
El Escalafón general de antigüedad de 1860 fue confeccionado para recoger la relación de los jefes y oficiales de la Guardia Civil y de la Guardia Civil Veterana destinados en aquel momento.
El Escalafón general de antigüedad de los Señores Jefes y Oficiales del Cuerpo de Guardias Civiles y Guardia Civil Veterana, confeccionado a 1º de enero de 1860, y editado en la Imprenta de Cristóbal González, sita en el número 26, principal, de la madrileña calle de Pelayo, estaba encabezado por el teniente general Isidro de Hoyos Rubín de Celis, como director general de los mismos.
Igualmente, a lo largo del mentado escalafón, constaban el coronel de Caballería José Fernández de Terán Uslengo, como jefe del Tercer Tercio (Sevilla), y el primer comandante de Infantería, con el grado de teniente coronel de dicha Arma, Pedro Anca Manjón, como primer capitán, siendo el jefe de la 3ª Compañía de Infantería de la Benemérita, que estaba desplegada por toda la provincia de Cádiz. De este último jefe dependía, a su vez, la fuerza de la Guardia Civil desplegada en el Campo de Gibraltar.
Hay que recordar que todavía no se denominaba “comandancia” a la unidad provincial, que entonces en la provincia gaditana era una sola. El resto de oficiales de Infantería de la Benemérita destinados en nuestra provincia eran el 2º capitán Vidal Tegerina Pesci, que tenía el grado de comandante de Infantería y en el escalafón de 1859 constaba al frente de la línea de Jerez de la Frontera, si bien en el de 1860, figuraba situado en Cádiz; el teniente Nicolás Madero Jiménez, jefe de la línea de Vejer de la Frontera; el teniente Simón de la Torre Abad, jefe de la línea campogibraltareña de San Roque; el teniente Juan Maceras Macías, jefe de la línea de Grazalema; y el subteniente Jorge Schiling Genovard, jefe de la línea de Olvera.
Respecto a los oficiales de Caballería, sólo constaba como destinado en la provincia de Cádiz, el alférez Leandro Lago Rodríguez, concretamente en Villamartín, como jefe de sección o línea, si bien encuadrado en el Primer Escuadrón del Tercer Tercio (Sevilla). Acababa de ascender a oficial procedente del empleo de sargento 1º. Dicho escuadrón estaba entonces mandado por el 2º capitán Juan Morillas Casas, quien, durante más de una década, primero como alférez, y después como teniente, había estado destinado en San Roque, habiendo sido el primer mando de la Benemérita en el Campo de Gibraltar.
Respecto al Ejército de África, la gran unidad expedicionaria del Ejército español, enviada en otoño del año anterior y que había comenzado 1860 prosiguiendo la campaña, se encontraban también incluidos todos sus oficiales en dicho escalafón. Hay que recordar que todos los guardias civiles, comisionados en dicho ejército expedicionario, habían partido vía marítima desde el puerto de Algeciras a Ceuta.
Los pertenecientes a la Infantería de la Benemérita de dicha fuerza expedicionaria se trataban del primer capitán, y 2º comandante de Infantería, Antonio Armijo Ibáñez, que tenía el grado de teniente coronel de dicha arma, el cual estaba destinado en la 3ª Compañía (Zaragoza) del 6º Tercio (Zaragoza), siendo entonces el jefe del contingente expedicionario de la Benemérita; el 2º capitán Enrique Gallego Villlegas, que era 2º comandante de Infantería, poseyendo también el grado de teniente coronel de esa Arma y que estaba destinado en la 2ª Compañía (Jaén) del 7º Tercio (Granada); el teniente Ricardo Rada Martínez, procedente del mando de la línea de Vejer de la Frontera, de la 3ª Compañía (Cádiz) del Tercer Tercio (Sevilla), que tenía el grado de capitán de Infantería y que al año siguiente continuaría destinado en la provincia gaditana, pero al mando de la línea de Medina Sidonia; el teniente Juan Troyano Mata, procedente de la 5ª Compañía (Albacete) del 4º Tercio (Valencia), que poseía igualmente el grado de capitán de Infantería; y el teniente Francisco Díaz Iglesias, que ostentaba también el grado de capitán de Infantería, procedente de la 6ª Compañía (Guadalajara) del Primer Tercio (Madrid), y que acababa de ingresar en la Benemérita, procedente del Arma de Infantería del Ejército.
Respecto a los pertenecientes a la Caballería de la Guardia Civil, integrados en el Ejército de África, se trataban del 2º capitán Juan Rabadan Miranda, destinado en el Primer Escuadrón (Madrid) del Primer Tercio (Madrid); el teniente Teodoro Camino Alcobendas, que estaba destinado en las mismas unidades que el anterior; y el alférez Eustasio López de Letona Gómez de Segura, destinado en el único Escuadrón del 6º Tercio (Zaragoza).
Tal y como se exponía en dicho escalafón, el Cuerpo de la Guardia Civil había sido creado, “con objeto de proteger las personas y las propiedades, y atender a la vigilancia sobre los caminos y los despoblados, sometiéndose su organización al Ministerio de la Guerra, del que como institución militar depende en lo concerniente a su organización, personal, disciplina, material y percibo de haberes, y por el objeto de su instituto, depende del Ministerio de la Gobernación, en lo tocante al servicio en que se emplea la fuerza, y al acuartelamiento”.
Seguidamente se hacía constar que la Guardia Civil Veterana, creada por real decreto de 6 de abril de 1859, y antecedente histórico de la actual Policía Municipal de Madrid, prestaría su servicio “dentro de la corte”, es decir, en la capital del Reino, dependiendo al igual que la Benemérita, de los ministerios de la Guerra y de la Gobernación, excepto los haberes que los recibiría de este último.
La definía, como “Cuerpo de índole especial, su ingreso en él es una recompensa de los servicios y honradez acreditados en los demás del ejército y a su vez el pase a la Guardia civil veterana en la que con más consideración disfrutan mayor haber y otras ventajas es un premio a los individuos elegidos por sus relevantes circunstancias o porque habiendo observado una intachable conducta están cansados y no pueden ya soportar la fatiga del servicio de la Guardia civil”.
Comenzaba un nuevo año, 1860, en el que la Benemérita, tal y como venía sucediendo desde su creación en 1844, tan solo dieciséis años antes, volvería a desempeñar, tanto en España como en el Campo de Gibraltar, un papel fundamental, convirtiéndose nuevamente el entonces pequeño puerto de Algeciras en un punto esencial para el regreso victorioso del Ejército de África y las unidades de la Guardia Civil, de Infantería y Caballería, que habían prestado servicio de campaña y que se habían ido incrementando durante su transcurso.
Jesús N. Núñez Calvo
Coronel de la Guardia Civil (R) y Doctor en Historia






































































