
El pasado día 24 tuve el inmenso placer de ser galardonada en Lillo (Toledo) por TRIBUNA BENEMÉRITA con el PREMIO A LA AUSTERIDAD por la labor realizada en Ucrania.
Pero, tanto en el marco de esa lucha por la justicia y los derechos humanos, que me define como en el del contexto y motivos por los que fui galardonada, me siento en la obligación (y es mi deseo) de compartir con vosotros tanto este reconocimiento como las reflexiones que me acompañaron en estos días.
PREMIO COMPARTIDO. Visibles vs. invisibles
Vivimos en un mundo globalizado en el que desarrollo es, casi exclusivamente, sinónimo de posesión... (más bien diría usufructo... porque por mucho que nos aferremos a algo, nos iremos todos con las manos vacías... salvo el AMOR que hayamos sabido compartir);
En un mundo en el que conviven "armoniosamente" ese exceso material y un defecto agudo, o ya crónico, de valores humanos;
Una combinación que fomenta diseñar, y reconocer, metas vitales que impulsen ese absurdo crecimiento que solo puede conducir a la promoción de las desigualdades y a la destrucción del planeta, de la humanidad. Reconocimiento que, a veces, hace visible lo que debería ser invisible. E invisible lo que debería ser visible.
En este mundo me otorgaron un reconocimiento. Me hicieron visible.
¿Estoy con ello contradiciéndome o restando importancia al premio concedido?
Radicalmente, NO. Y son muchas las razones.
Como ser humano, me sentí, sin duda alguna, muy orgullosa por la nominación espontánea de los compañeros que conocieron mi labor en Ucrania.
Cierto, me reconozco la cara visible en esta labor. Inicié una gran cadena humana, le di forma, la coordiné, velé por su eficacia, no flaqueé en mis esfuerzos por la concienciación, por la honradez... Pero -en estas palabras va implícito- solo soy un eslabón de esa gran cadena.
Como sin duda sabéis todos los que formáis parte de ella, nunca cejo en mi empeño de volver visible lo invisible. Y, con ello, no me refiero solo a las personas en situación de vulnerabilidad, sino también a aquellas pequeñas-grandes personas que, con su labor callada, "minúscula", seguís manteniendo a flote la humanidad en este mundo.
Además, es esencial compartir el origen y fundamento de estos premios, alineados con la sensibilidad, empatía, solidaridad y, sobre todo, con el AMOR.
Sí, estos premios se enmarcan en el Memorial que un Guardia Civil retirado, Antonio Mancera, rinde a su mujer, Mª Jesús Carrascosa, fallecida hace tres años en un accidente de tráfico, pero cuyos valores, cuyo ejemplo de vida, no solo la mantienen viva, sino que sitúan en el podio de la visibilidad tan merecida a una mujer que siempre estuvo volcada hacia los demás, desde tal humildad que la tornaban invisible.
Así que, en este marco, cómo no estar agradecida y cómo no compartir con vosotros este reconocimiento. Y, si me permitís, empezando por MICHAEL que, en toda esta labor -y siempre- está a mi lado, de forma incondicional, creyendo en mí y apoyándome, pese a tener muchas veces los vientos en contra.
Siguiendo por todas y todos los que nos apoyasteis de múltiples formas. Quienes hicisteis miles de Kms, quienes seguisteis con paciencia mis largos vídeos y mensajes, reenviando o atendiendo directamente a las necesidades demandadas.
Que sepáis que, en ningún momento, subestimé vuestra ayuda. Por muy pequeña que creáis que fue, para mí era un mundo
HOMENAJE A CARMELA PRIMO
Pero, aún hay más razones para compartir, razones que los caminos de una vida consciente te presenta día a día. Tantas que colocan ante ti una alfombra de humildad, que puedes o no, evitar.
Yo elijo caminar por ella.
Así es que, en esta obligación de compartir mi premio, enfatizando el objetivo de este memorial "reconocer en unos pocos, los méritos de muchos" hoy quiero compartirlo a título póstumo con otra gran mujer que acaba de fallecer de forma súbita, Carmela Primo, educadora social de Cáritas Ferrol.
Mujer a la que, aunque no tuve el honor de conocer personalmente, formó parte de esa gran cadena humanitaria (una clara manifestación del alcance de estas cadenas, de sus imprescindibles ramificaciones), apoyándola sin ambages
Una mujer que se volcaba en todas las personas que necesitaban ayuda, que nunca decía que no, que buscaba soluciones dónde todo esfuerzo parecía estéril.
Y quiero enfatizar su labor, en este caso con una apreciación.
Carmela no era una voluntaria, sino una trabajadora que formaba parte de una organización que recibe, con un goteo continuo, tantas peticiones de ayuda que el riesgo cierto, muchas veces como tabla salvavidas, es cubrirse de una armadura de insensibilidad.
Algo a lo que Carmela, quizás a costa de su salud, nunca se aferró.
Por todo ello, me siento orgullosa de nuevo de visibilizar con el reconocimiento concedido, a otra de esas pequeñas-grandes personas.
HOY VA POR CARMELA
SUSANA MENÉNDEZ OTERO - Premio Fiel en el Deber a la Austeridad











































































