
Con su yelmo encrestado como los dioses de una guerra, esperan en guardia y con sus armas preparadas una futura intervención. Ellos saben que su labor consiste en mate rializar la Orden Nº 3, de 13 de febrero de 2014, que les encomienda la prevención, mantenimiento y restablecimiento del orden público y la se guridad ciudadana. Ni más, ni menos. Y saben que, a pesar de cumplir con lo que les ordena la ley, su actividad protectora muchas veces se diluye en el humo de la incomprensión.
En cualquiera de sus ocho escaques -Madrid (GRS-1 y Escuadrón de Caballería), Sevilla, Valencia, Barcelona, Zaragoza, León, Pontevedra y Sta. Cruz de Tenerife -, los hombres y mujeres de la ARS se despliegan haciendo frente a estas situaciones complejas que exigen una respuesta rápida y contundente.
Actúan bajo un órgano de mando ejercido por un coronel, y sus unidades funda - mentales de ejecución son los Grupos de Reserva y Seguridad, que dirigen tenientes coroneles o comandantes, y el Escuadrón de Caballería. Son los herederos de aquella fuerza veterana que el general Juan Prim, ministro de la Guerra, creó el 28 de octubre de 1868, y como tales, recogen ese testigo que los define y que se imprime en “negrita” en el Manual de Servicio que regula su funcionamiento en la actualidad:
“Tendrán siempre espíritu de colaboración y trabajo en equipo. Serenidad, autocontrol y dominio emocional. Energía y capacidad de trabajo. Elevado grado de la responsabilidad. Adaptabilidad y flexibilidad. Compromiso y disciplina. Integridad y honestidad. Seguridad y confianza en sí mismos. Capacidad técnica y operativa. Abnegación, entrega y profesionalidad”. ¡Qué difícil es cumplir con esas virtudes de esfuerzo y disciplina! Por eso, terminan convirtiéndose en esas personas que visten el uniforme negro, con una apariencia contundente, casi divina, como aquel dios Marte que tan bien supo representar Diego Velázquez en su lienzo. Nuestro pintor uni - versal mostraba un dios mitológico con fisonomía humana que lanza hacia el observador su arma más poderosa. Es su mirada interrogante e inquisitiva que nos pregunta: "¿Entendéis lo que hacemos? ¿Comprendéis nuestra función? ¿Sabéis qué somos?"
GÉNESIS . En las crisis profundas de seguridad, la espora del conflicto surge como por generación espontánea. Defender al ciudadano y mantener el orden legal en cualquier circunstancia, aunque el servicio cotidiano se encuentre desbordado y sin capacidad física de respuesta, forma parte de la estrategia de protección a la sociedad. Era necesario crear una unidad para “llevar debidamente las atenciones del servicio”, y esa fue la filosofía que inspiró a Prim cuando creó el 14º Tercio de la Guardia Civil, embrión de lo que es actualmente esta especialidad. En este tablero de ajedrez que no quiere quedarse en tablas, las unidades de reserva ocupan sus puestos allí donde los necesitan, llegando a las comandancias con sus vehículos negros y en modo variis munera, como llega el agua en el mes de mayo, y entonces se escucha: “Menos mal. Ya están aquí”.
Y el enfrentamiento con estas situaciones especiales requieren un movimiento de enroque, ya no de dos piezas, sino de las múltiples herramientas en las que ellos se convierten para tratar de restablecer la normalidad. Y los vemos versátiles, adaptables, útiles o flexibles en la gran cantidad de acciones en las que participan. Y siempre fue así.
Existe constancia que el 10 de septiembre de 1917, Tetuán de las Victorias sufrió una terrible inundación. Allí el sargento Pedro González Salas, del 14º Tercio, recibió la Cruz de la Beneficencia por haber salvado la vida a una familia entera que estaba alojada en esta localidad.
El 14º Tercio se constituye oficialmente como Unidad de Reserva en 1888 y, en 1911, se creó un tercio similar en Barcelona, el 21º. Después de la Guerra Civil, ambos Tercios fueron denominados genéricamente como Tercios Móviles, y años más tarde se añadió un tercero, el de Sevilla. En 1956, los tres Tercios Móviles quedaron reducidos a uno, con sede en Madrid -el antiguo 14º Tercio-, del que dependían las cuatro Comandancias Móviles (Madrid, Sevilla, Barcelona y Valencia).
La reforma orgánica de 1967 eliminó la cabecera del tercio, quedando únicamente las cuatro Comandancias Móviles. Con el paso del tiempo y la adquisición de materiales y medios antidisturbios más modernos, se da el paso definitivo y se crean la Agrupación Rural de Seguridad (ARS) y seis Grupos Rurales de Seguridad (GRS). Estamos ya en 1988 y esta nueva organización se realiza sobre la base primitiva de las Comandancias móviles de Madrid, Sevilla y Barcelona, a las que se añaden la más moderna Comandancia Móvil de Logroño y las Compañías de Reserva de Valencia y León. Como ya sucediera con la Comandancia Móvil de Madrid -anteriormente el 14º Tercio-, en el GRS Nº 1 de Madrid se encuadra el Escuadrón de Caballería.
PRIMER MOVIMIENTO DEL CABALLO. En la batalla de Salado se escucha el relinchar de los equinos en sus cuadras. Corre el año 1958 y bajo el mando del jefe de la 1º Comandancia Móvil de Madrid nace el Escuadrón de Caballería, aunque, evidentemente, caballo y guardia civil han ido unidos desde la creación del Cuerpo hace 175 años. Por un lado, se configura como una fuerza de orden público y, por otro, como una aplaudida unidad de honores.
Esta función bicéfala se va adaptando y modificando a lo largo del tiempo y a la evolución de la sociedad. A mediados del siglo XX, con la introducción del vehículo a motor, se procede a un repliegue paulatino y continuo de la cabaña caballar en los Puestos, Líneas, Compañías y Tercios.
En 1979 y 1980 surge la necesidad de trasladar el Escuadrón a Valdemoro, alejándolo del núcleo urbano de la capital y dependiendo del GRS-1 de Madrid. En 1988, el ESCON (Escuadrón de Caballería) ya es una unidad especial e independiente enmarcada en la ARS.
En la actualidad, se yergue a su mando el comandante Idafe Gallego, que debe organizar una cabaña de 150 caballos en secciones y escuadras que dan servicio a la infinidad de actos y concentraciones humanas en las que participan prestando seguridad y prestancia a los acontecimientos. Los caballos -pues actualmente no hay ninguna yegua- se someten a una instrucción y doma paulatina que los socializa, acostumbrándolos al contacto con los humanos de forma habitual. Pasada esta primera fase, se comienza con una segunda doma específicamente policial y de orden público.
Ruidos atronadores, bengalas incendiarias, humos incómodos, estruendo… los estímulos agresivos habitúan al animal a manejarse entre las masas. Cuando estos guardias civiles cuadrúpedos terminan su recorrido profesional -todavía siguen realizando una labor definitiva para la sociedad- participan en programas de colaboración con entidades que trabajan con personas con discapacidad y organizan actividades para que niños y adultos puedan relacionarse con los animales. Esta hipoterapia les ayuda mucho a superar sus problemas. El prestigio que despierta el galope del escuadrón a su paso les proporciona reconocimiento y admiración. El último galardón recibido hace unos meses fue el Caballo de Oro, otorgado por el Ayuntamiento de Jerez.
LA CLAVADA DEL ALFIL. En cualquier dirección, pero siempre en línea recta, vemos a los miembros de la ARS reforzar y prestar apoyo a todas las unidades, convirtiéndose, de alguna manera, en la primera unidad de respuesta y en el alma de la Guardia Civil. Los que los han visto trabajar saben que doblan turnos sin quejarse y que son expertos en combinar jugadas, aunque algunas de ellas se perpetúen en el tiempo, convirtiéndose en un elemento cuasi imprescindible para algunas comandancias del sur.
Lo mismo controlan una megaconcentración religiosa que están en las multitudinarias reuniones de “Los Ángeles del Infierno”, o en rebosantes festivales veraniegos o concentraciones tradicionales bulliciosas o conflictivas. En las reivindicaciones de estibadores, mineros, transportistas, es decir, en las huelgas graves y violentas, los hemos visto actuar y ser agredidos lo mismo que en la frontera con Marruecos.
En este cuerpo a cuerpo tan difícil de digerir se enfrentan también a la mirada de estas personas que tienen hambre. Otra tarea que se prolonga en años es la vigilancia de los camalos (porteadores), estos cientos de personas mayores – sobre todo mujeres- que portan enormes y pesados paquetes a sus espaldas en El Tarajal de Ceuta y el barrio chino de Melilla.
En el ajedrez, cuando se clava una pieza, se inutiliza. Los ARS, por profesionalidad, subordinan su acción defensiva a la consecución de otros objetivos más elevados. De eso saben mucho estos uniformes negros de los que a veces se deben despojar para ir a los juzgados vestidos de paisano a prestar declaración. Son los que llegan, trabajan y se vuelven. En los asuntos más penosos, graves o violentos mantienen el tipo, realizando un ejercicio de autocontrol y paciencia que les confiere un prestigio internacional.
Las policías de naturaleza gendármica que participaron en los pasados ejercicios EGEX18 de Eurogendfor se admiraban de la multiutilidad de esta especialidad de la Guardia Civil. En el resto de la UE, la protección de las infraestructuras críticas, la protección civil, los operativos especiales, los incidentes de índole nuclear, radiológica, biológica y química (NRBQ), la protección y seguridad de altas personalidades o la actuación en catástrofes y otras calamidades las resuelven con unidades distintas, especializadas en cada cosa.
En España, la ARS se sube al caballo, se aloja en la ciudad y al día siguiente duerme en la montaña realizando actividades muy distintas. Y eso sorprende. Articulada en sus unidades funcionales especializadas, la UBA (Unidad Básica de Actuación), la UBAR (Unidad Básica de Actuación Reforzada) o el MIR (Módulo de Intervención Rápida) responden al cumplimiento efectivo de la Orden General número 3, de 13 de febrero de 2014, que organiza la actual Agrupación de Reserva y Seguridad ARS. Las mismas siglas que su antecesora, el mismo espíritu y la misma fuerza de adaptación en el tiempo.
LA TÁCTICA DE LA TORRE. A lo largo y ancho del tablero damascado, las unidades de la ARS recorren los continentes para llevar a cabo la primera de las misiones que tiene encomendada: realizar o colaborar en la protección y altas personalidades, aunque esto los lleve a mascar el aire denso que se respira en Jerusalén. Enviados por la Secretaría de Cooperación Internacional de la Guardia Civil, una fracción del GRS se pasea por la Green Line de una de las ciudades más antiguas del mundo. Es la primera vez que la Guardia Civil pisa esa tierra de cristianos, judíos e islámicos. Sobre ese polvorín extremadamente inestable, el consulado español tiene su sede.
Durante seis meses y en turnos, miembros del GRS-6 de León prestarán servicio de seguridad estática y personal al cónsul general y al edificio. Los monitores de circuito cerrado vigilan durante las 24 horas del día y durante siete días a la semana. Un sargento, cabos y guardias civiles realizarán la vigilancia permanente y ayudarán a los ciudadanos a realizar sus gestiones en horario de servicio público. Tuvieron que esperar un mes para obtener la autorización de residencia, y aguardaron otro mes más para obtener la preceptiva licencia de armas, dos meses de espera hasta encontrarse totalmente operativos.
Por ese motivo, el relevo del contingente se produce paulatinamente y se transforma en el tiempo. Ofrecen al cónsul general y a los cónsules adjuntos una seguridad integral con escoltas, contravigilancia, acompañamientos, etc., que incluye también a sus familiares y a todas las personas que el jefe del Consulado estipule.
En ese avispero incontrolado, donde las personas pasean armadas de forma habitual, los GRS acompañan con asiduidad al personal que se traslada a la Franja de Gaza. Visitar el territorio palestino es una auténtica odisea. Además de la burocracia interminable que existe en los tres controles fronterizos que hay que cruzar, deben lidiar con el camuflaje poblacional de Hamás. Deben tener los ojos bien abiertos en su transitar peligroso, tratando de distinguir entre toda la artillería quiénes pertenecen al grupo terrorista y quiénes no.
Sumamos ahora la dificultad para contar con un conductor local y moverse libremente en la zona. Los dispositivos de navegación GPS no funcionan adecuadamente en muchas ocasiones por lo que el personal del equipo utiliza su sentido de la orientación para poder circular por ese laberinto de calles. Peatones, turismos, motocicletas, burros y mulas se sumergen en la nube de polvo de las calles sin asfaltar por donde transita la personalidad a la que dan protección nuestros héroes. Bajo una apariencia de normalidad tensa, los GRS transitan las tierras del Jordán sabiendo que todas las semanas se conocen enfrentamientos entre ambas partes, incluso con fallecidos.
Esta no es la primera vez que la ARS se asienta en territorio hostil. Hace ya 19 años, en el 2000, se marcharon a Kosovo 120 guardias civiles en la primera misión internacional enfocada al control de masas. Era la SPU (Special Police Unit), el inicio de una serie de intervenciones en zonas de conflicto donde la agrupación transporta su sabiduría, método y experiencia. En Irak, se intervino prestando protección al jefe militar de la misión y se actuó como enlace en los problemas de orden público
LA REINA, UNA PIEZA MAYOR. “La naturaleza de nuestro servicio demanda mujeres. Son muy necesarias aquí”, dice el teniente coronel Manuel Formigo, de la Jefatura de la ARS. Porque la dama tiene un valor absoluto en este juego del ajedrez, donde quince mujeres operativas se distribuyen en cinco de los nueve escaques del tablero. Una está en Sevilla (GRS-2), tres en Valencia (GRS-3), una en Barcelona (GRS-4), una en Tenerife (GRS-8) y nueve en el Escuadrón de Caballería
El cabo armero Vicente Javier Jabares, jefe de Armamento del GRS-6 de León, entrenó duramente a su mujer, que ya había sido la primera suboficial en el Servicio Cinológico responsable de Seguridad y Rescate. Ambos querían que ella superara la prueba que permitió, a la entonces alférez María Lourdes Ramírez, convertirse en la primera mujer oficial que superó los exámenes del Curso Especialista ARS.
En diciembre de 2009, comenzó el curso que finalizó en enero de 2010 y que le permitió estar operativa en esta unidad hasta su ascenso a teniente en septiembre de 2014. Pero ella no fue la primera mujer en esta historia. Anteriormente, dos jóvenes guardias civiles recién salidas de la academia rompieron esa barrera invisible que supuso entrar en la ARS. Ascensión de Maya no tuvo duda cuando, por primera vez en Baeza, vio una exhibición de los que iban a ser sus compañeros; y Yolanda Gil Ramos pidió ese destino por estar en Madrid.
Una vez dentro, se sintieron muy observadas en ese mundo de hombres que no sabían muy bien cómo tratarlas. Superaron unas prácticas muy exigentes de un mes de duración, y por las cuales no daban título pues, en aquel momento, la ARS no era una especialidad del Cuerpo y carecía, por lo tanto, de un curso de especialidad. Sin agua, sin luz y alojadas en la nada superaron la última etapa de supervivencia en un pueblo abandonado de Guadalajara y, a pesar de las dificultades superadas, “fue para nosotras una experiencia única y gratificante”. Yolanda y Ascensión entraron en la unidad un 2 de junio de 1991 y la primera permaneció allí hasta octubre de 1994, consiguiendo por primera vez en la historia el distintivo de permanencia.
Ambas, como buenas guardias civiles, demostraron que no existían impedimentos para que la mujer participara en un control de seguridad difícil, como en las manifestaciones de familiares de ETA, en vigilancias y control de entrada ilegal de tabaco en Algeciras o en los conflictos mineros de León, que fueron algunos operativos en los que participaron.
El 23 de febrero de 2010, Maite Lorenzo fue la primera guardia civil que obtuvo el certificado de haber superado con éxito el Curso de Control de Masas, lo que la convierte en la primera mujer que obtiene la especialidad. También la teniente Laura Reverón ha sido la primera oficial que terminó el Curso de Adiestramientos Especiales CAE en Logroño.
Hitos en este proceso de desarrollo en el que siempre se ha movido la agrupación. Si nos centramos en el Escuadrón de Caballería, añadimos que las dos primeras mujeres que formaron parte de él fueron Vanesa Fernández y Carmen Sirvent, que en el año 2006 saltaron el obstáculo de la integración dejando la pista libre a las que llegaron detrás. Ellas son las pioneras, las que rompieron los moldes de una España que avanzaba. Con el mismo paso y la misma cadencia, avanza también la ARS tratando de llegar al final de un tablero difícil, donde solo los que saben adaptarse a los ritmos del juego de la seguridad tienen la partida ganada. Son los que no se detienen en las batallas, los que saben soportar los fracasos. Los que descansan sobre sus armas dispuestos a saltar en la noche.
Lali Castellanos
Artículo publicado en la Revista GUARDIA CIVIL - 15/11/19












































































