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Escribo este artículo con ilusión porque para mí es un privilegio amén de un alto honor hacerlo ya que sin duda se trata de un Cuerpo que todos tenemos en la mente pero que parece que quisiéramos olvidar porque desempeñan una imprescindible labor en las cárceles, que es en sí un micro mundo dentro del mundo que vivimos a diario.

“Soy muy pocos los que se han dignado a escribir de un colectivo que realiza diariamente un buen servicio a la sociedad. Es una pena que un colectivo, aunque pequeño, sea ignorado y oculto como si fuéramos los demonios de este infierno. Es triste que la sociedad desconozca y no se interese por las muchas funciones que realizamos a diario”.

“Es curioso y al mismo tiempo lamentable que cuando son las fiestas navideñas los locutores de radio y televisión felicitan en esas fechas a policías, militares, sanitarios, bomberos y nunca a los funcionarios de prisiones”.

Son palabras de un funcionario del Cuerpo de Prisiones adscrito a la Vigilancia Interior en un Centro Penitenciario que debería, al menos, hacernos pensar. 

Esta y no otra es la intención de este artículo publicado hoy domingo en Sal Televisión, el de visualizar la labor y la entrega de cuantos desempeñan la vigilancia interior dentro de este Cuerpo. Es la forma que tengo de hacerles un homenaje, así como un acto de justicia.

Vamos a comenzar por el principio haciendo un poco de historia. El Cuerpo de Funcionarios de Prisiones en España tiene sus orígenes en el último tercio del siglo XIX comenzando a ser una administración profesionalizada, ya en el Reinado de Alfonso XII (1881) se crea el Cuerpo Especial de Establecimientos Penales. Un año después pasó a denominarse Cuerpo Especial de Prisiones. En 1932 se creó el Cuerpo Femenino de Funcionarias de Prisiones encargadas de la vigilancia y custodia de las reclusas. La actual estructura se fundamenta y rige por la Ley 36/1977 de 23 de mayo.

La Patrona del Cuerpo de Prisiones es la Virgen de la Merced toda vez que la Orden Mercedaria, entre otras, se encargaba de la asistencia de los privados de libertad. 

Los Funcionarios de Prisiones han estado casi siempre integrados y dependiendo del Ministerio de Justicia, son los pies y las manos en materializar la ejecución de las sentencias dictadas por los Jueces, aunque actualmente están integrados en el organigrama del Ministerio del Interior, perteneciendo a la estructura de la Administración General del Estado (AGE). Siempre ha sido un Cuerpo Especial de la Administración del Estado y según la Ley de Enjuiciamiento Criminal, Policía Judicial del Estado en el ejercicio de sus funciones. 

Los Funcionarios de Prisiones de vigilancia interior, conviven directamente con la población reclusa, realizando labores de vigilancia, custodia, registros, cacheos, también de educadores, trabajadores sociales, bomberos en casos de incendios, y sobre todo creando un clima de paz y orden en el interior de las prisiones para que se pueda llevar a cabo los distintos programas de tratamiento que conduzcan a la reinserción social, fin primordial de la Institución que representan. Tal y como dijera Concepción Arenal: “Odia el delito y compadece al delincuente”, en esta frase se puede resumir el trabajo del Cuerpo de Prisiones en la actualidad. 

Hoy en día la tabla reivindicativa de estos servidores públicos se basa en ser Agentes de la Autoridad en el ejercicio de sus funciones, tener un Estatuto Propio, pertenecer al Grupo B del AGE y el mismo salario que las prisiones de Cataluña y País Vasco. “Mismo trabajo, mismo salario”.

Es de justicia que consigan estas reivindicaciones pues si no lo hacen los responsables del ministerio donde están adscritos estarían cometiendo una vileza contra quienes todos los días del año, las veinticuatro horas que tiene la jornada, desarrollan notablemente su labor profesional en los centros penitenciarios.

Siempre, los que me conocen lo saben, me gusta escribir del lado humano, es decir, ponerse en la piel del que se reviste con el uniforme. Gracias a Dios tengo un buen amigo que pertenece al Cuerpo de Prisiones en vigilancia interior al cual le pedí que me contara algo de su vida personal y de cómo llegó a este en el que ingresó hace cuarenta y cuatro años.

Pienso que es primordial poner nombres y apellidos que ayuden a visualizar a esas personas que desempeñan sus funciones en los centros penitenciarios para así poner en valor el trabajo que llevan a cabo. 

En mis libros, también en los artículos que escribo, intento por todos los medios tener muy presente la línea humanista.

Tomás nació en Triana un 10 de diciembre de 1958, ingresó en el Cuerpo de Prisiones en el año 1982, realizando el Curso en la Escuela de Estudios Penitenciarios de la Prisión de Carabanchel donde estuvo destinado, posteriormente ejerció su función profesional en la Prisión Provincial de Sevilla, conocida como la Ranilla, único centro penitenciario donde la banda terrorista ETA puso una bomba en 1991. Posteriormente y cuando se clausuró pasó a prestar servicio en el Centro Penitenciario Sevilla-1, carretera Torreblanca-Mariena del Alcor. En diciembre de 1988 fue nombrado Jefe de Servicios por concurso oposición. Cargo que ocupa en la actualidad.

La Familia Pagés-Madrigal la conforman cinco hermanos amén de los padres, claro está. Tomás, Alejandro, que es su mellizo, que ingresó antes que él en el Cuerpo de Prisiones y actualmente ejerce como Jefe de Servicios en El Puerto de Santa María, José Manuel, que es arquitecto, Santiago, comerciante, y María Pagés, su hermana pequeña, que es bailaora y coreógrafa. Su madre María Jesús “Masu” era comercial, tenía una tienda de zapatos en Nervión y posteriormente una ortopedia y su padre Manuel, catedrático de Dibujo Técnico.

El Arte, con mayúsculas, corre por su sangre y no solo por su hermana María Pagés, conocida bailaora y coreógrafa, sino también por él mismo ya que Tomás antes de ser Funcionario en Prisiones fue bailaor de Flamenco, estuvo en la Escuela del Ballet Nacional cuando la dirigía Antonio Ruiz Soler, conocido artísticamente como Antonio “El Bailarín”. 

Posteriormente estuvo en el Ballet de María Rosa realizando gira por Japón y Rusia cuando el recordado Juan Antonio Samaranch Torrelló era Embajador de España en Moscú. Precisamente se izó por primera vez la bandera de Andalucía, en dicha Embajada en la recepción del Ballet. También perteneció al elenco del bailaor Curro Vélez, así como realizando giras por Europa con otras compañías. Su última actuación la realizó junto a su hermana María Pagés en el Teatro de Capitanía General en Plaza de España, en conmemoración del 25 Aniversario de la fundación del Club Cultural Guadalquivir en Sevilla. 

Tomás dejó de ser profesional en el Baile Español y Flamenco a raíz de distintos avatares de la vida y accidente de tráfico, que le alejaron de esta profesión, entonces fue cuando su mellizo Alejandro, que ejercía su profesión en el Cuerpo de Prisiones con destino en Gerona, le ayudó a estudiar la oposición la cual aprobaría en el año 1982.

Tomás Pagés Madrigal es Diplomado Superior en Criminología, Diplomado Superior en Detective Privado amén de numerosos cursos entre los que destacaría director de seguridad privado, Derecho y Medina Legal, drogadicción y seguridad ciudadana, Administración de Instituciones Penitenciarias, Legislación Penitenciaria, defensa personal y técnica policial, Jefe de Servicios, prevención y extinción de incendios…

Cuenta en su larga trayectoria profesional con numerosos méritos, recompensas y condecoraciones como las siguientes: Mención Honorífica por la Dirección General de Protección Civil, Mención Honorífica que otorga la Jefatura Superior de Policía de Andalucía Occidental, Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco, Mención Honorífica de IIPP, Mención Honorífica que concede la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, en reconocimiento a su trayectoria profesional y en especial, a su dedicación, alto nivel de exigencia y buen hacer profesional como Jefe de Servicios en el Centro Penitenciario de Sevilla, Gran Cruz de Mérito de los Santos Ángeles Custodios, Medalla de Bronce al Mérito Penitenciario.

En febrero de 2021 la Jefatura Superior de Policía de Andalucía Occidental solicita a la Dirección General de la Policía su nombramiento como Miembro Honorario de la Policía Nacional.

También hay que destacar que, desde la década de los ochenta del pasado siglo, realiza labores de enlace entre la Jefatura Superior de Policía de Andalucía Occidental y el Centro Penitenciario de Sevilla-1 de forma ininterrumpida con constante información y colaboración que han motivado la concesión de distintas menciones honoríficas y de su ingreso en la Orden del Mérito Policial.

He querido traer a este artículo la semblanza de Tomás Pagés Madrigal para que veáis el alto nivel de preparación, formación continua y nivel de exigencia que tienen esos grandes desconocidos para la sociedad como son los funcionarios de Prisiones. 

Tomás es el punto de referencia de cuantos conforman este noble Cuerpo que realizan unas funciones que son imprescindibles para toda sociedad. Los centros penitenciarios son, a mi entender, un micro mundo donde tienen cabida aquellas personas que habiendo infringido la ley han sido condenadas a cumplir condenas en los mismos. Para que todo marche como debe, en su día a día, para que se mantengan la necesaria paz y se propicie la mejor convivencia posible, para que se aprovechen los recursos que tienen los reclusos a su disposición para que la ansiada reinserción se pueda conseguir, es inmensamente necesaria la labor profesional de los funcionarios de Prisiones. 

La uniformidad es muy similar a la de la Policía Nacional salvo por la placa, emblema, así como la identificación como miembros de Instituciones Penitenciarias. 

El emblema está formado por una espada desnuda y vertical superpuesta a una rueda dentada, rodeando a éstos una palma en la parte derecha y una rama de laurel en la izquierda concluyendo con una corona en la parte superior. 

La espada se encuentra superpuesta en la rueda de la Justicia, como expresión que sobre la redención por el trabajo que es lo que expresa la rueda dentada, estará la custodia como principal actividad penitenciaria. Pacis custodia Custos, “la defensa de la Paz es el custodio”.

Las hojas tanto de palma (derecha), son en honor a las antiguas órdenes, tipo Mercedarios o Trinitarios que se han dedicado al cuidado de presos. El laurel (izquierda) es en honor a la labor de quienes trabajan en esto. Todo ello bajo la corona. 

Habiéndose hecho referencia a las órdenes de los Trinitarios, así como los Mercedarios quiero aprovechar y mostrar mi admiración por la labor que realiza la Fundación Prolibertas, que es una entidad social creada en 2001 por la Orden de la Santísima Trinidad y que tienen entre sus misiones las visitar, escuchar, atender, en la medida de sus posibilidades, a toda persona privada de libertad. 

Conozco el trabajo de esta Fundación gracias a mi querida Archicofradía Sacramental de Medinaceli de San Fernando (Cádiz), lugar de donde soy originario.

Y es que no todo el mundo está dispuesto a visitar, ayudar por medio de la escucha o conversación a los reclusos de los distintos centros penitenciarios. Parece que en esta sociedad todo está “cosido” para proporcionar bienestar y todo lo que nos aparte de la permanente felicidad en la que quieren hacernos creer es desechado e incluso orillado al arcén del olvido. 

De ahí que haya un cierto alejamiento con la cara B de la vida, la de las preocupaciones, enfermedad, muerte y todo los que nos dé un baño de realidad ante la fantasía que muchos quieren creer para vivir. 

En esa cara B están los reclusos, las instituciones penitenciarias y, por ende, los Funcionarios de Prisiones. 

Contaré una anécdota real de la sugestión que produce un centro penitenciario y quienes la conforman. 

Fernando y Conchita, padres de Hetepheres, mi mujer, tenían un chalé en una urbanización en El Puerto de Santa María (Cádiz) y lo tenía alquilado a un señor que regentaba el bar del Centro Penitenciario Puerto-1. Un día hablando con mi suegra le dijo que invitaba a comer tanto a Conchita como a Fernando y la hija de ambos, Hetepheres. Le había dicho que preparaba buenos guisos y mi suegra, que siempre fue de buen yantar, le encantó la idea y quedaron emplazados para el domingo siguiente, que él la llamaría para indicarles por donde entrar y lo que tenían que comunicar al cuerpo de guardia. 

Cuando Conchita le dijo a su hija adolescente que comerían en Puerto-1, pensó lo que muchos en su caso, que era un día de jornada de puertas abiertas y lo harían con los reclusos, cosa que a ella no le gustó demasiado la idea. Se opuso pertinazmente, pero los padres, sobre todo en aquella época, ya habían decidido. 

El domingo siguiente cogieron carretera para viajar de Jerez al Centro Penitenciario de Puerto-1. Mi mujer, por supuesto, protestando y sus padres sin hacerle caso alguno. 

Cuando llegaron vieron que no entraban en el centro penitenciario, sino que se desviaba hacia una zona perimetral donde había incluso unas viviendas en las que vivían parte de los que allí trabajaban y dentro de la misma una cantina que estaba destinada para el personal de la prisión portuense. 

Cuando le comenté que iba a escribir este artículo me dijo que cuando se sentó y se vio rodeada por Funcionarios de Prisiones, miembros de la Guardia Civil, Policía Nacional, se encontró muy bien y tranquila pues la película que se había imaginado no era para nada como fue en la realidad. Todos fueron muy cordiales con ellos y destaca, a pesar del tiempo transcurrido, que la comida era especialmente buena. 

Y desde ese día, que pudo conocer a quienes trabajaban a diario con los reclusos, admiró y valoró más aun los servicios que prestan.

Esta anécdota no es nada excepcional pues a todos los que nos encontramos años luz de esta realidad, que es el devenir diario de las instituciones penitenciarias en España, creo que reaccionaríamos, más o menos, de igual forma y todo por el gran desconocimiento que existe en la sociedad de la labor que ejercen los que prestan sus servicios en los centros penitenciarios.

El fin de este artículo, que hoy se publica en Sal Televisión, no es otro que ofrecer un justo reconocimiento a cuantos conforman el Cuerpo de Funcionarios de Prisiones de vigilancia interior, es poner en el espacio público la imprescindible labor que realizan, es hacer que sean visibles en la sociedad y que cuando felicitemos a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado también nos acordemos de ellos porque trabajan, según su ámbito de actuación, para mantener la normal convivencia por medio de la Ley y el Orden. 

Es un honor haber podido escribirlo, adentrarme en sus funciones, declamar sus justas reivindicaciones, hacer visible el lado humano de quienes cada día se enfundan el uniforme, como es el caso de mi buen amigo Tomás Pagés Madrigal, al cual le agradezco toda la información que me ha proporcionado para poder escribirlo,  también por datos más personales, esto me ha costado un poco más conseguirlo, hay que reconocerlo, pues es hombre alejado del foco público, pero que entendió mi primigenia idea de que para hablar de la Institución y Cuerpo al que pertenece también hay que hacerlo de las personas que los conforma. Es envolver del necesario humanismo que hace sea palpable que detrás de un Funcionario de Prisiones hay una persona, con su historia, su proyección profesional, sus ayeres, ilusiones, familia, momentos duros y otros felices como lo es la vida misma. 

Daros las gracias a todos los que conformáis el Cuerpo de Prisiones por lo que hacéis a diario, por cumplir con vuestro deber, por ser custodios y también seres humanos. Vosotros contempláis a diario lo que nadie ve o quiere ver. Esa es vuestra grandeza y mayor honor. No todos pueden ser el último eslabón de la Justicia.

Que la Virgen de la Merced os cuide a vosotros, familia, seres queridos y amigos

Jesús Rodríguez Arias

Sal Televisión