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cabeceratribunabenemerita

Image incendio guardia civil 13 ago 2026 13 02 10

Los agentes han coordinado evacuaciones, convoyes para que los vecinos puedan recuperar enseres, cortes de carreteras y dispositivos de seguridad en las localidades afectadas; la investigación sitúa el posible origen en las proximidades de las obras de la A-132

El incendio forestal declarado en Santa María de la Peña, en el término municipal de Las Peñas de Riglos (Huesca) continúa activo y mantiene movilizado un amplio dispositivo de emergencias mientras la Guardia Civil desempeña una doble misión: proteger a la población y garantizar la seguridad en el territorio y esclarecer el origen del fuego.

La dimensión alcanzada por el incendio ha obligado a adoptar sucesivas medidas de evacuación, confinamiento y restricción de la circulación. A las localidades desalojadas inicialmente se han sumado nuevas poblaciones y un camping, mientras varias carreteras permanecen cerradas para facilitar las operaciones de emergencia y evitar que los ciudadanos se aproximen a las zonas de riesgo.

En paralelo, el Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de la Guardia Civil ha detenido a un hombre de 28 años por su presunta implicación en el incendio, en el marco de la investigación sobre el origen del fuego. Los investigadores localizaron en el punto de inicio un almacenamiento de materiales de construcción procedentes de las obras de la carretera A-132 que podrían estar relacionados con el comienzo del incendio.

La investigación, sin embargo, continúa abierta y será la autoridad judicial la que determine las responsabilidades que correspondan.

La Guardia Civil protege a cientos de personas durante la emergencia 

La evolución del incendio ha obligado a ampliar progresivamente las medidas de protección.

En la situación descrita por la Comandancia de la Guardia Civil de Huesca se mantiene la evacuación de los vecinos de Villalangua, Salinas de Jaca, Ena, Centenero, Arbués, Bailo, Alastuey y Larués.

A estos desalojos se añadió posteriormente la evacuación de Botaya, donde fueron desalojadas 37 personas, y la del Camping Pirineos de Santa Cilia, con otras 100 personas.

La cifra total de personas evacuadas por el incendio ha alcanzado las 477, según el último balance difundido por fuentes próximas al operativo.

La Guardia Civil ha tenido un papel especialmente relevante en una parte de estas operaciones, al tratarse de un territorio extenso, con numerosas pequeñas localidades y una red viaria que ha tenido que ser modificada conforme avanzaban las llamas.

No se trata únicamente de ordenar la salida de un núcleo.

Hay que garantizar que los vecinos abandonen las zonas de riesgo, impedir que otras personas accedan a ellas, mantener despejadas las vías utilizadas por los servicios de emergencia y establecer alternativas cuando una carretera queda inutilizada.

Un convoy de 20 vehículos para que los vecinos pudieran recoger sus pertenencias

Una de las actuaciones más significativas desarrolladas por la Guardia Civil fue la coordinación de un convoy formado por 20 vehículos con vecinos de Villalangua y Salinas de Jaca.

El objetivo no era permitir el regreso libre de los residentes a las localidades evacuadas.

Los agentes organizaron el desplazamiento de forma controlada para que los vecinos pudieran recoger enseres personales, dentro de las condiciones de seguridad establecidas por el operativo.

La diferencia es importante.

Cuando un incendio forestal permanece activo, regresar individualmente a una vivienda puede convertirse en un riesgo tanto para el ciudadano como para los propios equipos de emergencia. Una variación del viento, un cambio de dirección de las llamas o la aparición de un nuevo frente pueden transformar en minutos una zona aparentemente segura.

Por ese motivo, la Comandancia ha hecho un llamamiento expreso a los vecinos de las localidades desalojadas para que no regresen por iniciativa propia y sin autorización a sus domicilios ni a sus explotaciones agrícolas y ganaderas.

Es una petición que puede parecer sencilla, pero que constituye una de las cuestiones más difíciles de gestionar durante una emergencia de estas características: convencer a quienes han tenido que abandonar sus casas de que no regresen mientras persista el peligro.

La Guardia Civil mantiene un dispositivo territorial permanente

La Comandancia de la Guardia Civil de Huesca mantiene desplegado un dispositivo integrado por efectivos de las Compañías territoriales de Huesca y Jaca, el Subsector de Tráfico de Huesca y el apoyo del Equipo Pegaso de la Comandancia de Teruel.

Cada uno de estos elementos cumple una función diferente dentro de la emergencia.

Las unidades territoriales trabajan sobre el terreno en labores de seguridad ciudadana, apoyo a las evacuaciones y control de las poblaciones afectadas.

El Subsector de Tráfico se encarga de garantizar la seguridad en las vías afectadas, controlar los cortes y facilitar la movilidad de los vehículos de emergencia.

Y el Equipo Pegaso aporta una capacidad aérea que resulta especialmente útil en un escenario en el que las comunicaciones terrestres pueden verse condicionadas por el fuego, el humo y los cortes de carretera.

La propia Comandancia ha dispuesto además un vehículo para el transporte de personas, junto con efectivos de Seguridad Ciudadana, en el campamento habilitado en Anzánigo, manteniendo recursos preparados para intervenir en otras poblaciones que pudieran verse afectadas por nuevas evacuaciones o confinamientos.

La prevención, en una emergencia de estas dimensiones, resulta tan importante como la respuesta.

Botaya y el Camping Pirineos, nuevos focos de evacuación

La evolución del incendio obligó a ampliar el dispositivo de protección durante la jornada.

En Botaya, 37 vecinos tuvieron que ser desalojados.

También se procedió a evacuar a 100 personas del Camping Pirineos de Santa Cilia, una medida que muestra cómo el riesgo no afecta únicamente a los residentes permanentes de los núcleos rurales.

Campings, establecimientos turísticos, instalaciones agrícolas y otras actividades situadas en el entorno forestal pueden quedar igualmente expuestos a un incendio de propagación rápida.

La Guardia Civil participó en el dispositivo de seguridad asociado a estas medidas, garantizando que los movimientos de población se realizaran en condiciones controladas.

En paralelo, se estableció el confinamiento de Santa Cilia y Binacua, una medida diferente de la evacuación que responde a las condiciones concretas de cada zona y al riesgo que presenta el avance del fuego y la presencia de humo.

Carreteras cortadas para evitar riesgos y permitir trabajar a los servicios de emergencia

El incendio también ha tenido un impacto importante sobre las comunicaciones.

La Guardia Civil mantiene el corte de la A-132 entre Murillo de Gállego y Bailo y de la A-1205 entre Triste y Santa María de la Peña.

A estas restricciones se añadió el corte de la N-240 entre los puntos kilométricos 297 y 303.

No se trata simplemente de impedir el paso a los conductores.

El control de las carreteras cumple una doble función: proteger a los usuarios y garantizar corredores seguros para los vehículos de emergencia.

En un incendio de grandes dimensiones, una carretera puede convertirse rápidamente en una vía de escape, pero también puede quedar comprometida por humo, fuego, caída de árboles o pérdida de visibilidad.

La presencia de los agentes de Tráfico permite además evitar que conductores particulares se aproximen a las zonas de intervención y dificulten el trabajo de los equipos de extinción.

El SEPRONA, detrás de la investigación del origen

Mientras las unidades territoriales y de Tráfico se ocupan de la seguridad de la emergencia, los especialistas del Seprona trabajan en otra dimensión decisiva: averiguar cómo comenzó el incendio.

La investigación ha llevado a la detención de un hombre de 28 años, al que se atribuye provisionalmente una posible relación con el origen del fuego.

Los investigadores localizaron en las proximidades del punto inicial del incendio un almacenamiento de materiales de construcción procedentes de las obras de la A-132, que podría estar relacionado con el inicio de las llamas.

Este extremo debe manejarse con especial cautela.

Que los investigadores hayan encontrado esos materiales y hayan practicado una detención no significa que la responsabilidad penal haya quedado definitivamente establecida.

La persona detenida mantiene su condición de presunto responsable y será la investigación judicial la que determine, a partir de las pruebas recopiladas, qué ocurrió realmente y si existe responsabilidad penal.

La investigación del Seprona adquiere, por tanto, una importancia que va más allá del propio incendio.

Determinar el origen de un gran fuego permite establecer responsabilidades, pero también puede aportar información esencial para prevenir nuevos siniestros en el futuro.

Un incendio que ya supera las 5.500 hectáreas

La magnitud del incendio ayuda a entender la dimensión del operativo.

El fuego ha afectado ya a más de 5.500 hectáreas, con un perímetro que ronda los 58 kilómetros, según los últimos balances publicados.

La evolución ha sido especialmente compleja por la orografía, la masa forestal y los cambios en las condiciones meteorológicas.

El Gobierno de Aragón mantiene activada la Situación Operativa 2, Nivel 2 del Plan Especial de Protección Civil de Emergencias por Incendios Forestales (PROCINFO).

La evolución del fuego ha obligado a mantener un amplio despliegue de medios terrestres y aéreos y a reforzar las medidas de protección de la población.

Las últimas informaciones sitúan además uno de los principales motivos de preocupación en el avance hacia el entorno de San Juan de la Peña, donde se encuentran importantes valores naturales y patrimoniales.

La Guardia Civil, una pieza esencial cuando el incendio sale del monte

En grandes incendios forestales, la imagen pública suele concentrarse en los medios de extinción: helicópteros, aviones, autobombas, brigadas forestales y maquinaria pesada.

Es lógico.

Son quienes se enfrentan directamente a las llamas.

Pero existe otra batalla que se desarrolla paralelamente y que resulta imprescindible para que la primera pueda llevarse a cabo: la protección de las personas y la organización del territorio afectado.

Ahí aparece la Guardia Civil.

Cuando un pueblo tiene que ser evacuado, alguien debe garantizar que la evacuación se realiza.

Cuando una carretera tiene que cerrarse, alguien debe controlar los accesos.

Cuando cientos de vecinos necesitan desplazarse de forma ordenada, alguien debe coordinar ese movimiento.

Cuando un ciudadano intenta regresar a su vivienda porque necesita medicación, documentos, animales o enseres, alguien debe valorar si ese acceso es seguro.

Cuando una nueva localidad entra en riesgo, los agentes tienen que estar preparados para ejecutar la decisión de evacuación o confinamiento.

Y cuando existen indicios de que el incendio puede haber sido provocado o haberse originado por una actuación humana, especialistas de la Guardia Civil deben reconstruir lo sucedido.

En Las Peñas de Riglos, esas funciones se están desarrollando al mismo tiempo que el incendio continúa activo.

El factor humano detrás de cada evacuación

Hay una dimensión de la emergencia que las cifras no siempre consiguen transmitir.

Detrás de los 477 evacuados hay personas que han tenido que abandonar sus casas, sus pertenencias y, en muchos casos, sus animales y explotaciones.

En pequeños núcleos rurales, una explotación ganadera puede formar parte esencial de la vida de una familia.

Por eso el llamamiento de la Guardia Civil para evitar desplazamientos particulares no pretende únicamente impedir que alguien se acerque al fuego.

Busca también evitar que un intento individual de recuperar animales, maquinaria o enseres termine generando una nueva emergencia y obligue a movilizar recursos que en ese momento son necesarios en otros puntos del incendio.

La recomendación de no regresar sin autorización responde, por tanto, a una cuestión básica de seguridad colectiva.

Una actuación que continuará mientras evolucione el incendio

La situación no está cerrada.

El incendio continúa activo y las medidas de evacuación, confinamiento y corte de carreteras se irán modificando conforme evolucione el fuego y las condiciones de seguridad.

Eso significa que el dispositivo de la Guardia Civil tampoco puede considerarse estático.

Los efectivos deben adaptarse continuamente al comportamiento del incendio, a las necesidades de las poblaciones afectadas y a las instrucciones del órgano de coordinación de la emergencia.

La Comandancia mantiene recursos preparados tanto en las zonas ya afectadas como en aquellos puntos que podrían necesitar ser desalojados.

Es una tarea poco visible cuando se contempla el incendio desde lejos.

Pero en el terreno significa permanecer durante horas en carreteras cortadas, accesos a pueblos, zonas de evacuación y puntos de concentración de vecinos, con la obligación de tomar decisiones rápidas y mantener la seguridad mientras el escenario cambia.

La Guardia Civil, entre la protección de los vecinos y la investigación de las llamas

El incendio de Las Peñas de Riglos está siendo, ante todo, una emergencia forestal de gran magnitud que requiere la intervención coordinada de numerosos organismos y administraciones.

Pero la actuación de la Guardia Civil tiene una característica singular: su misión no termina cuando los vecinos han sido evacuados ni cuando se cierra una carretera.

El mismo Cuerpo que participa en la seguridad de las evacuaciones está investigando el origen del fuego a través del Seprona.

El mismo dispositivo que controla los accesos permite que los servicios de extinción trabajen sin interferencias.

Los mismos agentes que acompañan a los vecinos en un convoy para recuperar sus pertenencias tienen que impedir después que otros ciudadanos accedan por su cuenta a zonas que continúan siendo peligrosas.

Y mientras el incendio sigue activo, la Guardia Civil mantiene preparado un dispositivo para responder a nuevas evacuaciones o confinamientos.

La detención practicada por el Seprona añade ahora una segunda dimensión a la emergencia: la investigación de las causas.

Un hombre de 28 años permanece detenido como presunto responsable del incendio y los investigadores han localizado en el punto de inicio materiales de construcción relacionados con las obras de la A-132 que podrían haber desempeñado un papel en el comienzo del fuego.

Será la Justicia la que determine las responsabilidades que correspondan.

Mientras tanto, el incendio continúa.

Y sobre el terreno, junto a los equipos que combaten directamente las llamas, permanece también una Guardia Civil que está haciendo algo igualmente esencial: mantener a salvo a quienes viven en el territorio afectado, ordenar la respuesta y evitar que una emergencia forestal termine convirtiéndose también en una emergencia para las personas.

EL DISPOSITIVO DE LA GUARDIA CIVIL

  • Comandancia de Huesca: coordinación del dispositivo.
  • Compañías territoriales: Huesca y Jaca.
  • Subsector de Tráfico de Huesca: control de carreteras, cortes y seguridad vial.
  • Seprona: investigación del origen del incendio y actuaciones relacionadas con el posible responsable.
  • Equipo Pegaso de Teruel: apoyo aéreo.
  • Seguridad Ciudadana: apoyo a evacuaciones, confinamientos y protección de las localidades.
  • Transporte: vehículo dispuesto para trasladar personas y efectivos desde el campamento de Anzánigo y otros puntos que pudieran verse afectados.

LAS CIFRAS DE LA EMERGENCIA

  • Más de 5.500 hectáreas afectadas, según los últimos balances publicados.
  • 58 kilómetros de perímetro aproximado.
  • 477 personas evacuadas de ocho localidades y Botaya.
  • 100 personas evacuadas del Camping Pirineos.
  • 37 vecinos desalojados de Botaya.
  • 20 vehículos integraron el convoy coordinado para que vecinos de Villalangua y Salinas de Jaca pudieran recoger enseres.
  • Tres carreteras afectadas: A-132, A-1205 y N-240.
  • Un detenido, de 28 años, por su presunta relación con el incendio

ASOCIACIÓN HISTÓRICO-CULTURAL "FIEL en el DEBER"