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El 23 de marzo de 1957, un autobús que se dirigía desde Málaga a Almería por la carretera general Cádiz-Barcelona se precipitó por un barranco al llegar a la altura del kilómetro 312, quedando destrozada la techumbre tras dar varias vueltas de campana.

El jefe de Línea de La Herradura (Granada) y la fuerza a sus órdenes tuvieron que apuntalarlo con los escasos medios que encontraron a mano, arriesgando sus propias vidas. Se extrajeron los cadáveres de cuatro personas y a 22 heridos a pesar del gran riesgo que corrían por la posición en la que se encontraba el vehículo. Una vez rescatados, la totalidad de la fuerza donó sangre para transfusiones.

El carácter benemérito o benefactor de la Guardia Civil forma parte de su naturaleza desde su creación y ha sido una constante a lo largo del tiempo con numerosas conductas reconocidas a miembros del Cuerpo a título personal. La lealtad, el sacrificio, la austeridad, la disciplina, la abnegación y el espíritu benemérito son los principios clave que guían las actuaciones de los hombres y mujeres guardias civiles y el férreo cumplimiento de estos compromisos ha permitido al Cuerpo garantizar la seguridad de la ciudadanía hasta nuestros días.

En la actualidad, ese espíritu benemérito se mantiene vigente de manera expresa en el Real Decreto 176/2022, de 4 de marzo, por el que se aprueba el Código de Conducta del personal de la Guardia Civil, cuyo artículo 21 exige a sus miembros prestar auxilio con los medios a su alcance a quien lo necesite, se encuentren o no de servicio, con especial atención a las personas y colectivos más vulnerables.