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Carro de combate Leopard 2E del Ejército de Tierra disparando un proyectilImagen de un carro de combate Leopard 2E del Ejército de Tierra español mientras realiza un disparo.

Ha adjudicado a la compañía española el proceso de I+D de una plataforma acorazada de nueva generación, concebida para operar en entornos altamente exigentes

Aunque su cuantía aún no llama especialmente la atención ante la avalancha de grandes adjudicaciones que está realizando el Ministerio de Defensa en estos últimos días del año, la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) ha adjudicado a Indra Sistemas 45 millones de euros (impuestos incluidos) para un programa que esconde más de lo que dice su escueto nombre: Pamov (Servicio de I+D) Desarrollo de un sistema de combate terrestre superior.

La descripción del contrato, cuyo plazo de ejecución es de dos años, ya nos da alguna pista más: "El sistema de combate consistirá en una plataforma acorazada de nueva generación, concebida para operar en entornos altamente exigentes, con un nivel de prestaciones que supere ampliamente las capacidades actuales. Deberá integrar tecnologías avanzadas en materia de propulsión, protección, letalidad y conciencia situacional, garantizando una elevada movilidad táctica y estratégica, así como una plena interoperabilidad en entornos multinacionales. La arquitectura digital, abierta y escalable, permitirá su evolución tecnológica sostenida durante el ciclo de vida, facilitando la incorporación de mejoras futuras sin rediseños estructurales".

Con todo, de lo que se está hablando es del nuevo carro de combate español que habrá de sustituir en un futuro a los Leopard 2E del Ejército de Tierra, independientemente de que estos se actualicen a la versión 2A8 en el medio plazo. El objetivo es buscar un sustituto, con el horizonte puesto en el año 2040, "a los Leopard alemanes y a los Leclerc franceses", tal y como dejaba claro la descripción del programa en el Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa que aprobó el Gobierno en abril de este año. 

Este contrato es paralelo, aunque con intención de convertirse en algún momento en convergente, con el programa MGCS (siglas en inglés de Sistema Principal de Combate Terrestre), desarrollado en una iniciativa franco germana de la que forman parte KNDS, Rheinmetall y la francesa Thales, y en el que no está España, al menos en el corto y medio plazo.

El pasado mes de junio se establecía en la ciudad alemana de Colonia la sede precisamente de la compañía Main Ground Combat System Proyect Company GmbH (MGCS Project Company). El coronel en la reserva del Ejército alemán Stefan Gramolla fue nombrado primer director gerente de la nueva empresa. MGCS Project Company se encargará ahora de consolidar el concepto y los principales pilares tecnológicos del futuro sistema, que se acordó que fuesen ocho. 

Se trata de la siguiente fase de un programa del que la nueva sociedad figura como contratista industrial principal. La Oficina Federal de Equipamiento, Tecnología de la Información y Apoyo en Servicio del Bundeswehr (BAAINBw) es la encargada de actuar en nombre de los dos países implicados a través de un Equipo de Proyecto Combinado (CPT).

El MGCS es un programa de armamento diseñado para reemplazar los carros de combate Leopard 2 alemanes y Leclerc franceses por un sistema de combate multiplataforma para el año 2040. Se da la circunstancia de que los dos países socios, Francia y Alemania, comparten con España otros dos grandes proyectos militares de gran calado en Europa: el del avión de transporte A400M y el de futuro sistema de combate aérea FCAS, cuyo núcleo es un caza de sexta generación.

Madrid ha mostrado en varias ocasiones su interés en entrar en este programa franco-alemán, aunque no ha recibido respuesta por el momento. 

Más de 120.000 empleados entre los tres socios

De momento, el programa franco-germano está industrialmente conformado por las firmas KNDS, Rheinmetall y Thales. KNDS es, a su vez, el resultado de la asociación de Krauss-Maffei Wegmann (KMW) y Nexter, dos de los principales fabricantes europeos de sistemas militares terrestres con sede en Alemania y Francia. La firma que la suma de ambas ha formado cuenta con en torno a 10.000 empleados y factura 3.800 millones de euros al año (datos correspondientes a 2024. Su cartera de pedidos suma 23.500 millones de euros, después de que en el último ejercicio entrasen nuevos encargos por valor de 11.200 millones de euros. Su catálogo de productos incluye carros de combate, vehículos blindados, sistemas de artillería, munición y puentes militares, entre otros.

Sus responsables afirman que la creación de KNDS “representa el inicio de la consolidación de la industria de sistemas de defensa terrestre en Europa”.

Por su parte, la alemana Rheinmetall AG, con más de 31.000 empleados, 171 centros de actividad en distintos puntos del mundo y una facturación de 9.800 millones de euros en 2024, es uno de los principales contratistas internacionales de defensa. Se trata de uno de los mayores fabricantes de sistemas terrestres de Europa.

Finalmente, la francesa Thales basa su actividad en la tecnología de defensa y aeroespacial. Se trata de la mayor de las tres, con sus más de 83.000 empleados en 68 países y unas ventas de 20.600 millones de euros registradas en 2024. La firma dedica casi 4.000 millones de euros al año en investigación y desarrollo, “especialmente en áreas de innovación clave”, explican sus responsables, como la inteligencia artificial, la ciberseguridad, las tecnologías cuánticas, las tecnologías en la nube y las redes móviles 6G.

El contrato ahora adjudicado a Indra tiene un enfoque conceptual y de diseño de cara a su desarrollo futuro, ya sea en solitario, ya en el caso de que España se una al programa franco-alemán. Para ello, la compañía española convertirá sus instalaciones de El Tallerón, en Gijón, en la sede de la nueva división de vehículos blindados –denominada Indra Land Vehicles– y centro neurálgico para el desarrollo del nuevo carro de combate. Además, Indra busca suelo en Asturias para instalar un campo de pruebas de este tipo de vehículos y habría firmado un acuerdo con Hunosa para estudiar el aprovechamiento de antiguos terrenos mineros.

Por Ángel Luis de Santos

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