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El 17 de julio de 1849, debido a que algunos destacamentos carecían aún de acuartelamiento, el Inspector General del Cuerpo expidió una circular a los jefes de los Tercios y comandantes de provincias para que manifestaran los puntos de sus respectivas demarcaciones en los que la fuerza estaba sin acuartelar.

Debía ser una relación confeccionada por orden numérico, según la importancia o conveniencia, que incluyera el coste estimado que podría tener en esa provincia la construcción de cada caserna, como antecedente a la actual casa- cuartel. 

En la misma circular se acompañaba un "Proyecto de Caserna para los Puestos de Guardia Civil en despoblado" de estructura muy simple, que albergaría una sola nave de 12 metros y medio de longitud, con una habitación para el comandante del  Puesto, un calabozo, una cocina pequeña para cocinar y 10 sitios para una cama y silla.   

El problema radicaba en que en las grandes poblaciones donde hubiera más de cincuenta guardias se facilitaría una casa cuartel, mientras que en los pueblos se aplicaban las normas vigentes de la ordenanza militar (facilitar "cama, agua, sal, vinagre y asiento a la lumbre”) porque no había edificios para su establecimiento y por la falta de fondos de los presupuestos estatales. Si se quería comenzar a prestar los servicios que tanto se esperaban, hubo de acondicionarse a los guardias en domicilios particulares.

No es posible determinar si llegó a convertirse en realidad este proyecto mediante la construcción de algunos edificios esporádicos, pues no se refleja en las circulares del Cuerpo ni en los periódicos de la Benemérita ninguna otra alusión a ella. Si se construyó alguno, no puede considerarse como arquitectura propia de los cuarteles de la Guardia Civil.