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El 20 de marzo de 1850, el fundador y primer Inspector General de la Guardia Civil, Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II Duque de Ahumada, emitió una circular a los Jefes de Sección del Cuerpo recordando la importancia de que las fuerzas del Cuerpo a sus órdenes dispensaran un trato considerado y humano a la población.

Esta circular se dictó tras tener conocimiento de dos inoportunos casos en los que un cabo 1º y un guardia civil habían protagonizado sendos incidentes de agresión, por los que habían sido reprendidos de manera rigurosa y ejemplar. En la misma se advirtió de que si algún otro miembro del Cuerpo cometiera la mínima falta leve contraviniendo lo establecido en su Cartilla, «el Guardia Civil no debe ser temido sino de los malhechores», tendría un duro e irremisible castigo.

Todo ello refleja el valor que desde su fundación se ha dado en la Guardia Civil al esmerado trato con la ciudadanía.

La Ley 2/1986, de 13 marzo, establece los principios básicos de actuación de los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, entre los que se encuentra observar en todo momento un trato correcto y esmerado en sus relaciones con los ciudadanos, a quienes procurarán auxiliar y proteger, siempre que las circunstancias lo aconsejen o fueren requeridos para ello.

Además, la Ley 29/2014, de 28 de noviembre, de régimen de Personal de la Guardia Civil recoge las reglas de comportamiento de los miembros del Cuerpo, entre las que destacan:

  • Mantener una disposición permanente para defender a España y proteger el ejercicio de los derechos y libertades de los ciudadanos, que ha de tener su diaria expresión en el exacto cumplimiento de la Constitución y las leyes.
  • Poner todo su empeño en preservar la seguridad y el bienestar de la ciudadanía, sin discriminación alguna, actuando siempre con dignidad, prudencia y honradez.
  • Cumplir con exactitud sus deberes y obligaciones impulsado por el sentimiento del honor, verdadera seña de identidad de los guardias civiles.
  • Hacer un empleo legítimo de la fuerza, con un uso gradual y proporcionado de la misma, siendo la persuasión y la fuerza moral sus primeras armas. Rigiéndose, en todo caso, por los principios de congruencia, oportunidad y proporcionalidad en la utilización de los medios a su alcance.

Hace ya un año se aprobó el Código de Conducta del personal de la Guardia Civil, una guía que define los valores, principios y normas del comportamiento de sus miembros, los cuales se han ido consolidando desde la fundación del Cuerpo a lo largo de su devenir histórico, hasta llegar a constituir actualmente la mejor muestra del compromiso profesional de su personal y configurar el nivel de responsabilidad y de exigencia con los que se presenta ante la sociedad, siendo sintetizados en un Decálogo.