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En la mayoría de hogares, las decoraciones festivas se ponen y se quitan siguiendo un criterio muy práctico: cuando se dispone de tiempo para ello.

En España, los días más habituales para decorar el árbol suelen ser los del puente de diciembre, que junta los festivos del día 6, la Constitución; y el día 8, la Inmaculada. De la misma forma, muchos hogares retiran los adornos en cuanto el 6 de enero sale por la puerta. Estamos dispuestos a vivir inmersos en el espíritu navideño durante semanas antes del 25 de diciembre, pero, una vez terminados los días grandes, la realidad se impone y queremos sumergirnos de nuevo en la rutina en cuerpo, alma y decoración. ¿Y si os dijéramos que lo estamos haciendo todo mal?

Aunque el 7 de enero parezca un día tremendamente aburrido, lo cierto es que sigue estando dentro del tiempo de Navidad. Esta época se prolonga desde el 25 de diciembre, el día en que celebramos el nacimiento de Jesús; hasta el primer domingo después de la Epifanía, día en que se celebra la fiesta del Bautismo del Señor, que este año 2026 cae en 11 de enero.

Pero no cojamos carrerilla. Resistamos la tentación de empaquetar el belén en cuanto termine la semana de Reyes. Aunque la Navidad haya terminado, la tradición dicta que el belén no se debe retirar hasta unas semanas después.

El Padre Jaime explica: “El 2 de febrero, el calendario litúrgico celebra la Presentación de Jesús, también conocida como La Candelaria”. La conocida como Fiesta de la Luz recoge el pasaje de las Escrituras (Lc 2:22-39) en que el Niño es llevado al Templo de Jerusalén para ser presentado, y se lleva a cabo la purificación de la Virgen María tras el parto siguiendo la ley de la época. Con esta se cierran las fiestas de la primera infancia de Jesús y, si seguimos la tradición, a partir de este día podremos guardar nuestro belén en su caja.

Ahora bien: tenemos que tener en cuenta que el árbol de Navidad es una incorporación reciente, mientras que el belén ha sido la decoración navideña tradicional por excelencia en España desde que la importamos de Italia hace 300 años. Por este motivo, la Candelaria es, de hecho, el único día marcado por la tradición para retirar algún adorno. Y habla explícitamente del belén.

Por este motivo, aquellos que queramos respetar esta costumbre tenemos dos opciones: o quitar todo adorno, excepto el belén, en cuanto acabe la Navidad, como sugeríamos arriba; o esperar al 2 de febrero para quitar el árbol de Navidad, el belén, las guirnaldas y hasta al Papá Noel que lleva preguntándose qué hace en nuestra ventana desde el 26 de diciembre. Todo depende de cuán festivo queramos que luzca nuestro hogar durante el mes de enero.

Más allá de lo religioso, mantener las decoraciones unos días —o incluso semanas— más puede entenderse también como un gesto simbólico: una forma de alargar la calidez de un tiempo pensado para la reunión, la pausa y la luz en pleno invierno. En un calendario cada vez más acelerado, respetar estos ritmos tradicionales puede convertirse en un pequeño acto de resistencia doméstica frente a la prisa por “pasar página” cuanto antes.

Al final, como casi todo en la casa, la decisión tiene algo de íntimo y personal. Hay quien necesita despejar el salón el 7 de enero para sentir que el año arranca de verdad, y quien disfruta viendo el belén unos días más, como un eco silencioso de las fiestas. La buena noticia es que, esta vez, la tradición está de tu lado si decides tomártelo con calma.