
REPORTAJE | TRIBUNA BENEMÉRITA
Desde la identificación de huellas dactilares hace más de un siglo hasta los análisis genéticos, la balística, la informática forense y la reconstrucción tridimensional de escenas, el Servicio de Criminalística de la Guardia Civil constituye uno de los pilares científicos de la investigación policial.
Su intervención en la DANA de Valencia y en el accidente ferroviario de Adamuz ha vuelto a situar ante la opinión pública una especialidad cuyo trabajo resulta decisivo, aunque buena parte de él transcurra lejos de las cámaras.
Detrás de una huella que permite identificar a una persona, de una muestra biológica que vincula a un sospechoso con un escenario o de un documento cuya autenticidad debe comprobarse hay un trabajo especializado que exige método, preparación técnica y una escrupulosa conservación de las evidencias. En la Guardia Civil, una parte fundamental de esa labor corresponde al Servicio de Criminalística (SECRIM), integrado en la Jefatura de Policía Judicial.
Su misión no se limita a analizar muestras en un laboratorio. Sus especialistas pueden desplazarse al lugar de los hechos, documentar escenarios, examinar vestigios, efectuar pruebas científicas y elaborar informes periciales destinados a jueces, tribunales y fiscales. La finalidad es aportar resultados verificables que ayuden a esclarecer los hechos investigados, identificar a víctimas y autores y proporcionar elementos de prueba que puedan ser examinados y discutidos durante un procedimiento judicial.
De las huellas dactilares al laboratorio forense moderno
La historia de la criminalística en la Guardia Civil tiene un recorrido mucho más largo que el de su actual estructura orgánica. El hito oficial de partida se sitúa en 1914, cuando el Cuerpo obtuvo el reconocimiento para utilizar la dactiloscopia mediante la creación del Servicio de Identificación Judicial.
La evolución continuó en 1953, cuando la Academia Especial de la Guardia Civil constituyó el denominado Laboratorio de Técnica Policial. En 1983 se creó el Laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil, antecedente directo del actual servicio. La reorganización culminó en 2008, año en que quedó configurado el SECRIM en su estructura moderna.
La transformación no fue únicamente administrativa. A la identificación mediante huellas se incorporaron progresivamente la genética forense, la química, la balística, el análisis documental, la ingeniería y el examen de evidencias digitales. La ciencia pasó a ofrecer respuestas cada vez más diversas a las preguntas que plantea una investigación criminal: quién estuvo en un lugar, de dónde procede un vestigio, qué sustancia se ha encontrado o si dos elementos examinados comparten un origen compatible.
La propia Guardia Civil sitúa su plantilla especializada en torno a 600 profesionales, distribuidos entre el órgano central y los laboratorios territoriales. La cifra publicada en su portal institucional es aproximada, por lo que no debe interpretarse como un recuento exacto de efectivos disponibles en una fecha concreta.
Dependencia, organización y despliegue territorial
El SECRIM está encuadrado en la Jefatura de Policía Judicial de la Guardia Civil. Su organización combina un órgano central, con capacidad para realizar análisis especializados de distintas disciplinas, y una red periférica que permite prestar apoyo técnico a las investigaciones desarrolladas en el territorio.
El órgano central tiene su sede en Madrid y cuenta con una jefatura, un Departamento de Calidad, un Laboratorio Central y una Sección de Apoyo. Dentro del laboratorio, la organización se distribuye en áreas especializadas que abarcan desde la identificación de personas hasta el análisis de sustancias químicas o de dispositivos electrónicos.
La información institucional publicada por la Guardia Civil describe las siguientes grandes áreas de trabajo:
- Identificación y escena del crimen
Comprende la identificación de personas vivas y cadáveres mediante técnicas lofoscópicas, antropológicas, fisonómicas, radiológicas y odontológicas, además de la inspección técnico-ocular, la fotografía forense y la documentación de escenarios. Incluye capacidades de reconstrucción tridimensional y el Equipo Central de Inspección Ocular.
- Técnica policial
Agrupa la balística y las trazas instrumentales —armas, municiones, herramientas, marcas de neumáticos y huellas de calzado—, la grafística y el análisis de documentos, así como la ingeniería aplicada a evidencias informáticas, electrónicas, acústicas y de imagen.
- Analítica forense
Incluye los departamentos de Química, Medio Ambiente y Biología. Se estudian, entre otros elementos, explosivos, drogas, residuos de disparo, pinturas, fibras, vidrios, sustancias relacionadas con incendios, muestras ambientales y ADN humano.
- Calidad, investigación y apoyo
La gestión de calidad, la investigación, el desarrollo y la innovación, la recepción de indicios, la organización y el apoyo técnico informático forman parte del sistema que permite mantener la trazabilidad de las muestras y la fiabilidad de los procedimientos.
Esta relación resume las capacidades principales, no un organigrama exhaustivo de todos los puestos y áreas internas. La propia web institucional presenta una distribución por secciones y departamentos que se ha ido adaptando a las necesidades técnicas.
- Los laboratorios de Zona y de Comandancia
El despliegue periférico permite que las unidades investigadoras no dependan exclusivamente del laboratorio central para cada actuación. Según la estructura publicada por la Guardia Civil, existen laboratorios de Criminalística de Zona y laboratorios en las 54 comandancias.
Los laboratorios de Zona prestan apoyo en ámbitos regionales y disponen de capacidades especializadas, entre ellas balística, grafística e investigación de incendios estructurales; algunos cuentan también con medios para examinar nuevas tecnologías. Los laboratorios de Comandancia intervienen en el ámbito provincial, con cometidos como el revelado y cotejo de huellas y otras actuaciones técnicas propias de sus capacidades.
Su dependencia tiene dos dimensiones que conviene distinguir: dependencia técnica del SECRIM central y encuadramiento orgánico en las unidades territoriales de Policía Judicial correspondientes. Cuando una investigación requiere técnicas, equipamiento o cualificaciones que no están disponibles en el laboratorio periférico, se solicita el apoyo del órgano central.
El apoyo a los Equipos de Policía Judicial: del lugar del hecho al tribunal
La relación del SECRIM con la Policía Judicial no es accesoria: forma parte de su razón de ser. Las unidades que investigan un delito pueden solicitar la intervención de especialistas para examinar indicios y obtener informes que permitan comprobar o descartar hipótesis.
Ese apoyo puede comenzar en el lugar de los hechos. Los expertos documentan el escenario, fotografían y registran los indicios, recogen muestras cuando corresponde y procuran preservar su integridad. Posteriormente, los laboratorios aplican los procedimientos técnicos adecuados a cada evidencia. El resultado se plasma en un informe pericial que puede incorporarse a las diligencias y ser sometido a valoración judicial.
El servicio atiende tanto peticiones de las unidades de investigación de la Guardia Civil como solicitudes de juzgados, tribunales y Ministerio Fiscal. La documentación oficial también describe apoyos relacionados con bases forenses de huellas dactilares, ADN humano y reconocimiento de voz, además de análisis de pinturas, acelerantes de combustión, billetes falsificados y huellas de calzado, entre otros.
Por tanto, la respuesta a una de las cuestiones centrales de este reportaje es afirmativa: el SECRIM presta apoyo científico-técnico a la Policía Judicial central y periférica, aunque la intervención concreta depende de la naturaleza del caso, de los indicios disponibles y de las capacidades requeridas. No todos los análisis se realizan necesariamente en Madrid ni todos los vestigios pasan por todos los departamentos.
La utilidad de esta especialidad exige además una premisa esencial: el indicio debe conservar su trazabilidad y ser examinado con métodos adecuados. Una coincidencia científica no sustituye por sí sola el conjunto de la investigación, y los resultados han de interpretarse dentro de sus límites técnicos y del contexto probatorio.
Identificación de víctimas
- La experiencia de la DANA de Valencia
La DANA que golpeó la provincia de Valencia el 29 de octubre de 2024 dejó una de las actuaciones de identificación de víctimas más exigentes de los últimos años. El SECRIM participó en el dispositivo científico-policial integrado en el Centro de Integración de Datos (CID), junto con especialistas de la Policía Nacional y profesionales de la medicina forense.
El CID reúne y supervisa la información necesaria para identificar a las personas fallecidas en sucesos con múltiples víctimas, de acuerdo con el Real Decreto 32/2009. Su trabajo conecta los datos obtenidos durante el examen de los cuerpos con la información ante mortem facilitada por familiares y con los registros disponibles.
El balance oficial del CID del 18 de noviembre de 2024 contabilizaba 219 víctimas mortales plenamente identificadas. De ellas, 170 fueron identificadas mediante huellas dactilares, 45 mediante análisis de ADN y cuatro a través de identificación hospitalaria en vida. Estas cifras corresponden al conjunto del dispositivo y no deben atribuirse exclusivamente a la Guardia Civil, puesto que intervinieron distintas instituciones.
En estos escenarios, la identificación no consiste simplemente en obtener una huella o un perfil genético. Es necesario relacionar correctamente los datos post mortem con la información ante mortem, verificar la correspondencia y evitar errores que tendrían consecuencias irreparables para las familias. La calidad del procedimiento importa tanto como la rapidez.
El trabajo del SECRIM en la DANA recibió posteriormente un reconocimiento a la comunidad científica concedido por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. La Guardia Civil informó de este reconocimiento en noviembre de 2025, destacando su contribución durante la emergencia.
- Adamuz: la identificación de las víctimas del accidente ferroviario
El accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), ocurrido el 18 de enero de 2026, volvió a poner a prueba la capacidad de respuesta de los equipos de identificación. En esta ocasión, el despliegue combinó el trabajo de especialistas en lofoscopia y genética con la labor de otras unidades de Policía Judicial y de los profesionales forenses encargados de las autopsias.
La información oficial difundida por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía el 22 de enero señaló que el Servicio de Criminalística había concluido la identificación de los 43 cuerpos recuperados y recibidos hasta ese momento. De las 43 personas, 42 habían sido identificadas mediante huellas dactilares; en 23 se había utilizado también el ADN de forma complementaria, y una víctima había sido identificada únicamente mediante análisis genético.
La distinción entre el número de cuerpos identificados en aquel parte y el balance final de víctimas es importante: la comunicación del 22 de enero describía la situación de los cuerpos localizados y trasladados al Instituto de Medicina Legal hasta ese momento, no una cifra definitiva del siniestro.
El operativo movilizó desde el órgano central a 32 especialistas del SECRIM en identificación lofoscópica y genética, según el mismo comunicado judicial. El Centro de Integración de Datos permitió coordinar los informes de identificación y la información aportada por las familias. La Guardia Civil, además, habilitó oficinas en varias ciudades para recoger datos y muestras de ADN de familiares directos de personas desaparecidas.
Adamuz demuestra también por qué no debe confundirse el trabajo de identificación con la investigación de las causas del accidente. La criminalística puede contribuir a ambas tareas, pero son actuaciones distintas: identificar a las víctimas requiere métodos de identificación humana, mientras que esclarecer el siniestro exige examinar vestigios, documentar la escena y analizar evidencias relevantes para la investigación judicial.
- Otros casos
Independientemente de estos casos más mediaticos, el SECRIM trabaja de forma silenciosa e incansable en investigaciones penales y policiales de muy distinta naturaleza, muchas de ellas sin difusión pública o mediatica detallada. Su actividad ordinaria incluye análisis genéticos, identificación de personas desaparecidas, balística, documentos, sustancias, dispositivos electrónicos y apoyo a inspecciones técnico-oculares.
Calidad, formación y cooperación científica
La criminalística exige mucho más que disponer de equipos avanzados. La validez de una pericia depende de la preparación de quienes la realizan, de la aplicación de procedimientos contrastados, de la documentación de cada fase y de la capacidad de explicar los resultados ante un tribunal.
La Guardia Civil indica que su sistema de gestión de calidad cuenta con ensayos acreditados por la Entidad Nacional de Acreditación (ENAC). La cifra publicada en su portal institucional es de 74 ensayos acreditados en los laboratorios central y periféricos. La acreditación se refiere a ensayos concretos dentro de un alcance determinado, no supone que cualquier prueba que pueda realizar el servicio esté automáticamente acreditada.
La dimensión internacional también forma parte de su trayectoria. El SECRIM es miembro de la Red Europea de Institutos de Ciencia Forense (ENFSI) desde 1997 y miembro fundador de la Academia Iberoamericana de Criminalística y Estudios Forenses (AICEF). Estas redes permiten compartir experiencias, métodos y avances técnicos con otras instituciones especializadas.
A ello se suma el desarrollo de proyectos de investigación y la colaboración con universidades, especialmente en áreas como biología, química e ingeniería. La formación continua resulta imprescindible en un campo donde las técnicas evolucionan y donde los informes pueden tener consecuencias directas sobre la libertad, la responsabilidad penal o la identificación de una persona.
Una especialidad discreta, una responsabilidad decisiva
La criminalística no suele ocupar el primer plano de una operación policial. Su trabajo puede comenzar con una huella casi imperceptible, una fibra, un resto biológico o un archivo digital y concluir meses después con un informe pericial sometido a contradicción ante un tribunal.
En una catástrofe, esa misma especialización adquiere otra dimensión: identificar a una persona fallecida significa devolverle su identidad y permitir que su familia reciba una confirmación fiable. En una investigación criminal, el objetivo es aportar elementos objetivos para reconstruir lo sucedido, identificar a los responsables cuando la evidencia lo permite y evitar que una conclusión se sostenga únicamente en conjeturas.
Desde el Servicio de Identificación Judicial de 1914 hasta la estructura actual, la criminalística de la Guardia Civil ha incorporado nuevas ciencias y tecnologías sin abandonar su principio fundamental: examinar los indicios con rigor y convertir los resultados en pruebas que puedan ser explicadas, verificadas y evaluadas judicialmente.
La DANA de Valencia y el accidente de Adamuz han mostrado una de sus facetas más humanas y exigentes. Su labor cotidiana, mucho menos visible, sostiene además numerosas investigaciones de la Policía Judicial. Esa combinación de ciencia, servicio público y responsabilidad judicial explica por qué el SECRIM ocupa un lugar esencial dentro de la Guardia Civil.
Un reportaje de Tribuna Benemérita








































































