
Se celebra en Lanzarote el juicio por la brutal agresión a dos agentes de la Guardia Civil en julio de 2017 tras acudir a un aviso de violencia sobre la mujer.
El Juzgado Penal Número 1 de Arrecife en Lanzarote ha acogido durante la jornada de ayer la multitudinaria y maratoniana vista de juicio oral para esclarecer los hechos y circunstancias de la brutal agresión sufrida por los agentes de la Guardia Civil cuando fueron requeridos para acudir a un aviso de violencia de sobre la mujer en la localidad de la Santa en Lanzarote en julio de 2017 en servicio de seguridad ciudadana.
La patrulla benemérita acudió a un aviso de emergencia por violencia de género y al llegar al lugar y no localizar a nadie, se acercaron a un cercano garaje donde se estaba celebrando una fiesta clandestina para ver si alguno de los presentes había visto algo o tenía alguna información.
Los agentes fueron recibidos con insultos y expresiones de odio, para posteriormente ser golpeados de forma sorpresiva y con suma violencia por una turba de personas diez veces superior en número, que les propinaron patadas y puñetazos haciendo peligrar gravemente su integridad física.
Siendo la pericia de uno de los agentes en prácticas de la patrulla, quien con el uso de su defensa extensible logró reducir momentáneamente a la turba y rescatar a su compañero del lugar para salvarle la vida hasta la llegada de nuevos refuerzos, siendo movilizadas todas las patrullas de la isla y una ambulancia de soporte vital.
Los letrados Jorge Piedrafita de la asociación IGC (Independientes de la Guardia Civil) y Juan Ramón Sadoz que ejercitan la acusación particular en nombre de los guardias civiles han solicitado condena por dos delitos de atentado agravado, dos delitos de lesiones menos graves, delito de odio e injurias a miembros y Fuerzas de Seguridad del Estado con una pena de 14 años de prisión, multa de 6000 euros, resarcimiento de los daños corporales por más de 60000 euros y la imposición de las costas procesales.
Desde la acusación, durante la extensa vista se ha podido acreditar la comisión por parte de los doce acusados (aunque uno ya ha fallecido) de unos hechos muy graves que merecen una pena justa que sea lo suficientemente disuasiva, abortando el intento previo al inicio de la sesión de juicio, de conformidad entre el Ministerio Fiscal y las defensas con unas penas irrisorias y un resarcimiento ínfimo a los guardias civiles.
Desde IGC, en palabras de su vicepresidente y portavoz nacional, Daniel Fernández, “seguiremos trabajando con contundencia para que estas agresiones no salgan gratis, erradicando la creciente pérdida del principio de autoridad y la sensación de impunidad ante una agresión a un agente. Estos hechos demuestran que es necesaria una mayor protección jurídica a los agentes y un endurecimiento de las penas ante este tipo de agresiones”.
Hechos como los ahora enjuiciados que mantuvieron al Guardia Civil D.D.G durante más de 72 en la UCI con riesgo de muerte, ponen en relieve la imperiosa necesidad de reconocimiento como profesión de riesgo para los guardias civiles que arriesgan su vida cada día para garantizar la seguridad de toda la ciudadanía.
Según Daniel Fernández “Estos tristes hechos empiezan ya a ser una práctica cada vez más habitual y el número de nuevos atentados, agresiones y menosprecios a los agentes no paran de crecer. Según nuestros cálculos se producen una media cercana a las 45 agresiones diarias a agentes en todo el territorio nacional y las estadísticas oficiales distan bastante de la realidad”. A lo anterior, ha añadido que “nos indigna profundamente que desde las Autoridades competentes se haga caso omiso a las reiteradas peticiones de asociaciones de Guardia Civil y sindicatos policiales para que, a través del ministro del Interior, se nos convoque a una mesa de trabajo para que, de una vez por todas, se consiga materializar el reconocimiento de profesión de riesgo. Es una cuestión de voluntad política con sus FFCCSE”
Desde IGC, han insistido en la necesidad de que se dote a todos los agentes de las pistolas eléctricas incapacitantes como complemento no letal al arma de fuego, que podría haber evitado los hechos ahora juzgados en Lanzarote. Asimismo, la asociación IGC solicitó a principios de julio a la DGGC a través de una propuesta pionera en materia de seguridad consistente en la dotación a los agentes de unas Bragas de protección de cuello anticorte, que resultarían muy convenientes ante un ataque a una zona tan vital como el cuello.











































































