icono FACEBBOK icono TWITTER icono TWITTER icono YOUTUBE icono CARTAS AL DIRECTOR icono_INSTAGRAM.jpg icono DIRECCION icono DIRECCION

cabeceratribunabenemerita

IMG-20261010-WA0016

Cada 12 de octubre, los cuarteles de la Guardia Civil viven una jornada diferente.

Las banderas ocupan su lugar, los uniformes lucen con especial solemnidad y compañeros, familiares, autoridades y ciudadanos se reúnen para celebrar a Nuestra Señora la Virgen del Pilar, Patrona de la Guardia Civil.

Sin embargo, quienes conocen de cerca esta Institución saben que hay algo más detrás de los actos oficiales, las condecoraciones, los discursos y los desfiles. Hay recuerdos que regresan, abrazos entre compañeros que hacía tiempo que no se veían, familias que comparten una misma historia y nombres que, aunque ya no estén entre nosotros, siguen ocupando un lugar imborrable en la memoria del Cuerpo.

Porque el Pilar no es solamente una festividad. Es una parte de nuestra historia, una expresión de compañerismo y una oportunidad para recordar que la Guardia Civil es mucho más que una organización al servicio de la seguridad pública. Es también una familia construida durante generaciones con sacrificio, entrega y un profundo sentimiento de pertenencia.

Y para comprender lo que representa este día, conviene volver a sus orígenes.

DE VALDEMORO A TODA LA GUARDIA CIVIL

La historia de la devoción de la Guardia Civil a la Virgen del Pilar comenzó mucho antes de que su patronazgo se extendiera oficialmente a todo el Cuerpo.

En 1864, el capellán castrense Miguel Moreno Moreno llegó al Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro. Allí habilitó una capilla y colocó una imagen de la Virgen del Pilar, que pronto se convirtió en referencia espiritual para aquellos jóvenes que se preparaban para ingresar en la Institución.

El 24 de septiembre de aquel año, la Virgen del Pilar fue declarada Patrona de la Compañía de Guardias Jóvenes.

Aquella devoción no quedó encerrada entre las paredes del colegio. Los jóvenes que terminaban su formación y eran destinados a distintos puntos de España llevaron consigo esa vinculación con la Virgen, transmitiéndola a otros compañeros y a sus propias familias.

La tradición fue creciendo hasta que el 7 de enero de 1913 el director general de la Guardia Civil, el teniente general Ángel Aznar Butigieg, solicitó oficialmente que la Virgen del Pilar fuera declarada Patrona de todo el Cuerpo.

La petición obtuvo respuesta el 8 de febrero de 1913, cuando el rey Alfonso XIII firmó la Real Orden que proclamaba a Nuestra Señora la Virgen del Pilar Patrona de la Guardia Civil.

Diez días después, el 18 de febrero, una Orden General del Cuerpo estableció el espíritu con el que debía celebrarse aquella festividad.

Y es precisamente en esas palabras donde encontramos una de las claves para comprender lo que significa el Pilar para los guardias civiles.

UNA FIESTA DEL COMPAÑERISMO

El teniente general Aznar no concibió esta celebración como una simple ceremonia religiosa o institucional. Quiso que tuviera un significado mucho más profundo para quienes vestían el uniforme de la Guardia Civil.

En aquella primera Orden General dejó escrito:
«Este año, al solemnizar el día de la Patrona, celebraremos en la Guardia Civil la primera fiesta de compañerismo».

Y añadió una indicación que, más de un siglo después, conserva toda su fuerza:

«Cuando os congreguéis para ello en cada Puesto, dedicad una oración a nuestros compañeros que sacrificaron la vida en el cumplimiento del deber y al inolvidable Duque de Ahumada, organizador del Cuerpo».

No eran palabras pronunciadas al azar. En ellas se encontraba el espíritu que debía acompañar a esta celebración desde su nacimiento.

Compañerismo, memoria y reconocimiento a quienes hicieron posible que la Guardia Civil llegara a ser lo que es.

La primera celebración de la Patrona bajo aquel patronazgo oficial tuvo lugar el 12 de octubre de 1913. Desde entonces, con las interrupciones y circunstancias que ha conocido nuestra historia, la festividad ha permanecido ligada a la identidad de la Institución.

El mensaje de Aznar sigue vigente porque habla de cuestiones que no dependen de una época ni de un destino: la lealtad entre compañeros, el recuerdo de quienes dieron su vida por los demás y el respeto a quienes sentaron las bases de la Guardia Civil.

Ese es el verdadero sentido de una fiesta que no debería perder nunca su dimensión humana.

LOS QUE SIGUEN AQUÍ Y LOS QUE NUNCA SE FUERON

El 12 de octubre es también una jornada de recuerdo.

En cada homenaje a los caídos hay familias que vuelven a sentir la ausencia de un padre, una madre, un hijo, una hija, un hermano o una pareja.

Hay compañeros que recuerdan a quienes compartieron servicio, dificultades, riesgos y momentos que solamente comprenden quienes han vivido la misma profesión.

Algunos nombres están inscritos en monumentos y placas. Otros permanecen en la memoria de quienes tuvieron la suerte de conocerlos. Pero todos forman parte de la historia de la Guardia Civil.

Recordarlos no es una cuestión protocolaria. Es una obligación moral.

Detrás de cada guardia civil fallecido en acto de servicio existe una historia personal, una familia y unos compañeros que tuvieron que aprender a continuar sin su presencia. Por eso, cuando se deposita una corona de laurel o se guarda un minuto de silencio, el homenaje no pertenece únicamente a la Institución: pertenece también a quienes siguen llevando esa ausencia consigo.

El Pilar debe servirnos para renovar ese compromiso con la memoria. Para recordar que el servicio prestado por nuestros compañeros no termina con su muerte y que el sacrificio de quienes dieron su vida merece algo más que unas palabras pronunciadas una vez al año.

Merece respeto, reconocimiento y memoria permanente.

Y junto a ellos está también la figura del Duque de Ahumada, Francisco Javier Girón y Ezpeleta, fundador de la Guardia Civil, cuya obra y cuyos principios forman parte de la herencia que cada generación de guardias civiles recibe de la anterior.

Recordar a quienes nos precedieron es reconocer que nadie construye por sí solo una Institución que lleva más de 180 años de historia.

UNA FAMILIA EN LA QUE TODOS TIENEN CABIDA

Hay otra dimensión del Pilar que merece ser reivindicada con la misma firmeza: esta es una celebración de toda la familia de la Guardia Civil.

De quienes hoy prestan servicio en las calles, las carreteras, los pueblos, las costas y las montañas de España. De quienes trabajan en unidades especializadas y de quienes desempeñan su labor desde destinos menos visibles, pero igualmente necesarios.

También de quienes se encuentran en la reserva, de quienes pasaron a retiro después de una vida de servicio y de quienes tuvieron que abandonar antes el uniforme por una enfermedad, una lesión o un accidente ocurrido en acto de servicio.

El uniforme puede dejar de vestirse a diario. La relación con los compañeros puede hacerse menos frecuente. Los destinos quedan atrás y la vida abre caminos diferentes. Pero hay vínculos que no desaparecen con el paso a la situación de reserva o retiro.

Quien ha formado parte de la Guardia Civil conserva una historia que nadie puede borrar: los años de servicio, las experiencias compartidas, las dificultades superadas y los compañeros que dejaron huella.

Por eso, el 12 de octubre no debería levantar fronteras entre situaciones administrativas, empleos o escalas.

No hay una Patrona para los mandos y otra para los guardias. No hay una celebración para quienes siguen en activo y otra distinta para quienes ya se han retirado. Tampoco puede entenderse plenamente esta jornada sin las familias que han acompañado a los guardias civiles a lo largo de su trayectoria.

La Guardia Civil es una institución jerarquizada, con responsabilidades y funciones diferentes. Pero el sentimiento de pertenencia no debería medirse por el empleo que se ostenta, el destino que se ocupa o la situación administrativa en la que uno se encuentra.

El Pilar pertenece a todos.

A los que están hoy de servicio y a los que ya cumplieron su etapa profesional. A los veteranos que transmiten sus experiencias y a los jóvenes que comienzan su camino. A los compañeros que celebran juntos y a quienes, por enfermedad, distancia o circunstancias personales, no pueden acudir a los actos.

Y también a las familias.

A esas personas que muchas veces esperaron una llamada, soportaron una ausencia, vivieron con preocupación los servicios complicados y aprendieron a compartir una vocación que no siempre resulta fácil de comprender desde fuera.
Porque detrás de muchos guardias civiles hay padres, madres, parejas, hijos y hermanos que también han formado parte de esa historia.

No visten necesariamente el uniforme, pero conocen su significado. No siempre aparecen en las fotografías oficiales, pero han contribuido a sostener la vida de quienes lo visten.

Su presencia en la celebración no es un añadido. Es parte de su sentido.

EL COMPAÑERISMO NO TERMINA EN LA PUERTA DEL CUARTEL

Si algo debería recordarnos cada 12 de octubre es que el compañerismo no puede limitarse a una felicitación, una comida o un encuentro anual.

El compañerismo se demuestra durante todo el año.

Se demuestra cuando un guardia civil encuentra apoyo en sus compañeros después de una intervención difícil. Cuando alguien atraviesa una situación personal complicada y no se le deja solo. Cuando se acompaña a un compañero enfermo, se mantiene el contacto con quien ha pasado a retiro o se presta atención a la familia de quien ya no está.

También se demuestra cuando se reconoce la experiencia de los veteranos, cuando se escucha a quienes acumulan años de servicio y cuando se entiende que detrás de cada uniforme hay una persona con sus preocupaciones, sus dificultades y sus circunstancias.

La lealtad no consiste únicamente en compartir los buenos momentos. Se demuestra, sobre todo, cuando llegan las dificultades.

Por eso, sería un error reducir el espíritu del Pilar a una jornada de celebración sin continuidad en la vida cotidiana. El mensaje que dejó escrito el general Aznar hace más de un siglo nos compromete a algo más duradero: mantener vivos los lazos que unen a quienes han compartido una misma vocación.

Una Institución que recuerda a sus caídos, cuida de sus veteranos y acompaña a sus compañeros demuestra que comprende el valor de su propia historia.

Y una familia que no abandona a los suyos es una familia que merece seguir unida.

UNA TRADICIÓN QUE DEBEMOS TRANSMITIR

Cada generación recibe una herencia y tiene la responsabilidad de entregarla a la siguiente.

En la Guardia Civil, esa herencia está formada por su historia, sus tradiciones, sus principios y el ejemplo de quienes hicieron del servicio a los demás una forma de vida.

El 12 de octubre es una ocasión privilegiada para transmitir todo ello a los más jóvenes. Para explicarles por qué se honra a la Virgen del Pilar, por qué se recuerda a los compañeros fallecidos y por qué el nombre del Duque de Ahumada sigue ocupando un lugar destacado en la memoria del Cuerpo.

Pero también para enseñarles que la tradición no consiste en repetir gestos sin comprenderlos.

La tradición se mantiene viva cuando se entiende su significado y se lleva a la práctica. Cuando el respeto a los veteranos se traduce en cercanía.

Cuando la memoria de los caídos se convierte en compromiso. Cuando el compañerismo deja de ser una palabra para transformarse en una conducta.

Eso es lo que debemos transmitir a quienes comienzan ahora su trayectoria profesional: que pertenecer a la Guardia Civil significa asumir una responsabilidad con la sociedad, pero también formar parte de una historia colectiva que no empieza ni termina con cada uno de nosotros.

Una historia en la que todos tenemos nuestro lugar.

EL PILAR NOS RECUERDA QUIÉNES SOMOS

Hoy, 12 de octubre, mientras los acuartelamientos celebran la festividad de su Patrona, conviene detenerse un momento y mirar más allá de los actos oficiales.

Pensemos en quienes están prestando servicio mientras otros celebran. En quienes no pueden reunirse con sus compañeros. En los guardias civiles que se encuentran lejos de sus familias. En quienes viven esta fecha desde la reserva o el retiro y en aquellos que conservan las consecuencias de una lesión sufrida durante el servicio.

Pensemos también en los que ya no están y en las familias que mantienen vivo su recuerdo.

Todos ellos forman parte de la Guardia Civil. Todos tienen motivos para sentir esta jornada como propia.

Desde Tribuna Benemérita queremos reivindicar el sentido original de esta festividad: una celebración que nació para unir, para recordar y para reconocer a quienes han contribuido a construir la historia del Cuerpo.

Una jornada en la que las diferencias de empleo, destino o situación administrativa no deben impedirnos reconocer lo esencial: que compartimos una misma historia y que el compañerismo constituye uno de los vínculos más valiosos de nuestra Institución.

Que la Virgen del Pilar proteja a quienes hoy siguen cumpliendo con su deber, acompañe a quienes ya no visten el uniforme y dé consuelo a las familias de nuestros compañeros fallecidos.

Y que nunca olvidemos que la Guardia Civil no se construye solamente con normas, medios y estructuras. Se construye, sobre todo, con personas.

Con quienes sirven, con quienes sirvieron y con quienes, desde sus hogares, han compartido los sacrificios de esa vocación.

Porque el 12 de octubre no es solamente el día de nuestra Patrona.

Es el día de nuestros compañeros, de nuestros veteranos, de nuestras familias y de quienes dieron su vida cumpliendo con su deber. Es el día de una misma historia y de una misma familia.

¡Feliz día de la Patrona a toda la familia de la Guardia Civil!

¡Viva la Virgen del Pilar!

¡Viva la Guardia Civil!

Antonio Mancera Cárdenas 

Director