icono FACEBBOK icono TWITTER icono TWITTER icono YOUTUBE icono CARTAS AL DIRECTOR icono_INSTAGRAM.jpg icono DIRECCION icono DIRECCION

cabeceratribunabenemerita

 01937686 ebbe 49eb bbad 85558b79081b 16 9 aspect ratio 1600w 1041902

La Benemérita contaba en 1859 con más de 10.000 hombres y una amplia organización territorial para garantizar la seguridad en la Península y Baleares

El 1º de enero de 1859 continuaba como inspector general de la Guardia Civil el teniente general, de los “Ejércitos Nacionales”, Isidoro de Hoyos Rubín de Celis, marqués de Zornoza y vizconde de Manzanera. También continuaban, como jefe del Tercer Tercio (Sevilla) el coronel de la Benemérita, y de Caballería del Ejército, José Fernández de Terán Blengo; como jefe de la 3ª Compañía (Cádiz) el primer capitán de la Guardia Civil Pedro Anca Manjón, que tenía el empleo de primer comandante de Infantería y el grado de teniente coronel de Infantería, ambos del Ejército; y como jefe de la Sección del Campo de Gibraltar, y residencia en San Roque, el teniente de Infantería de la Benemérita Simón de la Torre Abad, que tenía el grado de capitán de Infantería del Ejército.

Todo ello constaba en el Escalafón General de antigüedad de los Señores Jefes y Oficiales de la Benemérita en 1859, editado en la Imprenta de Cristóbal González, sita en el número 26 de la madrileña calle de Pelayo.

A diferencia del Escalafón del año anterior, redactado e impreso bajo el mando del II Duque de Ahumada, ya detallado en un artículo anterior, la parte dedicada a exponer la historia y organización del Cuerpo de la Guardia Civil, no era tan extensa y se resumía en solo tres párrafos.

Se exponía que la Benemérita se había creado en 1844 para proteger personas y propiedades, así como atender a la vigilancia de caminos y despoblados, “sometiéndose su organización al Ministerio de la Guerra, del que como institución militar depende en lo concerniente a su organización, personal, disciplina, material y percibo de haberes, y por el objeto de su Instituto, depende del Ministerio de la Gobernación, en lo tocante al servicio en que se emplea la fuerza, y al acuartelamiento”.

Seguidamente, reseñaba que, “como Cuerpo de índole especial, su ingreso en él es una recompensa de los servicios y honradez acreditados en los demás del ejército”.

La Guardia Civil, como Cuerpo de Seguridad del Estado de mayor antigüedad, número de efectivos y despliegue territorial contaba entonces con una plantilla de 8 coroneles; 6 tenientes coroneles; 67 primeros capitanes de la clase de primeros y segundos comandantes del Ejército, 8 de los cuales desempeñaban el cargo de segundos jefes de tercio, y 11 que son de Caballería, mandaban escuadrón; 51 segundos capitanes de Infantería y 11 de Caballería; 158 tenientes de Infantería y 35 de Caballería; así como 48 subtenientes de Infantería y 29 alféreces de Caballería. En total 81 jefes y 333 oficiales.

La fuerza de tropa (sargentos 1º y 2º, cabos 1º y 2º, guardias 1º y 2º, cornetas, trompetas y tambores) se componía de 8.560 hombres de Infantería y 1.440 de Caballería, contándose con 1.300 caballos.

Toda esa fuerza estaba distribuida en 13 Tercios desplegados en la parte española de la Península Ibérica e Islas Baleares. En total 49 compañías de Infantería y 12 escuadrones de Caballería, “cubriendo el servicio cada una de las primeras en una provincia” y “con la fuerza de esta última arma que es conveniente atendidas sus condiciones topográficas”.

Respecto al puesto de Algeciras, en el Boletín Oficial de la Guardia Civil número 23, de 16 de enero de 1859, se publicaba que su comandante, el ya reiteradísimo cabo 1º Pedro Martínez Díaz, asistido por fuerza a sus órdenes, había aprehendido el día 21 del mes anterior, “tres reos prófugos reclamados por el Juzgado de Hacienda pública, de aquel distrito, a cuya disposición fueron puestos”.

Dos boletines después, en el número 25, de 1º de febrero siguiente, se publicaron dos cuestiones de relevante interés. Por una parte, el real decreto de 29 de diciembre de 1858, del Ministerio de la Gobernación, cuyo titular era José Posada Herrera. Concretamente, “para auxiliar al Gobernador de la provincia de Madrid en todo lo relativo a la conservación del orden público y a la persecución de malhechores y personal de mal vivir”. A tal fin, y dado que se circunscribía a la capital del reino, se creó, “un Cuerpo especial de Vigilancia, compuesto de empleados civiles y de una fuerza organizada militarmente”.

Ello sustituía al “ramo de Vigilancia” en Madrid, creado por real decreto de 25 de febrero de 1852, expuesto anteriormente. Por reales órdenes dictadas al día siguiente, se nombró para “Inspector de Vigilancia del primer distrito de esta Corte a D. Ramón Franco, coronel de caballería graduado y capitán de la Guardia civil”, mientras que para la de “Inspector del segundo distrito”, se nombró a Fernando Lora, que había sido alcalde-corregidor en varias poblaciones, siendo la gaditana de Puerto de Santa María, una de ellas.

Prosiguiendo con el mentado real decreto de 29 de diciembre de 1858, en su artículo 10, se requería, “para ser empleado de cualquier clase en la vigilancia pública de Madrid”, no haber sido preso ni procesado criminalmente. Y para ser nombrado “Inspector”, se debía tener el título de “Licenciado en Derecho”, o bien, “haber servido al Estado en carrera civil o militar, sin nota desfavorable seis años, y tener la edad de 30”.

En el artículo 11 se especificaba que: “Serán preferidos para destinos de Vigilancia pública, entre los pretendientes que tengan servicios militares, los individuos que hayan pertenecido a la Guardia Civil”.

Hay que significar que estos, no pertenecían a la mentada “fuerza organizada militarmente”, ya que esta, “encargada del servicio de vigilancia en la capital”, sería la que ya existía, “sin perjuicio de las modificaciones que se expresarán en los Reglamentos”.

Por otra parte, en ese mismo boletín, se insertaban doce significativos cuadros de servicios y auxilios prestados por la Benemérita durante todo el año 1858. Según se publicaba, “nos complacemos en hacer públicas estas noticias, que patentizan más y más como sabe la Guardia Civil llenar la misión altamente social que le está conferida”.

De todos esos cuadros, destacar el resumen numérico de las capturas verificadas dicho año por la fuerza del Cuerpo en la provincia de Cádiz, que era el más elevado de España, tanto en detenciones, con 2.237 efectuadas (635 delincuentes, 262 ladrones, 78 reos prófugos, 34 desertores y 1.228 por faltas leves), como con 43 contrabandos aprehendidos

Jesús N. Núñez Calvo
Coronel de la Guardia Civil (R) Doctor en Historia