
Hace unos días, llegó a mis ojos un artículo publicado en El Confidencial titulado ”Mitos se siguen cayendo” y entre un batiburrillo de informaciones, había una expresión en concreto que me llamó la atención, “guardia “anfetaminado” a lomos de su Pegasus”.
El artículo estaba firmado por Juan José Cercadillo, según su propia biografía en El Confidencial, Juan José “es aficionado a mirar, a preguntar, a escuchar, a leer y a escribir más que a opinar… pero ¿quién dijo miedo?”
Alguien podría pensar y seguramente pensará, que habiendo pasado el tiempo para qué contestar ahora, pues porque no todos tenemos el tiempo necesario para contar e inventar mentiras atribuyendo a guardias civiles cometidos y delitos que no le corresponden, y porque nunca es tarde para "desfacer entuertos", ¿quién dijo miedo?
Mantiene Cercadillo que “Jueces, guardias civiles, clubes de futbol, diputados y hasta árbitros representaban antaño garantía de cordura, prudencia y servicio público. Se agotan los nichos donde la dignidad mandaba”, y si bien es lo que puede parecer, en el caso del guardia civil que menciona durante su artículo, no es que no sea verdad, simplemente es mentira.
Pueden caerse los mitos para Juan José, pero no en el caso concreto sobre la Guardia Civil del que habla en su artículo, cualquier cosa vale, aunque no sea cierta, para esparcir mierda sobre la honorabilidad como Institución de la Guardia Civil, por parte de unos y otros, de políticos y periodistas.
Cercadillo afirma y nadie lo desmiente, seguramente a todos les parece bien mentir y manipular para meter a la Guardia Civil en la propia mierda de la mentira periodística, sobre un suceso en el que no tiene nada que ver, más allá de la detención del particular Alonso Quijano de Juan José, bañando en esa misma mierda también a nuestro Hidalgo, que un guardia civil era el piloto del helicóptero de la DGT accidentado, y esa afirmación es simplemente mentira.
En el caso del accidente de helicóptero de la DGT, desconozco si el Alonso Quijano particular de Juan José, vio gigantes antes de caer, ni si el Sancho que le acompañaba le gritaba que eran molinos, lo que sí le puedo decir con total conocimiento al “plumilla”, no lo vea el susodicho como algo peyorativo, recuerde que García Márquez se autocalificaba así, que los guardias civiles no dirigen los corceles alados de la DGT, ni siquiera el Sancho que quedó atrapado entre las riendas del rucio, nunca “de el Rucio”, como escribe Cercadillo, era guardia civil, ni las mujeres de los agentes acompañan a estos durante sus servicios, eso lo hacen las mujeres de los “civiles”, nunca las esposas de los guardias civiles.
Pero sigue el periodista mintiendo al escribir “Perseguido el picoleto hasta el propio domicilio, las pruebas habituales concluyeron que era hábito que el que vigilaba los cielos se volaba la cabeza. Una misión de altos vuelos, de viajes aun sentado, de ver cosas nunca vistas, de piloto en automático. Normal que cualquier multado clame ahora por justicia. Y exija un control de drogas como mínimo paritario. Un conductor, un policía. E intercambio de acusados. Un conductor absuelto por cada “civil” pillado. Y el Pegasus al banquillo, que puede liarla parda en manos de tanto pardillo que se cree aún Don Quijote “desfaciendo” los entuertos con enhiesta lanza en mano”. ¿Habrá "cazado" alguna vez el Pegasus" a Juan José?, a ver que me desvió del tema.
Manteniendo el lenguaje despectivo del articulista de opinión, que mantiene que no lo es, lo cierto es que fueron los “picoletos” los que siguieron al bombero piloto, bombero en excedencia de la Comunidad de Madrid y piloto de helicópteros de la DGT desde 2019, era su empleo, a casa de unos familiares, no a su domicilio, donde había huido tras el accidente, fueron los "picoletos" los que le hicieron las pruebas de alcohol y drogas, algo que cuando se publicó el artículo en El Confidencial ya se conocía, por lo que, ya que no se espera que el periodista o el medio rectifiquen y pidan perdón por mentir, al menos cambien la biografía sobre Juan José Cercadillo, ya que no se ajusta a la realidad, al parecer, el plumilla mira, escucha, lee y escribe, pero no entiende lo que ve, lo que oye, lo que lee y al escribir no pregunta, simplemente opina, al parecer de una conversación de taberna o de Twitter, que al final es lo mismo.
Dicen, que en el periodismo el propósito principal es el de dar a los ciudadanos información objetiva, veraz y oportuna.
Antonio Mancera Cárdenas
Guardia Civil










































































