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La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, un referente de excelencia en la investigación criminal, ha sido señalada de manera mezquina por José Luis Ábalos, quien insinúa que las filtraciones de sus conversaciones con Pedro Sánchez podrían provenir de esta unidad de élite.

Esta acusación no solo es rotundamente rechazada por los investigadores, sino que resulta profundamente indignante para quienes conocemos la trayectoria intachable de la Guardia Civil, una institución que lleva 181 años sirviendo a la sociedad con neutralidad, rigor y compromiso.

La Guardia Civil, y en particular la UCO, no merece ser objetivo de calumnias ni de poner en duda su imparcialidad ni sus investigaciones. Las palabras de Ábalos, que buscan sembrar dudas sobre la integridad de una institución ejemplar, no son solo un ataque de un investigado a los investigadores, sino un intento deliberado de desprestigiar a un cuerpo que encarna los valores de neutralidad, honor, lealtad y servicio público.

Más grave aún es que estas acusaciones provengan no sólo del propio imputado-investigado sino también de miembros del propio Gobierno, quienes deberían ser los primeros en defender la neutralidad de una institución que vela por el cumplimiento de la ley, sin distinciones de color político.

Desde su fundación en 1844, la Guardia Civil ha mantenido intactos los principios establecidos por el Duque de Ahumada, plasmados en la Cartilla del Guardia Civil. No solo en la Cartilla del Guardia Civil, publicada en 1845 por el propio Duque de Ahumada, pone blanco sobre negro, cuales deben ser las cualidades morales del guardia civil, uyos valores de honradez, honor, deber, lealtad, sacrificio, compañerismo y seriedad en el servicio siguen vigentes en los nuevos guardias civiles y en la propia institución, entre ellos su crucial y decisiva insistencia en la neutralidad política de sus componentes, en 1868 el Teniente General Francisco Serrano Bedoya ordenaba a sus miembros abstenerse de cualquier injerencia en asuntos políticos, bajo amenaza de sanción. Esta orden no era un capricho, como no lo era la insnstencia de Ahumada en este mismo tema, sino la base que define a una institución volcada en la seguridad pública, la equidad y la justicia. Hoy, 181 años después, esos valores siguen siendo el pilar de la Guardia Civil, que no es patrimonio de ningún partido, sino de todos los españoles.

Mientras en la política el amiguismo, el corporativismo y la protección de las “manzanas podridas” son moneda corriente, la Guardia Civil actúa con ejemplaridad. Cuando detecta cualquier conducta indigna en su seno, la aparta de inmediato, sin miramientos. En cambio, en el ámbito político, las manzanas podridas suelen ser ignoradas o defendidas hasta que la Guardia Civil, con los deberes bien hechos, las pone en evidencia. Como dijo Mario Conde tras ser detenido por: “Si es la Guardia Civil, es que vienen con los deberes hechos”. Esa es la realidad de una institución que no se doblega, que no se corrompe y que persigue el delito con la misma determinación, sea quien sea el culpable y la UCO también es la Guardia Civil.

Acusar a la UCO de filtraciones es no solo mentira, sino un acto ruin que pretende minar la confianza en una de las pocas instituciones que, en medio de la vorágine política, permanece fiable, neutral y eficaz. La Guardia Civil no abandona una investigación, no se rinde ante las zancadillas ni se acahnta ante las críticas. Es un cuerpo que demuestra cada día su compromiso con la sociedad, desde las unidades de élite como la UCO hasta los guardias civiles que sirven en los rincones más remotos de España. Su neutralidad política es incuestionable, su lealtad a la legalidad, absoluta.

En una sociedad donde los valores escasean, donde la mentira se ha institucionalizado en la política y el desencanto reina, la Guardia Civil brilla como un faro de esperanza. Es querida y respetada porque no se pliega a intereses partidistas, porque no se deja corromper, porque mantiene viva la esencia de los principios que le dieron vida hace casi dos siglos. Quienes desde la política, carentes de principios, osan cuestionar esos valores, demuestran su ignorancia y su bajeza. Como dijo Abraham Lincoln: “Se puede engañar a parte del pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”, añadiendo que: “Hay momentos en la vida de todo político en que lo mejor que puede hacerse es no despegar los labios”.

Intentar desacreditar a la Guardia Civil es un ataque no solo a una institución, sino a los valores que representa: honor, compromiso, lealtad y neutralidad. Esos valores no están obsoletos, como algunos iluminados sin principios quisieran hacernos creer. Son la esencia de una institución que vale por las personas que la integran, por su comportamiento intachable, por su constancia. Mientras los políticos se enredan en sus intereses paridistas y sus mentiras continuas, la Guardia Civil sigue siendo un ejemplo para la sociedad, un recordatorio de que aún hay instituciones en las que se puede confiar.

Como diría Chesterton, “Si no logras desarrollar toda tu inteligencia, siempre te queda la opción de hacerte político”. Pero la Guardia Civil no necesita recurrir a esas bajezas. Su inteligencia, su rigor, su trabajo y su compromiso son su mejor defensa. Y nosotros, los ciudadanos, debemos alzar la voz para defenderla de quienes, desde la política, pretenden manchar su honor. Porque la Guardia Civil no solo es benemérita, es neutral, y como vemos en los ultimos tiempos, es indispensable.

Deberían recordar los políticos a Pérez Galdós cuando en los Episodios Nacionales escribió: «Bajo los auspicios "fiel a sus principios, temida por los malhechores; y temible a los enemigos del orden, desempeñando sus funciones con dignidad, prudencia y firmeza, siendo prudente sin debilidad, firme sin violencia y político sin bajeza".

Antonio Mancera Cárdenas
Director Tribuna Banemérita