
Como agente de la Guardia Civil, hoy retirado por accidente en acto de servicio, que he conocido las calles de muchas partes de España, donde cada turno puede convertirse en un encuentro con la muerte, me duele escuchar sus palabras señor Alfonso García, como senador.
Usted, señoría, en su calidad de senador del Grupo Parlamentario Socialista y Profesor de Geografía, ha decidido pasar de impartir lecciones sobre coordenadas geográficas, a, desde la seguridad y la comodidad de su escaño en el Senado, darnos otro tipo de lecciones en sede parlamentaria dirigiéndose a una compañera de Policía Nacional, que es como dirigirse a todos nosotros para espetarle, escupirle más bien, que "La profesión de riesgo os la tenéis que ganar, y 'no por mis galones”
Lo de “por mis galones”, señor senador lo hemos entendido todos bastante bien, pero cuando guardias civiles y policías nacionales reclaman que su profesión sea considerada como de riesgo, no lo hacen “por huevos”, que es la traducción literal y un poco más grosera a su expresión fuera de tono, lo hacen porque precisamente el riesgo que conlleva su profesión ya se lo han ganado con creces, se lo ganan cada día al salir a patrullar.
Usted, desde su escaño se cree con autoridad moral suficiente para juzgar el valor de quienes nos hemos jugado la vida y de quienes se la juegan a diario, para que usted cuestione su trabajo y lo que este implica, viviendo en la seguridad que le dan mis compañeros en activo, aunque usted, más allá de debatir como senador en un hemiciclo climatizado y seguro y de enseñar mapas y fronteras en un aula, donde lo más peligroso es que sus alumnos no distingan Palencia de Valencia o Ávila de Álava, no sabe lo que es acometer el riesgo cada día, para que usted, sus señorías y toda la sociedad, vivan seguros y pueda darnos lecciones.
Sus palabras no son solo una ofensa; son un verdadero escarnio a la memoria de cientos de compañeros caídos, a familias destrozadas y a la dignidad de todos los que hemos vestido y visten el uniforme de Policía Nacional o de Guardia Civil.
La arrogancia política, su arrogancia, señor García, solo empobrece su discurso, su tono de superioridad, su altanería, es el símbolo de quien desprecia a quien tiene delante y aunque parece que disfraza usted su discurso de conocimiento y de firmeza, en realidad lo que demuestra es tan solo ignorancia e inseguridad, eso sí recubierta de arrogancia, la de quien se siente seguro gracias al trabajo de quienes usted desprecia.
Como profesor debería saber que cuando se parte de la base de que uno ya lo sabe todo, se deja de aprender. Y sin capacidad de aprendizaje, el ejercicio de gobernar se convierte en una imposición, no en un servicio público, como el que demuestran guardias civiles y policías, sepa, señoría, que nuestra profesión ES DE RIESGO, les guste a ustedes o no y que, guardias civiles y policías nacionales no necesitan "ganársela" ante burócratas que ignoran lo que cuesta el precio de la seguridad y la libertad.
Permítame recordarle, señor García Rodríguez, que muchos de nosotros acumulamos cicatrices, noches sin dormir y promesas rotas a nuestras familias que saben que cada salida de servicio puede ser la última.
Recuerde que, mientras usted debate en un lugar vigilado por mis compañeros o dicta clases sobre coordenadas geográficas en la seguridad de su aula, nosotros patrullamos barrios donde el narco acecha, intervenimos en reyertas que terminan con sangre, con heridos o muertos y enfrentamos amenazas que llegan hasta las puertas de nuestras propias casas y que sufren nuestras familias. Los hechos señor senador, nuestro trabajo, es precisamente nuestro aval, un aval más importante y más fiable que la palabra de un político, y créame, la sociedad en su conjunto lo sabe.
España, ustedes, diputados, senadores, políticos, profesores, maestros, ciudadanos, le deben a la Policía Nacional y a la Guardia Civil una deuda eterna, le deben su seguridad y la paz.
Desde 1968, cuando ETA se cobró su primera víctima mortal en nuestro colectivo –el guardia civil José Antonio Pardines Arcay–, hasta el fin de su barbarie en 2011, más de 429 agentes de ambos cuerpos fueron asesinados por terroristas. Y no olvidemos el terrorismo yihadista, atentados que igualmente nos robaron compañeros en la lucha contra el odio global, en misiones internacionales, como en Afganistán o Líbano, donde ustedes nos enviaron a luchar por la libertad y donde también perdimos compañeros bajo el fuego terrorista.
Sé que ustedes son olvidadizos para lo que quieren, pero al menos sean prudentes, aprenda de mis compañeros, para los que de la prudencia depende sus vidas y la de usted, además de su seguridad.
El riesgo no acabó con el terrorismo, el riesgo está en cualquier servicio de cualquier día, recuerde que, en 2024, cuatro compañeros, cuatro guardias civiles murieron en acto de servicio solo en los primeros meses del año, asesinados al ser arrollados por narcolanchas en Cádiz o en controles rutinarios.
Debe saber que tan sólo la especialidad de Tráfico de la Guardia Civil, por ejemplo, suma 345 fallecidos desde su creación, sin contar heridos en acto de servicio de todas las especialidades.
Eso, es señoría, "ganarse" la profesión de riesgo.
No hablamos de riesgos teóricos; son reales y cuantificables. Los datos son oficiales, se pueden revisar, usted debería saberlo porque están en la memoria del Ministerio de Interior, en 2024, agentes de Policía Nacional y Guardia Civil sufrieron 16.878 agresiones, un récord que significa casi 1.400 agresiones al mes, o para que usted lo entienda, 46 agresiones al día. Un incremento del 36% desde 2018. Tan solo en Madrid se dieron 3.086 agresiones a agentes, en Barcelona fueron 1.890, en Andalucía, los guardias civiles y los policías nacionales se juegan la vida enfrentando casi una agresión diaria solo por combatir el narcotráfico, donde narcos armados con fusiles de asalto nos atacan sin que ustedes permitan que nos defendamos en condiciones. Nuestras familias se enfrentan al acoso fisico, también en redes, enfrentan extorsiones de todo tipo, nuestros hijos son señalados por ser precisamente hijos de quienes combaten la delincuencia. ¿Y qué recibimos a cambio? Heridas físicas y psicológicas que nos marcan de por vida, sin el reconocimiento que merecemos y su desprecio.
La incongruencia intolerable es qué, para ustedes los políticos, unos policías sí son considerados profesión de riesgo y otros no, y es aquí donde radica la mayor bofetada que ustedes que deberían legislar nos dan.
Porque, señor García, por si usted no lo sabe, en España, la Ertzaintza, los Mossos d'Esquadra, la Policía Foral de Navarra y las policías locales SÍ son profesiones de riesgo, con coeficientes reductores que permiten jubilarse a los 59 años con el 100% de la pensión. Ellos acceden a jubilación anticipada sin penalizaciones, a nosotros, los que cubrimos todo el territorio nacional –de la frontera pirenaica al Estrecho–, los que combatimos a ETA en todo el país y no solo en sus feudos, los que ahora nos enfrentamos al terrorismo yihadista en todo el territorio nacional, nos mantienen ustedes en el limbo y nos siguen negando la realidad de nuestra profesión.
El Gobierno alega "tecnicismos" y niega que exista tal categoría, pese a que bomberos, mineros, ferroviarios, toreros y hasta artistas (sí, cantantes, bailarines y trapecistas) la tienen reconocida por su "naturaleza penosa o peligrosa". Los payasos de momento no, aunque se incluye en ese “catálogo de profesiones de riesgo “ad hoc” a "artistas por riesgos escénicos”, estoy convencido, de que según está el circo de la política en nuestro país, los payasos tendrán en ese catálogo un capítulo específico para ellos y para ustedes, porque en el circo de la política y de la burocracia todo puede pasar, todo menos reconocer a quienes efectivamente arriesgan su vida por la seguridad y la tranquilidad de todos, por la suya a pesar de su desprecio, también.
Equiparamos un salto de trapecio, que tiene su riesgo, con enfrentarnos a un yihadista o un narco. Esta discriminación les cuesta a mis compañeros 700 euros menos al mes de pensión cuando se jubilen y les obliga a trabajar hasta los 65 años, envejeciendo, con el cuerpo machacado por las cicatrices y el estrés.
Quizás usted señoría no lo sepa, pero el Supremo ya nos dio la razón en mayo de 2025, y obligaba al Gobierno a reconocerlo, condenando su inacción. Pero mientras ustedes, diputados y senadores del PSOE y del PP prometen avances que nunca llegan, políticos como usted, señor García, echan sal en la herida.
Señoría, sus palabras no son "expresiones" perdonables; son un insulto a la inteligencia, a la libertad y a la seguridad que juramos defender. Usted, que nunca ha sentido el frío de una pistola apuntándole, ni el peso de un féretro de un compañero caído sobre sus hombros, se atreve a "darnos lecciones" desde su "cómodo asiento de senador", y olvida que, sin nosotros, su aula y su escaño no tendrían ni la paz, ni la seguridad suficientes para que usted pudiese ejercer su trabajo con tranquilidad.
Esos "galones" que menciona, son “los huevos” que hay que tener para salir cada día a la calle y velar por su seguridad para que usted pueda insultarnos desde su escaño.
No hace falta que pida perdón, tan sólo salga un día a patrullar con cualquiera de mis compañeros, y comprobará que es realmente y cómo se "gana" cada día la profesión de riesgo.
Y no señor García, mis compañeros en activo no le piden que se reconozca su trabajo por orgullo ni por “galones”, ni por “huevos”, se lo piden por justicia. Porque la paz que usted disfruta, señoría, tiene nombres y apellidos, cicatrices y tumbas, son los miembros fallecidos y heridos en acto de servicio, son los agentes en activo que salen a patrullar España cada día, es la Guardia Civil y es la Policía Nacional.
Antonio Mancera Cárdenas
Guardia Civil retirado por accidente en acto de servicio














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