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El 30 de mayo de 1991, la Guardia Civil desarticuló el comando de “liberados” BARCELONA un día después de que sus integrantes hubieran cometido el atentado contra la Casa Cuartel de Vic (Barcelona), en el que fallecieron 10 personas.

Eran cinco menores de edad, dos civiles familiares de los miembros del Cuerpo que residían en el acuartelamiento y tres guardias civiles, uno de ellos retirado, que participaba en las labores de auxilio a las víctimas. Además, resultaron heridas 44 personas, la mayoría civiles. En el acuartelamiento residían en esos momentos 14 guardias civiles, 13 mujeres y 22 niños.

Tras el atentado terrorista se estableció un operativo para localizar a los responsables. Las intensas gestiones de investigación realizadas determinaron el lugar en el que se ocultaban los terroristas tras perpetrar el crimen, un chalet en la localidad de Llissá de Munt (Barcelona), a 42 km de Vic.  

Cuando los efectivos de la Unidad Especial de Intervención (UEI) de la Guardia Civil  entraron en la vivienda para detenerlos, tuvo lugar un enfrentamiento en el que fue herido un guardia civil y resultaron fallecidos dos militantes de ETA, siendo detenido un tercer integrante del comando. Posteriormente, otras tres personas que habían servido de apoyo fueron arrestadas, actuación policial con la que el comando Barcelona de ETA quedó desarticulado.

La eficacia policial demostrada por la Guardia Civil en las labores de investigación y actuación sobre los terroristas constituye un pequeño homenaje a quienes fueron asesinados por la sinrazón de la barbarie terrorista.