
El 22 de julio de 1859, una pareja de guardias civiles del Puesto de Fraga auxilió a los ocupantes de la diligencia número 64 de la empresa Oriente de España que, como consecuencia de una gran tormenta, se había salido de la carretera de Aragón y había caído a un barranco con agua.
Los viajeros estaban consternados y temían por sus vidas cuando los guardias civiles lograron ponerles a salvo y ayudar a que el carruaje se pusiera en marcha para seguir su camino.
Desde su creación, la Guardia Civil se ha caracterizado por los innumerables servicios humanitarios prestados, recibiendo por este motivo el sobrenombre de “Benemérita”. El auxilio de la Guardia Civil en casos de inundaciones, figura ya reseñado como un deber ineludible en la “Cartilla del Guardia Civil" (1845). En concreto, en el artículo 35 dice textualmente:
"En las avenidas de los ríos, huracanes, temblores de tierra, o cualesquiera otra calamidad, prestará cuantos auxilios estén a su alcance, a los que se vieren envueltos en tales males".
En la actualidad, la prestación de este tipo de servicios está recogido en el artículo 11.1.b de la Ley Orgánica 2/1986, de 13 de marzo, que dice que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tienen como misión auxiliar y proteger a las personas y asegurar la conservación y custodia de los bienes que se encuentren en situación de peligro por cualquier causa.











































































