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La Guardia Civil recibió 500 efectivos adicionales en 1860, de los que 24 fueron destinados a la provincia de Cádiz por sus necesidades específicas. Los boletines oficiales documentaron las bajas de la campaña de África, las ayudas económicas a heridos y familiares de fallecidos y detenciones en Algeciras.

El Boletín Oficial de la Guardia Civil núm. 87, de 16 de mayo de 1860, publicaba dos circulares, las números 41 y 42, fechadas el día 8 de ese mismo mes, de la propia Dirección General de la Guardia Civil y Veterana, suscritas por su director general, el teniente general Isidoro de Hoyos Rubín de Celis, dimanantes a su vez, de los ministerios de la Guerra y del de la Gobernación, relativas a un aumento en 500 hombres de la plantilla del benemérito Instituto.

Hay que significar que, a la provincia de Cádiz -siempre compleja y complicada- le correspondieron en incremento, 24 de ellos, siendo una de las que más recibió, a pesar de no ser precisamente de las de mayor extensión territorial. Dicho aumento era realmente, además de una necesidad, un reconocimiento a la singularidad del problema delincuencial existente. Y eso que, en aquella época, el grave y tremendo problema del contrabando era perseguido y responsabilidad principal del Cuerpo de Carabineros del Reino, tanto en puertos, como en costas y en el interior de la provincia gaditana, que contaba entonces todavía con una única Comandancia. Hasta el año 1878 no se crearía la Comandancia de Carabineros de Algeciras, que comprendería entonces el Campo de Gibraltar de la época.

Seis días después de la fecha inicialmente citada, el 14 de mayo de 1860, el director general de la Guardia Civil firmaba la siguiente circular, la 43, que, si bien estaba dirigida, “al comandante don Antonio Armijo e Ibáñez, Jefe de la fuerza del Cuerpo destinada al ejército de África”, estaba dedicada a poner en valor todo el servicio realizado por la Benemérita durante los meses que había durado la campaña.

Comenzaba diciendo: “Terminada la comisión que conferí a V.S. esperándome que a sus órdenes la fuerza del Cuerpo destinada al ejército de África sostendría en él la acrisolada y alta reputación que la Guardia civil se ha conquistado incesantemente desde su organización, observador interesado, he mirado paso a paso y con satisfacción desde que se reunió aquella fuerza, que todos sus individuos mandados con acierto han cumplido no sólo sus deberes como valientes soldados sino también que practicando escrupulosa y perfectamente su especial servicio de campaña, supieron llenar su misión en aquél ejército”.

Realmente se trataba de un escrito denso e intenso, pero del que no sobraba ni una sola de sus palabras. Más adelante el teniente general Hoyos exponía, “…, he sabido con singular complacencia que la Guardia civil en el ejército, más que conveniente se hacía necesaria e indispensable; que todos sus individuos a la altura de sus obligaciones nada dejaban por desear y que desde V.S. en su clase de Jefe de la fuerza hasta el último Guardia que la componía, sólo han merecido encarecidos y envidiables elogios de su comportamiento y manera de obrar en todo”.

Tras continuar el director general exaltando la labor de aquellos guardias civiles que sirvieron en África, embarcados en el puerto de Algeciras para cumplir su encomiable misión de campaña, y desembarcados en el mismo, meses después, tras cumplir con lo encomendado, finalizaba el teniente general Hoyos, dirigiéndose a todos los jefes de Tercio de la Benemérita: “Y lo digo a V.S. para que llegando a noticia de todos los individuos de ese Tercio el brillante comportamiento de sus compañeros en África, lo comunique particularmente a los interesados”.

En el siguiente boletín oficial del Cuerpo, núm. 88, de 24 de mayo de 1860, se publicó el detalle del donativo efectuado por el Brigadier Secretario de la Dirección general de la Guardia civil y veterana, D. Salvador Valdés, consistente en la cantidad de 25.671’64 reales, recaudada por la venta de su obra Apuntes sobre el Imperio de Marruecos. A ello se añadió la cantidad de 3.245 reales aportado como donativo por la “junta de señoras de Tarragona, en favor de los individuos del Cuerpo muertos, inutilizados o heridos a consecuencia de la guerra de África”.

Las cantidades repartidas fueron de 7.000 reales al guardia 1º Miguel Castellano Montor, “por haber resultado inútil a consecuencia de sus heridas”; 4.000 y 3.000 reales a las madres del guardia 2º Vicente Gómez Gómez y del corneta Martín Vila Romeu, que resultaron muertos; 3.000, 2.000 y 2.000 reales a los padres de los guardias 2º Julián Gómez Ruiz, Ramón Martínez Alonso y Braulio Rodríguez Capalleja, que igualmente resultaron muertos; 1.000 reales al guardia Salvador Berenguer González, “por su bizarro comportamiento y siete heridas recibidas”; y 916 reales al guardia 2º Cándido Núñez Jurado, “que ha resultado inútil a consecuencia de heridas que recibió al embarcarse”. Se dejó un remanente de 6.000 reales que el director general de la Benemérita dispuso, “para atender a las eventualidades que puedan aún ocurrir a la fuerza que permanece en África, o en último caso, para un nuevo reparto entre los ya mencionados”.

Seguidamente se publicó en ese mismo boletín, la relación nominal de los 185 individuos del Cuerpo que fueron destinados a formar parte del ejército expedicionario de África, con expresión de Tercio y Compañía o Escuadrón de procedencia, empleo y vicisitudes, significándose que el contingente inicial tuvo que ser ampliado. Entre todos ellos figuraba el resto de personal que había resultado herido, si bien, inicialmente, no de la gravedad de los anteriormente mencionados: alférez Eustasio López de Letona; cabo 2º Julián Allende Fernández; guardias 1º José Fuentes Manzano que terminó falleciendo por las heridas sufridas, Miguel Castellanos Montor, Antonio Sola Gallego y Manuel Ramírez Rodríguez; así como los guardias 2º José Ferrer Rodríguez, Miguel Vin Armisen, Tomás Pascual Mullor, Elías Fernández Fernández, Manuel Pérez Valledor y Pedro Rodríguez Bejar.

Por último, en el mismo boletín mentado, dentro del apartado dedicado a servicios notorios del Cuerpo, se hacía mención a uno destacado del puesto de Algeciras. Concretamente se citaba que en “el puerto de la Hesilla” (debe referirse al puerto de la Dehesilla situado dentro del Parque Natural de los Alcornocales), habían sido capturados dos desertores, siendo “entregados al Tribunal competente”, por los guardias civiles de 2ª clase Juan Díaz y Francisco Vega, pertenecientes a dicho puesto.

Los detenidos se trataban de un desertor del presidio de Ceuta llamado José Megías, así como de un desertor del ejército, llamado Domingo García, “habiendo este consumado el delito desde el campamento del Serrallo en África”.

Jesús N. Núñez Calvo
Coronel de la Guardia Civil (R) y Doctor en Historia