icono FACEBBOK icono TWITTER icono TWITTER icono YOUTUBE icono CARTAS AL DIRECTOR icono_INSTAGRAM.jpg icono DIRECCION icono DIRECCION

cabeceratribunabenemerita

 Servicio del puesto de Algeciras en el rescate de heridos tras derrumbe de una casa ("Guía del Guardia Civil", 1-01-1854).

La Guardia Civil protagonizó numerosos servicios heroicos en 1854 al rescatar víctimas, perseguir delincuentes y asistir a ciudadanos en situaciones extremas. El periódico 'Guía del Guardia Civil' destacó la eficacia, humanidad y entrega del Cuerpo en múltiples intervenciones a lo largo del territorio nacional

Prosiguiendo con el resumen de los diferentes y beneméritos servicios policiales que se iban destacando y publicando al inicio del año 1854 en el periódico Guía del Guardia Civil, merece especial atención el que se cita en su número 118, del 1º de enero.

Según se relataba en la sección de servicios relevantes del Cuerpo, en la tarde del 14 de diciembre anterior, y como consecuencia de un fuerte temporal acaecido, “se desplomó una de las casas de las huertas inmediatas a Algeciras”.

Tal y como se detallaba, inmediatamente acudió el comandante de puesto de la Benemérita en la ciudad, cabo 1º Luis Fernández, con los guardias civiles Antonio Morales, Juan Alcázares, Antonio López y Agustín Rivas. Gracias, “a su pronta llegada y a las oportunas disposiciones que tomaron”, pudieron rescatar a dos hombres que sacaron de entre los escombros de la vivienda, “el uno con una pierna rota y el otro gravemente lastimado”.

A su vez, los residentes de las huertas inmediatas, lograron igualmente rescatar a otra víctima, que también se encontraba en un estado físico lamentable. Finalizaba la crónica afirmando que esas tres víctimas, sin el auxilio prestado por guardias civiles y vecinos, “hubieran perecido sin la pronta y eficaz asistencia”.

Dicho servicio, cumplimentado en el término municipal algecireño, era uno más de la multitud que venían practicándose por toda la geografía nacional desde que casi una década antes comenzase a desplegarse la Benemérita.

Al mes siguiente, el Guía del Guardia Civil, en su número 121, publicado el 1º de febrero de 1854, comenzaba, a modo de editorial, afirmando que, durante el año anterior, “se ha escrito una brillante página en la historia del Cuerpo, constituyendo cada servicio un párrafo de noble emulación y virtud militar.”

A lo largo de sus primeras hojas se hacía un balance resumido de la labor hecha por la Benemérita, a nivel nacional. Se iniciaba poniendo en valor la actuación de los guardias civiles en un total de 283 incendios, en cuya extinción habían participado, “prodigando su auxilio, su sangre, y reproduciendo su existencia, digámoslo así: en unos, precipitándose en las llamas, para salvar personas e intereses; en otros, dando ánimos con su ejemplo, y en todos llenando su deber.”

Seguidamente se hacía mención de los más de 200 asesinos y 379 antiguos criminales y reos prófugos puestos a disposición judicial, “sin que hayan descansado un instante en su persecución; pues el ardor en ella, crecía tanto más, cuanto mayor era la fama de los perseguidos, no reparando nunca en las horas de fatiga, en los peligros, ni en las estaciones: en los días ardientes de julio como en los crueles de enero, la constancia en la persecución, y la actividad en los medios han sido iguales”.

A continuación, se referenciaban los 221 “auxilios pecuniarios o actos caritativos”, poniendo en valor la “filantropía y generosidad, practicadas hasta con los mismos criminales y sus familias”. Tal y como se exponía, “los pueblos lo ven diariamente, que los individuos de la Guardia civil, saben ser serenos y esforzados en el peligro, fieros, si se nos admite la expresión, y humanos luego, hasta el punto de compartir con el desgraciado, el socorro que su Reina les da para sí.”

También se hacía referencia a los auxilios practicados a 278 carruajes en las diferentes carreteras españolas, poniéndose en referencia a guardias civiles que, llevaron su celo, “al extremo de precipitarse bajo las ruedas de un coche y las patas de las mulas, por salvar la vida de los pasajeros: los hubo que han llevado sobre sus hombros, señoras desmayadas, caballeros estropeados, ancianos enfermos, llegando repetidas veces el caso de despojarse de su capota y ropa de abrigo, para proteger al viajero atribulado; continuando algunos en tal situación escoltando el carruaje más de veinte y cuatro horas”.

El carácter benemérito del Cuerpo era puesto en valor: “En los torrentes, en las avenidas, en las tempestades, en los naufragios, en las inundaciones, en medio de todo género de ruinas y desgracias, allí se ha visto a la Guardia civil. Cuanto más inminente era el riesgo, más eficaz era el servicio; no importaba que durase horas ni días, ni que, como sucedió en repetidos casos, se viesen envueltos en él las familias y enseres de los Guardias; ellos continuaban con la misma fe, ardor y preferencia, con la mayor abnegación, sin cuidarse del auxilio de sus mujeres e hijos”.

Tras diversas consideraciones finalizaba el editorial, mencionando, “el resumen general de las capturas, el cual arroja un número de 12.827 delincuentes y ladrones, 1.068 reos prófugos, 706 desertores, y a más 26.579 detenidos por faltas leves, y 205 contrabandos”. Respecto a estos últimos delitos e infracciones de naturaleza fiscal, del que nuestro Campo de Gibraltar supo mucho por la colonia británica de Gibraltar, hay que recordar que el esfuerzo principal de la persecución del contrabando, tanto en costas, puertos, puntos habilitados, fronteras e interior del territorio nacional, correspondía entonces al Cuerpo de Carabineros del Reino.

Una destacada referencia mereció la concesión de la primera enseña nacional al benemérito Instituto, de la que se hizo amplia referencia en el número 129 del Guía del Guardia Civil, correspondiente al 20 de abril de 1854. Concretamente se detallaba en el extenso artículo que encabezaba dicho periódico, la primera jura de bandera realizada el primer día de dicho mes, con esa primera enseña nacional, que había sido otorgada a su Primer Tercio (Madrid). Tal y como se terminaba diciendo: “La Guardia civil posee hoy un tesoro que le servirá de vínculo honroso en que poder cifrar la gloria de sus hijos”.

Continuando con los notorios servicios que se recogían en el Guía del Guardia Civil, referidos al puesto de Algeciras, mención especial merece el publicado en su número 148, correspondiente al 10 de noviembre de 1854. Concretamente, se informaba que el 28 de octubre anterior, el nuevo comandante de puesto de dicha localidad, cabo 1º Pedro Martínez, auxiliado por los guardias civiles Pascual Esteban y Eulogio Peláez, habían procedido a la detención de, “un criminal reclamado por el señor juez de 1ª instancia del partido; cuyo reo tenía dos causas pendientes por varios delitos”.

Jesús N. Núñez Calvo
Coronel de la Guardia Civil (R) y Doctor en Historia