
La Guardia Civil ha vuelto a mostrar, una vez más su valía, su valor, su abnegación y sacrificio cuando más falta hacía, cuando la catástrofe paraliza al más valiente, en los torrentes, en medio de la tempestad, entre el avance del agua descontrolada, como lo hace, como lo hizo y como lo hará en cualquier lugar donde alguien necesite ayuda. Siempre han sido, son y serán los primeros en llegar y los últimos en irse.
Como su historia de 180 años de servicio ininterrumpido a la sociedad ha venido demostrando, allí donde alguien necesite ayuda, siempre habrá un miembro de la Guardia Civil cumpliendo el sagrado deber que desde su fundación el Duque de Ahumada les asignó, “ser pronóstico feliz para el afligido”, lanzándose al peligro, sin pensar en su propia seguridad, enfrentándose, si ese deber lo exige a una muerte, en ocasiones cierta, con un solo pensamiento, poder socorrer, intentar salvar a quien está en peligro, con la seguridad de que “el que veía a su hijo arrastrado por la corriente de las aguas, lo crea salvado”, y sin descanso disponerse a “velar por la propiedad y seguridad de todos”.
Hace un mes de la DANA que asoló España, los guardias civiles, a pesar de que su actuación desde el minuto cero fue providencial para salvar la vida de más de 4500 personas, en las 48 primeras horas y de los más de 30.000 rescates y auxilios en esos primeros momentos tan sólo en Valencia, siguen sobre el terreno sin descanso, y lo hacen como siempre, sin ruido, de forma callada, sin publicidad; todos sabemos que en esta época de la tecnología, al parecer, si no sales en la foto no estás, pero también debemos entender que quien de verdad está ayudando no puede permitirse un momento de descanso para hacerse un selfie, evidentemente la Guardia Civil ha demostrado una vez más, que para sus integrantes, para todos ellos, es más importante salvar una vida que hacerse una foto para presumir.
Hemos visto estos días en la actuación de todos esos guardias civiles que lucharon desde el primer momento, contra las inclemencias del tiempo primero y contra la fuerza de la propia naturaleza después, ayudando a los guardias civiles Pedro Ortega y Antonio Gimeno, los primeros fallecidos en un servicio humanitario, durante el rescate de un carruaje arrastrado por la corriente en el Barranco de Bellver (Castellón) en 1850, hemos visto junto a ellos a aquellos guardias civiles que en 1848 recataron a los tripulantes de la goleta inglesa Mary, naufragada en Sanlúcar de Barramenda (Cádiz), a los compañeros, Alejo García García, Miguel Salgado Peña, Luis Postigo Cabello y Pedro Narbona Bustamante, que en 1983 perdieron la vida durante un rescate en la localidad de Llodio (Álava) durante el temporal que asoló el País Vasco, hemos recordado al ver los rescates de nuestros helicópteros, a los tres guardias civiles miembros de la UHEL y del GREIM, Emilio Pérez, Marcos Antonio y José Martínez Conejo, fallecidos en accidente durante un rescate en Pico Polinosa (León), hemos sentido la presencia del cabo Diego Díaz, fallecido en 2018 durante un rescate en la población sevillana de Gullena, los hemos sentido ayudando en los rescates junto a los guardias civiles en tantos y tantos rescates y auxilios anónimos, donde la presencia de la Guardia Civil fue providencial para aminorar con su sacrificio la tragedia.
Podríamos seguir, porque la vida de la Guardia Civil, a través de su propia historia, está jalonada de otros muchos ejemplos de servicios humanitarios, en terremotos, accidentes, incendios, epidemias..., que le han dado el sobrenombre, totalmente merecido, de Benemérita de España.
Así junto a nuestros héroes del pasado, hoy tenemos que sumar nuevos héroes, que, en muchos casos, a pesar de haberlo perdido todo, como un vecino más de las propias poblaciones a la que sirven y donde conviven, a pesar de haber perdido compañeros, no cejaron en su empeño en salvar a quien se encontraba en peligro.
Son nuestros compañeros Iván, Fran, Christian, David, Dani, Saez,..., hoy totalmente anónimos para el mundo, pero no para nosotros, son nuestros compañeros de Chiva, Utiel, Paiporta, Pincaña, Cheste, Catarroja, de Mula, de Letur, de Alhaurín de la Torre,..., son nuestros compañeros de cada una de las comandancias afectadas por la DANA, son nuestros héroes, son los héroes de la mujer embarazada rescatada por una patrulla de Tráfico, de la señora que estuvo tres días en el agua, de los ocupantes de la ambulancia rescatada cuando era arrastrada por el agua, de los habitantes de cada uno de los pueblos afectados por la DANA, son los héroes de Teresa y Pilar, dos ancianas rescatadas, de Samuel en shock cuando el agua arrasó su casa, de la doctora rescatada junto a su material médico y a sus medicinas, de la familia del niño de cuatro años arrastrado por la corriente, de las cincuenta personas rescatadas por dos guardias civiles, del anciano con Alzheimer perdido en plena catástrofe, de la familia y su perro rescatados cuando el agua se llevaba su coche, de tantas y tantas personas, de todos aquellos que desde la misma noche del 29 de noviembre vieron en aquellos guardias civiles que se dirigían hacia ellos cuando las condiciones eran las más duras, un halo de esperanza.
Es el espíritu benemérito de la Guardia Civil, el espíritu que inculcó el Duque de Ahumada a sus guardias civiles, el espíritu que han forjado, quienes, imbuidos de los más altos valores, se dedican sin miedo a la fatiga, al desánimo o al peligro, a velar por la seguridad de la sociedad y a dar auxilio, incluso la vida, cuando la ocasión lo requiere.
Son nuestros héroes anónimos, humildes, comprometidos, son los héroes de la sociedad, son los miembros de nuestra Benemérita Guardia Civil, el Cuerpo que, como Benito Pérez Galdós indicaba en 1900, “Fue creado en el seno de España como un ser grande, eficaz y de robusta vida". Es la Guardia Civil.
ANTONIO MANCERA CÄRDENAS
Director TRIBUNA BENEMÉRITA











































































