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 El 25 de enero de 1885, el guardia segundo del Puesto de Órgiva (Granada), Santiago Martín Tarifa, encontrándose de servicio de puertas esa misma noche, oyó el llanto de una recién nacida y, junto a sus compañeros, tuvo ocasión de amparar a una niña abandonada en la calle, contribuyendo con sus pertenencias a proveerla de ropas y sufragar los gastos del bautizo, ofreciéndose para amamantarla la esposa del guardia civil Ramón Aragón Rodríguez, Elisa Sáez, quienes finalmente la adoptarían.

Tales hechos fueron puestos en conocimiento del Director General del Cuerpo, quien acordó que les fueran asignadas por la Caja de la Comandancia de Granada la cantidad de 15 pesetas mensuales, hasta que la niña cumpliese 5 años de edad.

El carácter benemérito o benefactor de la Guardia Civil forma parte de su naturaleza desde su creación y ha sido una constante a lo largo del tiempo con numerosas conductas reconocidas a miembros del Cuerpo a título personal. La lealtad, el sacrificio, la austeridad, la disciplina, la abnegación y el espíritu benemérito son los principios clave que guían las actuaciones de los hombres y mujeres guardias civiles y el férreo cumplimiento de estos compromisos ha permitido al Cuerpo garantizar la seguridad de la ciudadanía hasta nuestros días.

En la actualidad, el Código de Conducta del personal de la Guardia Civil exige a sus miembros prestar auxilio con los medios a su alcance a todo aquel que lo necesite, se encuentren o no de servicio, con especial atención a las personas y colectivos más vulnerables. De la misma manera, la Institución es depositaria de una rica herencia de valor, entrega y espíritu benemérito. Sus miembros deben conservar y transmitir la historia y las tradiciones del Cuerpo, como un deber de gratitud con quienes les precedieron y un estímulo para la continuación de su obra.