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dibujo atentado

De vez en cuando, cuando hecho la vista atrás, vienen a mí los recuerdos del pasado y no desdeño ninguno por doloroso que este que sea, ya que si lo hago, dejaría en manos del olvido a quienes la vida les fue arrebatada injustamente por bárbaros y crueles asesinos cuyo fin era herir de muerte nuestra paz.

Una paz por la que pagamos un alto precio ya que arrancó de nuestras manos a seres humanos de un gran e incuestionable valor. Por valiosos y valientes fueron el centro de las dianas y las balas y las bombas se cebaron en ellos acabando con su latido, por eso debemos negarnos a que acaben ahora con su recuerdo y terminen en el olvido de forma inmerecida, porque fueron ellos quienes con sus vidas nos trajeron a este momento, son nuestro pasado aún vivo y latente, y se lo debemos, le debemos defender su memoria y que no nos los roben una vez más.

No fueron las víctimas, aún lo son y lo serán siempre para los que día tras día vivíamos estupefactos los atentados donde las vidas de miles de personas se convertían en la noticia de que una vez más pasó. Era el goteo incesante de una lluvia fría que calaba los corazones de todos los que sentíamos el dolor de los heridos, de las familias quebradas, de las almas arrancadas a los cuerpos… Una tormenta que con furia azotaba a los españoles que incrédulos nos preguntábamos el por qué de tanta sinrazón, de aquel odio hacia aquellas personas que no hacían daño alguno, que intentaban vivir recorriendo y construyendo sus sueños y que de pronto alguien decidía que sus vidas llegaran a su fin.

Asesinos despiadados que no repararon en el daño y piedad no tuvieron cuando por la espalda y con cobardía se ensañaron con ellos... Hombres, mujeres, niños cuya vida fue truncada impidiéndoles ser lo que deseaban y que, mientras nosotros llorábamos por el dolor de la pérdida, ellos celebraban la victoria de haber cumplido su cometido: matar.

Sus manos encierran violencia y odio, y cuando hoy les veo, mi razón se nubla y mis ojos lloran el recuerdo de los ya no están. Recuerdo que algunos se empeñan en arrinconar como sucesos irrelevantes de una época pasada, como si eso restase importancia o hiciese menor su culpa o fuese suficiente para justificar lo que sucedió.

Que equivocados están si creen que renunciaremos a su memoria a favor de su ignominia, permitiéndoles lograr lo que siempre pretendieron, que no es más que romper la paz, la armonía y el natural afecto hacia quienes, con gallardía, nos protegen día a día.

A su lado estuvimos, estamos y estaremos y en nuestras manos no hallarán los asesinos las armas que buscan usar contra ellos, en nuestros corazones no podrán sembrar el odio que les sirva para atacarlos y que no busquen en nuestras palabras porque sólo hallarán el agradecimiento que les debemos a quienes por nosotros dieron la vida

Vivid con vuestra culpa y vergüenza, adornad con sarcásticas sonrisas vuestra palabrería ambigua e infame, creeros en derecho de ser cuando en realidad no sois, pero no olvidéis que nosotros no los olvidamos y mantendremos la llama del recuerdo encendida siempre y sois pocos y muy cobardes como para lograr apagarla y desprestigiarlos.

Ni olvido, ni perdón.

TEXTO: MILAGROS DOMINGUEZ GARCÍA

ILUSTRACIÓN: MARÍA PORTO VALLADARES