lugar que le corresponde, y funcionan como un equipo que recorre la Costa Blanca en esta embarcación con casco de fibra de 20 m de eslora, 5 m de manga y 1 m de calado.

Sus motores con hidrojets son de 2.400 caballos, rápidos como el viento, para vigilar la pesca marítima, las embarcaciones de recreo, el narcotráfico, la protección del medio marino y los rescates. Sin perder detalle de los acontecimientos, maneja los instrumentos de navegación electrónicos con destreza -dos radares, cámaras de seguridad, un plotter sonda (mapa y GPS) y timón de última generación y se acerca a las barcas de recreo con sutileza.

“Cuando el mar está en calma, puedo ver en el radar hasta las gaviotas descansando en la superficie del mar”, nos dice entre relojes, tacómetros, brújulas o clinómetros. Empezar en el Semar en 2011 fue como llegar al puerto al que quería arribar, porque para ella esta vida es la que quiere vivir. Cuando la mar empieza a hacer “borreguitos”, cambia el rumbo hacia el norte, para estar cerca de las decenas de embarcaciones de recreo que fondean en la infinidad de calas de los parajes turísticos.

En la costa del Azahar, la sargento Laura Poyato navega desde la reserva marina de las islas Columbretes hasta la sierra de Irta. Además de patrón es ingeniero de montes y despliega su sensibilidad por el medio ambiente como el escudo protector de la marina castellonense. De patrulla por las lonjas, pone su ojo en el tamaño de los peces, como lo hace por la mar, observando las artes de pesca. Si las cosas no están como debieran, se tramita el expediente. “Las multas dentro de la reserva natural tienen unos costes muy elevados y su incumplimiento nos afecta a todos”. Laura vivió el duro rescate del cuerpo de un fallecido al que buscaban desde hacía una semana. Inerte en el agua, se golpeaba contra las rocas. Aun jugándose la vida, pudieron, junto al GEAs, entregar el cadáver a la familia.

Reportaje ELLAS 2BUQUE INSIGNIA 

El buque oceánico de la Guardia Civil surca el Atlántico hacia las costas senegalesas. La guardia civil mecánico-marinero, María Elena Prado, es una más en esta tripulación adaptable, que lo mismo funciona como marinero de Puente, Máquinas o Cubierta o forma parte del Núcleo Operativo. “Nunca pensé que tendría que preparar biberones en alta mar”, comenta al recordar ese rescate de decenas de migrantes entre los que había varios bebés.

Ahora es la única mujer destinada en el Río Segura, un lugar que será sobre todo su hogar durante el mes que dura la travesía. Vigilan y previenen el narcotráfico, participan en el salvamento de esos naufragios donde se pierden vidas. Elena, de la 96º promoción, solo conocía el mar desde la orilla. Ahora forma parte de aquellos que se sienten en comunión con él.

OTRAS ESTELASReportaje ELLAS 3

Desde el mismo corazón de la academia, Fátima Moreno siguió su propia espuma que era la estela del SEMAR, que aquel año se creó. Uno de sus trabajos iniciales, antes de ponerse el uniforme, fue hacer cajas de madera para el pescado, “¿Quién me iba a decir que terminaría comprobando esas cajas?, comenta.

En estos 30 años ha lidiado en las aguas bravas del Cantábrico, estuvo comisionada en los oceánicos, pudo sentir cómo los náufragos alivian sus rostros al verlos llegar, ha inspeccionado redes, controlado las artes de pesca, identificado licencias y documentos “y me he sentido apoyada, arropada por mis compañeros. Este uniforme me ha dado la oportunidad de trabajar con grandes profesionales que tienen algo en común: son buenas personas”.

Pudo comprobarlo cuando vivió en primera persona la sensación de saber que no eres nada ante un temporal y que quizá no regreses a casa ni vuelvas a ver a tus hijos. “Cada día en el mar es distinto”, nos cuenta desde Mallorca la guardia civil mecánico-marinera Belén Rubio. En la sala de máquinas, donde está realizando las comprobaciones a los motores, hace mucho calor. Revisa los generadores, las turbinas, el refrigerante del motor principal. Se agacha para ver las sentinas, muy pendiente de no encontrar líquidos. Percibió ese olor a aceite mezclado con gasoil que le encendió la alerta. Todo en orden, se conectan los térmicos para arrancar.

Realizarán una navegación costera una o dos millas de la costa Balear, e incluso algunas veces bajan hasta el Estrecho. “Hace poco tiempo llegaron a las islas seis pateras. Teníamos la proa llena de migrantes”, comenta Belén, que, en aquella ocasión, como en otras muchas, tuvo que extender su servicio de 24 horas a otras cuantas más. “Un día llegando a puerto escuché: ¡Socorro, socorro! Era un niño que se había caído desde el malecón al agua con su bicicleta. Accedí a la bandeja de popa y lo rescaté para entregárselo a su madre”, sonríe satisfecha.

Reportaje ELLAS 4FANGO Y FARDOS

Desde seguridad ciudadana entró a puerto Luisa Ochavo, la quinta de nuestras protagonistas. Fue en el Servicio Marítimo Provincial de Huelva, y allí sigue desde hace 27 años, aprendiendo cada día, fomentando el trabajo en equipo, el compañerismo y la unidad.

Comprueba que el material asignado esté en orden y le gusta echar una mano a sus compañeros mecánicos revisando el combustible y los motores de las distintas patrulleras que trabajan en esa costa tan difícil. Un día, en el puerto de isla Cristina con la Río Guadalobón, su patrón, el sargento 1º Juan le indicó que saliera con la auxiliar a dar una vuelta por el caño para ver si localizaban algún fardo. En la oscuridad de la noche, con esa pequeña embarcación sin luces de localización, encontraron lo que buscaban.

Estaban entre el fango escondido y sacaban la droga de allí. “Pero lo peor de ese duro trabajo fue lo que vino después. Cuando ya navegábamos, vimos que se nos venía encima una gran patera a toda velocidad con un motor potente. Comencé a gritar y agitar los brazos para que nos vieran, pero venía hacia nosotros.

En aquellos momentos, el sargento y la guardia éramos dos personas iguales con su vida en peligro. Pasó muy cerca, a escasos metros. Evidentemente, buscaban lo que nosotros habíamos encontrado”, confiesa sana, salva y feliz. Así son ellas sobre el mar, capaces de ganarse a pulso el respeto de a bordo. Policías del mar que buscan y encuentran su derrota, la que les dirige hacia el Servicio Marítimo de la Guardia Civil; las que hacen del auxilio y el respeto al mar su propia navegación

 

Publicado anteriormente en REVISTA GUARDIA CIVIL - agosto-21

LALIANA CASTELLANOS