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 Comandante Jose Manuel Corral Peon. marca de agua

Cada 12 de octubre, cuando España celebra a la Virgen del Pilar, Patrona de la Guardia Civil, suelo sentarme a escribir unas líneas de gratitud y recuerdo para rendir homenaje a quienes han hecho de su vocación una forma de vida.

Este año, sin embargo, he querido hacerlo de una manera distinta y dejar que sea otra voz la que hable: la de una niña, que en 1995, con apenas 12 años, escribió una redacción que aún hoy me conmueve por su lucidez, sensibilidad y profundo respeto hacia el cuerpo al que pertenezco

No la reproduciré en su totalidad —por razones obvias—, pero sí quiero compartir que sus palabras, escritas con la inocencia y la sinceridad de una niña, resumen mejor que muchos discursos el verdadero significado de lo que representa la Guardia Civil para tantas familias españolas.

En aquel texto, sencillo y luminoso, hablaba con emoción de sacrificio, de vocación y de honor; hablaba de los caminos polvorientos vigilados por la silueta del tricornio, de las ausencias familiares convertidas en ofrenda callada, y de la certeza de que, tras cada uniforme, late un corazón dispuesto a darlo todo por los demás.

Lo más conmovedor es que no escribía desde la teoría ni desde los libros de historia, sino desde la experiencia cercana de ser hija de un guardia civil.

Allí estaba, en cada línea, la comprensión de que el servicio a España no se limita al uniforme, sino que alcanza también a las familias, que aprenden a convivir con la ausencia, con la incertidumbre y con el orgullo de saberse parte de una misión mayor.

Han pasado tres décadas desde aquellas palabras infantiles, y sin embargo su vigencia es absoluta. La Guardia Civil sigue siendo faro de seguridad en tiempos de incertidumbre; sigue siendo refugio para el afligido, como reza su reglamento; y sigue encarnando un lema que no envejece: “El honor es mi divisa”.

Quiero aprovechar también estas líneas para felicitar a todos los compañeros que hoy, bien en servicio activo, en reserva o ya retirados, conmemoran con orgullo el día de nuestra Patrona.

A ellos, a sus familias que comparten sacrificios y alegrías, y a quienes además celebran su onomástica, mi modesto reconocimiento y mi afecto sincero en esta fecha tan señalada.

En un día como hoy, cuando ondea la bandera y se recuerda a los que entregaron su vida en acto de servicio, quisiera quedarme con la mirada clara de aquella niña de doce años.

Porque, al final, lo que mejor define a la Guardia Civil no son las estadísticas, ni los reglamentos, ni los discursos solemnes, sino la admiración sencilla, pura y sincera de quienes, desde dentro, han visto y sentido el valor de servir.

Por eso, en este Pilar, más que un artículo de opinión, quiero ofrecer un eco: el eco de una voz infantil que hace treinta años escribió lo que todavía hoy late en el corazón de todos los que sentimos y queremos a la Guardia Civil.

¡Feliz Patrona!

José Manuel Corral Peón
Comandante (R) Guardia Civil