icono FACEBBOK icono TWITTER icono TWITTER icono YOUTUBE icono CARTAS AL DIRECTOR icono_INSTAGRAM.jpg icono DIRECCION icono DIRECCION

cabeceratribunabenemerita

persecucion narcolancha

La escalada de violencia del narcotráfico en el Estrecho de Gibraltar ha llevado al escalón más alto de la Guardia Civil a dar un paso sin precedentes. Un grupo de altos mandos ha remitido escritos internos a la Dirección General del Cuerpo exigiendo la activación inmediata de lanzagranadas “no letales” o “menos letales” como herramienta operativa para frenar a las poderosas organizaciones criminales que operan en la zona.

Según información publicada por EL MUNDO, estos mandos han dirigido sus comunicaciones directamente a la directora general, y al Director Adjunto Operativo (DAO), sin haber recibido hasta el momento respuesta oficial. Los altos mandos alertan de la “insostenibilidad” de la situación actual y denuncian que las narcolanchas no solo han incrementado su agresividad, sino que cuentan con protección de armas de guerra.

Disponibilidad técnica y argumento operativo

En los escritos enviados, los altos mandos recuerdan un dato clave: “Actualmente hay disponibilidad de cincuenta (50) lanzagranadas MOD. GL-06 CALIBRE 40 MM en nuestros almacenes”, junto con su munición correspondiente. Estos equipos pertenecen al Servicio Marítimo y se encuentran almacenados en el Servicio de Armamento.

El Brügger & Thomet GL-06 es un lanzador monotiro de calibre 40x46 mm, desarrollado inicialmente para aplicaciones policiales de control de masas y orden público. Se trata de un arma ligera (alrededor de 2,1-2,3 kg), con cañón estriado para mayor precisión, culata plegable, miras de punto rojo (como Aimpoint) y diseño ergonómico ambidiestro. Fue creado en respuesta a necesidades de la policía francesa para lograr precisión a distancias de standoff (más allá de 40-100 metros) con munición de impacto.

Los altos mandos argumentan que estos lanzadores, catalogados como “no letales” o “menos letales” cuando se emplean con la munición adecuada (proyectiles de impacto cinético o similares), podrían utilizarse para inmovilizar o dañar los motores de las narcolanchas desde unos 100 metros de distancia, siempre por personal debidamente formado. Destacan que ya se han adjudicado ocho lanzadores antidisturbios al Grupo Marítimo del Estrecho, cifra que consideran “totalmente insuficiente” ante la operativa real: hasta 30 narcolanchas diarias tan solo en las costas de Cádiz y Huelva.

Un contexto de extrema violencia

Esta solicitud no surge en un vacío. La tragedia de Barbate en febrero de 2024, donde dos guardias civiles fueron embestidos mortalmente por una narcolancha, marcó un punto de inflexión que quedó en promesas incumplidas. Un año y meses después, otros dos agentes perdieron la vida en una persecución en Huelva. Mandos especializados en narcotráfico discrepan de la versión oficial que lo calificó como “accidente inevitable” y sostienen que se trató de una maniobra intencionada y “habitual” por parte de los narcos: realizar eses a alta velocidad para provocar colisiones entre los agentes que intentan su detención.

Las organizaciones han radicalizado sus métodos. Las grandes familias tradicionales del hachís han sido desplazadas o complementadas por grupos más violentos que no dudan en usar armas largas para proteger sus alijos.

Los agentes operan en clara inferioridad de condiciones, sin un protocolo legislativo que les otorgue la protección adecuada ante esta amenaza asimétrica.

Preguntas pendientes

La propuesta de los mandos plantea un debate complejo: el equilibrio entre la proporcionalidad del uso de la fuerza, la eficacia operativa y la seguridad jurídica de los agentes. El GL-06, optimizado para munición less-lethal en contextos de control de masas, se pretende reconvertir en herramienta marítima contra embarcaciones rápidas y potentes. Sus defensores destacan su precisión y el bajo riesgo letal comparado con otras alternativas.

Hasta la fecha, ni el Ministerio del Interior ni la Dirección General de la Guardia Civil han hecho pública su posición sobre estos escritos. Mientras tanto, los agentes del Estrecho continúan jugándose la vida diariamente en persecuciones a alta velocidad contra un enemigo cada vez mejor armado y más determinado.

La solicitud de estos altos mandos no es un capricho táctico: es el grito de auxilio de quienes conocen mejor que nadie la crudeza sobre el terreno. Ignorarlo podría tener consecuencias irreversibles. Los agentes que luchan contra el narcotráfico en el Estrecho necesitan respuestas urgentes, claras y, sobre todo, con medidas efectivas que devuelvan la superioridad operativa a las Fuerzas de Seguridad del Estado. 

ASOCIACIÓN HISTÓRICO-CULTURAL "FIEL en el DEBER"