
El Museo del Ejército de Toledo recuerda los cuatro siglos de historia de Cuba y Filipinas españolas en una exposición temporal y ofrece una visión del Ejército español en los últimos años del siglo XIX. la entrada a la exposición "1898 - El final de cuato siglos de Cuba y Filipinas españolas" será gratuita mientras dure la misma.
El próximo día 22 de noviembre a las 11:00 horas el general de ejército JEME, Amador Enseñat y Berea, acompañado por el director del Instituto de Historia y Cultura Militar y el director del Museo del Ejército, inaugurará la exposición temporal "1898 - El final de cuato siglos de Cuba y Filipinas españolas".
Con esta exposición y su catálogo, el Museo del Ejército de Toledo ofrece una visión de cómo era el Ejército español en los últimos años del siglo XIX. Aquel momento no fue más que el desenlace final de una profunda crisis que España venía padeciendo en Cuba y Filipinas desde hacía décadas.
El 125 aniversario del controvertido año 1898 supone una excelente oportunidad para el estudio y la reflexión. Por ello se han reunido diferentes piezas, casi todas de los fondos del Museo, que permiten al visitante revivir aquellos tiempos de sufrimientos, penalidades y gestas gloriosas en guerras fratricidas que protagonizaron soldados españoles peninsulares y soldados cubanos y filipinos de la España de Ultramar.
El primer ámbito se dedica al contexto histórico de la España de finales del siglo XIX. Presenta el retrato de la Reina Regente junto a su joven hijo Alfonso XIII, que en 1898 tenía sólo doce años de edad. Luego, el visitante entra en un espacio dedicado a la última guerra en Cuba (1895-1898): fotografías sobre actividades propias de los soldados; maquetas de ingeniería militar; la Sanidad Militar con un homenaje muy especial al capitán médico Santiago Ramón y Cajal, futuro nobel de Medicina (1906), que opositó y obtuvo plaza en el Cuerpo de Sanidad Militar y marchó destinado a la guerra (Camagüey, Cuba) como médico (1875) –se exhiben objetos suyos de la milicia y uno de sus microscopios–; armas portátiles, blancas y de fuego; una granada rompedora; el característico uniforme de rayadillo y medallas de campaña. Contiene también una parte dedicada a los capitanes generales Arsenio Martínez Campos, Valeriano Weyler Nicolau y Ramón Blanco Erenas.
Se han incluido miniaturas de soldados, un curioso y rústico cañón forrado de cuero de los mambises y piezas interesantes que pertenecieron a los dos militares cubanos más importantes: el generalísimo cubano-dominicano Máximo Gómez Báez y su lugarteniente. el general oriental Antonio Maceo y Grajales, el Titán de bronce.
No podían faltar dos de los héroes más destacados: el soldado Eloy Gonzalo, el Héroe de Cascorro; y el general Joaquín Vara del Rey, que fue el defensor de El Caney (1898). Cerrando el espacio dedicado a Cuba se encuentra el boceto del grupo escultórico No importa, conservado en el Museo. La frase es tan antigua como la Infantería española y se aplica cuando hay que cumplir una misión, aunque cueste la vida en ello. A continuación, se abre un segundo ámbito dedicado a Filipinas.
Muestra panoplias que permiten conocer las distintas armas tradicionales de los tagalos en miniatura; una maqueta de una típica casa nipa; una lantaca; atuendos de los combatientes tagalos y objetos del Katipunan, la sociedad secreta fundada en 1892 para establecer una república y alcanzar la independencia de España.
Por parte española, un espacio queda dedicado a dos capitanes generales: Camilo García de Polavieja y Fernando Primo de Rivera. No faltan banderas españolas y cierra el apartado la escultura del teniente laureado Saturnino Martín Cerezo, héroe que lideró a los Últimos de Filipinas en la defensa de Baler (1898-1899).
La exposición pretende recuperar del olvido los sacrificios y penalidades de los soldados españoles durante la guerra, como también el de los cubanos y filipinos que lucharon y murieron por su patria y sus ideales.
Fruto del esfuerzo y la sangre vertida fue el nacimiento de dos nuevas naciones de estirpe hispana. Naciones a las que, una vez superados los enfrentamientos, hoy nos une una fraterna amistad. Culmina con un espacio dedicado al ingente legado español en Cuba y Filipinas











































































